Cuba estuvo presente en el debate presidencial que se transmitió por televisión española para todos los hispanos de uno y otro lado del Atlántico.

Para los americanos que seguimos estas lides por una u otra razón, el debate era una cita impostergable, dados los temas que iban a tratar los candidatos, como por la trascendencia de un momento televisivo singular. En efecto, la ley electoral española deja en el aire la obligación de los candidatos a someterse a la lid pública, y si la costumbre los reduce a comparecer, se pueden dar momentos de antología como el que protagonizó el antiguo presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que varias veces compareció ante la prensa o el Congreso de los Diputados a través de una pantalla de plasma (y sin derecho a preguntas); dejando bien claro importancia que a sus ojos tenía el resto de los contrincantes o el asunto a tratar.

Los españoles de Cuba tuvimos que esperar al final del debate, más allá de la media noche, para que los candidatos tocasen un tema que se ha llevado y traído hasta el aburrimiento durante estas últimas semanas: la vista del rey Felipe VI a la isla. Lo hicieron el bloque consagrado a la política exterior del reino. Como era de esperar, ni Pablo Casado, ni Alberto Rivera, perdieron el momento para fustigar a jefe del ejecutivo en funciones sobre el tema. Rivera, que domina el arte oratorio como ningún otro, le pidió a Sánchez que se enfrentase a los dictadores iberoamericanos con el mismo coraje que tuvo para desenterrar a Francisco Franco “no se puede ser valiente con los dictadores muertos hace 40 años, y ahora enviar los reyes a Cuba olvidando al pueblo cubano y al pueblo de Venezuela. Yo sí que estoy con ellos. A mí me parece que hay que acabar con las dictaduras, y apoyar a sus pueblos desde España para que ellos hagan también su transición y lleguen a la democracia”, afirmó convencido el líder de Ciudadanos.

De los tres, Santiago Abascal, es el único que lleva rodado un discurso a favor de la hispanidad y aseguró a sus partidarios que si llegara a ser presidente del gobierno intentaría que España tuviese el peso que le corresponde en la “hispanosfera”. Del mismo modo solicitó una mayor imbricación con Portugal, al que llamó “nación hermana”. Según el presidente de VOX, esa es la condición para que España gane peso y prestigio dentro de Europa. Aprovechó también para reiterar la idea de que una de las soluciones para resolver el problema demográfico o de fuerza laboral sería la de abrir las puestas a los americanos “Es el modo también para que el día que necesitemos inmigración, esta pueda proceder de naciones hermanas para que puedan integrarse pucho mejor entre nosotros, aseguró Abascal, no sin antes de advertir que habría que hacerlo con cuidado, por culpa de la ofensiva bolivariana “ lo digo con mucha preocupación porque el gobierno ha enviado a su majestad el rey a Cuba y va a forzarle con una foto con los castristas, con Maduro y con Ortega. Agradecería que esa foto se le ahorrase al gobierno de España y sobre todo, a su majestad el rey”, declaró con rotundidad. Casado también criticó la decisión del gobierno en funciones. Calificando de “inaceptable” la visita del Felipe VI a la “gerontocracia” que desgobierna la isla.

Sánchez respondió con lugares comunes a las críticas de los líderes de la oposición y reiteró el argumento que repiten los medios afines al socialismo desde hace semanas, cuyo tema principal es que la misma no significa en ningún caso un apoyo al régimen de La Habana. Recordó con su fatuidad habitual, que la isla la visitan desde hace tiempo todos los líderes mundiales. Para el presidente en funciones, sería inimaginable celebrar los 500 años de la fundación de la capital de todos los cubanos sin la presencia de España. En cualquier caso, el jefe del ejecutivo, restó importancia a las críticas, recordando los vínculos históricos de España con su antigua provincia, arrebatada a la corona por Estados Unidos en 1898.

La gran verdad, es que contrariamente a lo que se cree, Sánchez está defendiendo la posición de la casa del rey, que es la que desea desde hace años hacer una vista oficial a la isla. La última vez que se habló del asunto, hace algún tiempo, los expertos en comunicación de la Zarzuela, justificaron el entonces hipotético viaje con los mismos argumentos utilizados ahora por Sánchez. Recordemos que la escritora cubano española Zoé Valdés, intercambió con la casa real un par de mensajes de twiter en este sentido, sin que la misma modificara un ápice sus posiciones a favor de una dictadura que, como es bien sabido, adeuda millones de euros a los empresarios españoles amigos de Felipe VI. Presentar a este último como un cordero blanco sacrificado por el presidente del gobierno en aras de su propio beneficio electoral es un error que han cometido hasta ahora todos los analistas políticos sin excepción. No es la falta de visita lo que constituye una anomalía; lo que sí es una extravagancia, es la existencia de una dictadura de más de sesenta años en Cuba. También es una monstruosidad, la defensa a capa y espada de los intereses de los negreros que explotan con el contubernio de La Habana -y en pleno siglo XXI-, una mano de obra esclava sin derechos laborales de ningún tipo.

La única manera de salvar ese viaje de la vergüenza, es que el rey defienda en Cuba los intereses de las personas que trabajosamente conforman, tras la Argentina, la segunda comunidad española más numerosa en Hispanoamérica; exigiendo a los negreros, en contrapartida a los esfuerzos de la Casa Real, que se les contrate y page como españoles que son. De la misma manera Felipe VI tendría que abogar desde La Habana por el restablecimiento de los derechos de sangre de los descendientes de los emigrantes españoles, en particular de aquellos que fueron desposeídos en Cuba de su nacionalidad española en 1898 a pesar de haber luchado armas en mano, por la soberanía y la integridad nacional de España.

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