Por Andrés Alburquerque

“Mucho de hidalguía y honor reino’ en nuestras huestes; no todo fue entreguismo y copiadera; predominó la cubania por encima del facilista, vulgar y mediocre cubaneo; primo’ el hombre por encima de la bestia; se alzó la mano; se flexiono el antebrazo; se cerró el puño con rabia y este pulverizó la lujosa vitrina antes de permitir que se ultrajase nuestro linaje con falaces bagatelas y apócrifas bisuterías sociales. Testosterona si; profe, no sólo entre los machos sino también entre las hembras; sacrificios y encomio. Una vez fuimos pueblo y tuvimos dignidad; nunca fuimos perfectos; jamás lo seremos; jamás pueblo alguno lo fue y me temo que ninguno lo será, pero al menos fuimos. Al ver cómo ha quedado esa tierra; al contemplar ciudades; mis ciudades, con las calles desiertas y las almas vacías no puedo menos que pedir prestado a mis cuates mexicanos la expresión con la cual ellos manifiestan haber llegado al límite: ¡¡¡YA ESTUVO, CARAJO!!!

Ya basta; basta de excusas y de renglones turbios y ambiguos en gélidas oficinas y aulas impersonales; basta de autopsias anticipadas y basta de hablar en pasado.

¿A esta mierda de Junta la vamos a tumbar o qué?

Viviremos el resto de nuestro camino evitando la presencia de los próceres para no sentir embarazo o mostraremos el rostro y aprobaremos de una puta vez esta asignatura pendiente que se llama Libertad.

Si un pueblo no es capaz de sacudirse el yugo de una familia entonces no merece vivir. Siento que el sendero se agota profe; el muro vetusto y húmedo que se yergue ante nosotros está carcomido y basta empujarlo para que caiga. ¡¡¡YA ESTUVO!!!

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