Por  Andrés Alburquerque

Desde la fatídica entrada del Calígula Tropical a La Habana, aquella mañana de enero de 1959, los terroristas que usurparon el poder se dedicaron a crear frases, sentencias, axiomas y palabras que reflejaban única y exclusivamente la imagen que les convenía; a veces reflejando realidad, otras mezclando realidad y ficción y en muchas ocasiones mintiendo descaradamente para dibujar un panorama totalmente falso.

Con el tiempo la falsedad artesanal e improvisada de aquellos discursos interminables e irracionales del dictador fue dando paso a un cuerpo estructurado de posturas, planteamientos y corolarios que llegaron a conformar la asumida realidad; frases como “esto no hay quien lo arregle pero tampoco quien lo tumbe” de tanto incidir sobre nuestra psiquis se hicieron verdades inapelables; por otra parte y en especial luego de los sórdidos acuerdos Kennedy – Kruschov la DGI, el Departamento de America del Partido Comunista Cubano y todo el andamiaje de académicos cubanos y extranjeros compañeros de viaje, desataron una feroz campaña de desinformación que hoy sabemos llegó a altos niveles del Departamento de Defensa y el Departamento de Estado. La prioridad de dicha ofensiva era y aún hoy es:

1- Resaltar el masivo apoyo que no obstante incontables reveses el régimen conservaba aún entre la población.

2- Exagerar hasta el límite de lo inverosímil la capacidad combativa de las Fuerzas Armadas bajo control de Fidel Castro y la disposición del pueblo a inmolarse por su líder.

3- A pesar del énfasis en los puntos 1 y 2, inculcar en la mente del entero esquema de poder en Estados Unidos que la Junta de La Habana no representaba ningún peligro para los intereses americanos; de hecho; estos peligraban en cierta medida solo si se cometía el error de invadir la isla.

4- Exagerar y llevar hasta el paroxismo la conocida división y el lamentable fraccionamiento que reinaba en el seno de las filas del exilio cubano; para ello se practicaba la continua penetration de las distintas organizaciones y se sembraba la cizaña entre sus miembros.

5- Subrayar una y otra vez que sin el apoyo de Estados Unidos los cubanos del exilio jamás podrían derrotar a la dictadura castro comunista; tan persistente llegó a ser esta línea de pensamiento que muchos llegaron a desestimar totalmente a opositores dentro y fuera de la isla y se dedicaron a esperar que Washington decidiera actuar.

6- Desacreditar a cuánto opositor dentro o fuera surgiese empezando por el manido argumento de que eran instrumentos a sueldo de la CÍA.

Si bien existen otros puntos de trabajo que desarrolla la Junta de La Habana contra nosotros considero que las que acabo de enumerar sean los fundamentales y por desgracia han dado el resultado deseado por nuestros enemigos; no solo las administraciones americanas han aceptado el discurso enviado por los sicarios del régimen; también muchos de nosotros damos por realidad irrevocable la existencia de una división inevitable, la penetration de todas las organizaciones por parte de la DGI y la imposibilidad de lograr nuestro objetivo si “alguien” no nos ayuda. Esto nos lleva al círculo vicioso que constituye el deleite de la Familia Castro; no nos atrevemos a siquiera pensar en sacarlos de donde están porque nadie nos ayuda cuando en realidad nadie nos ayuda ni nos ayudará porque no hacemos nada para sacarlos de ahí de un modo u otro; repetimos como autómatas los “talking points” que por años nos han suministrado y derrochamos una cantidad de auto compasión que bastaría para filmar varias telenovelas.

La presencia de Jorge Más Canosa estuvo a punto de dar al traste con el marasmo que había reinado luego de la derrota de Bahía de Cochinos y la lucha en las montañas del Escambray. Más Canosa no sólo exigió y arrebató el apoyo de Washington sin esperar a que le fuese concedido sino que en algunos casos condicionó la política de Estados Unidos para con la Junta; sospechosamente este notable compatriota siguió el mismo sendero de todo aquello que incomodaba a la Hiena de Biran; murió en modo prematuro. Y volvimos a caer rehenes del discurso y la percepción fatalista. Lo que resulta inconcebible es que una familia mantenga a todo un pueblo esclavo de sus deseos y caprichos. Más allá de cualquier consideración pretextosa; de eventuales excusas y justificaciones cada vez se nos hace más embarazosamente difícil justificar que un manojo de vejetes desdentados mantenga a raya a todo el pueblo. Este desastre más que la verdad que nos impusieron se ha convertido en la falacia que repetimos como autómatas.


Luego de tanto tiempo de oprobio, ¡¡¡YA ESTUVO!!!

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