Crucero en el Costa Toscana por el Mediterráneo

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Foto: El Costa Toscana.

París, 14 de agosto de 2022.

Querida Ofelia,

El Costa Toscana está bellamente decorado, es un barco elegante, limpio hasta la pulcritud.

La tripulación con la cual tuvimos oportunidad de entrar en contacto, fue muy profesional y amable. Deseo destacar a: Óscar, el colombiano camarero del bar del “Colosseo”; Cecilia, la italiana de “My Tours”; Rafael, el venezolano de la relojería; Valeria, la italiana Consejera de Costa Cruceros; Wilson, camarero de nuestro camarote 12099; Luisa, la encantadora italiana-canadiense responsable del Costa Club; Carlos, el español (canario), responsable de los turistas hispanos que considero todo un caballero; Gerardo, el mexicano de la tienda de ropas; el maître Malvin, el camarero filipino Bryan, el indio Denzil y la filipina Mercy del Restaurante Bellavista.

Fuimos a Albenga durante la escala del Costa Toscana en el puerto de Savona.

Sobre el estuario del río Centa, extendiéndose como una península hacia el mar, se encuentra Albenga, ciudad que descubrimos junto a nuestro guía 

Dejamos el puerto y llegamos al hermoso destino de nuestra excursión: Albenga, con sus altas torres rojas y su muralla que encierra, como en un cofre, testimonios arquitectónicos romanos, medievales y renacentistas.

Nuestro guía nos llevó por las calles más sugerentes para descubrir lo mejor que tiene que ofrecer esta ciudad del poniente ligure. Pudimos visitar las «Transparencias mágicas», que albergan los objetos de vidrio recuperados durante las excavaciones en la necrópolis de Albenga, entre los que se encuentra una pieza única en el mundo, el llamado Plato Azul.

Atravesamos la escenográfica Plaza de San Michele a la sombra de la Catedral del mismo nombre, de estilo románico-gótico y admiramos el Baptisterio del siglo V, el monumento paleocristiano más antiguo de Liguria, un edificio de planta octogonal que encierra un importante mosaico en su interior.

Al regresar tomamos en Savona un trencito turístico (por 7 euros), el que nos llevó en solo unos minutos a Albissola en donde visitamos el casco histórico  y la espléndida iglesia de Nuestra Señora de la Concordia. Llegamos al Paseo Marítimo a orillas de la playa, la cual está escondida por las casetas de los tramos de  playas privadas y detrás de ellas, cientos de sombrillas y tumbonas. Por lo cual el turista tiene que adivinar que más allá se encuentra finalmente el mar.

Nos encantó la escala Civitavecchia, pues es una auténtica perla para descubrir: nos esperaba con una historia que comienza con los etruscos, pasa por la época romana y continúa hasta el Teatro Trajano del siglo XIX. Con un guía experto, conocimos antiguas confraternidades, animados mercados y los sabores del lugar: una degustación de brusquetas y productos típicos de temporada. 

Civitavecchia tiene muchas historias; nuestro guía local nos contó algunas. La primera comienza con un asentamiento etrusco, que se convirtió en ciudad romana bajo el emperador Trajano.

“Centumcellae”, nombre inspirado en las numerosas ensenadas de la costa, otrora puerto comercial y más tarde ciudad amada por los Pontífices, que la llenaron de monumentos. La iglesia más antigua de la ciudad se llama Iglesia de la Oración o Iglesia de la Muerte, en recuerdo de la Confraternidad de la Muerte y la Oración, que daba sepultura a los náufragos.

Al otro lado de la muralla medieval, atravesando la Puerta del Archetto, encontramos la plaza Leandra y la Iglesia de la Estrella, sede de la Archiconfraternidad de la Bandera de San Buenaventura. Pasamos por el mercado de San Lorenzo, entre los inconfundibles aromas y ruidos locales; después, seguimos por la calle principal junto al Teatro Trajano del sigo XIX y el Ghetto antes de llegar a la Marina, el paseo marítimo de Civitavecchia con la Fortaleza de Miguel Ángel.

Terminamos de un modo exquisito, con una degustación de brusquetas con diferentes tipos de paté y otros productos típicos de temporada.

Pasamos todo el día en Nápoles con mi hermano Juan Alberto y su esposa Alina, los que fueron desde la cercana Isla de Ischia a esperarnos.

Desayunamos en el bello café Gambrinus situado frente a la celebérrima Opera di San Carlo. Después paseamos por la Via Chiaia hasta la Piazza dei Martiri, en donde se encuentra la gran librería Feltrinelli donde compramos libros para nuestros nietos que estudian el italiano en la escuela aquí en Francia. A Cristóbal le compré «La Certosa di Parma» y a Victoria «Romeo e Giulietta». Para mí compré los más recientes CD de Mina y Celentano, mis cantantes italianos preferidos.

Después nos fuimos a una pizzeria donde nos ofrecimos unas deliciosas pizze. Conté a mi hermano y a su esposa como Jorge, un señor miamense me había afirmado que la pizza había sido inventada por los cubanos y que un italiano que había ido a Cuba la había descubierto allí, se había apropiado de la receta y la había llevado a Italia. Seguramente no sabe que la pizza napolitana fue proclamada Patrimonio de la Humanidad.

Nos despedimos en el puerto, ellos regresaban a la hermosa Isla Verde Tirrénica y nosotros al Costa Toscana para tomar rumbo a las Islas Baleares.

Durante el día de navegación hubo un brindis de presentación del Capitán y los oficiales del barco en el gran bar “Piazza dei Miracoli” y posteriormente en el “Colosseo”  la Fiesta de los clientes VIP.

En Ibiza subimos a bordo de nuestro autocar, directos al otro lado del puerto. Allí embarcamos en el aliscafo y atravesamos el brazo de mar que separa la isla de Ibiza de nuestro destino.

Llegamos a Formentera, la más pequeña y exclusiva de las Baleares, un auténtico paraíso terrestre declarado Reserva natural y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Subimos a nuestro autocar y nos dirigimos a  Ses Illetes, el litoral más bello de la isla: con su finísima arena blanca y su mar cristalino, esta playa no tiene nada que envidiar a las playas del Caribe.

Después de gozar con esta maravilla de la naturaleza en total relax, nos dirigimos al litoral norte de la isla, donde se encuentra El Pujols, el corazón de la vida diurna y nocturna de Formentera. Aprovechamos el tiempo libre a nuestra disposición para visitar el pequeño pueblo, entrar a numerosos puestecillos artesanales y tomar un café en uno de los locales del paseo marítimo.

Al término de nuestra inolvidable excursión. Volvimos al puerto y después de habernos despedido de la isla a bordo del aliscafo, nos subimos de nuevo en el autocar que nos llevó finalmente al barco.

Las excursiones sus guías fueron de calidad. Pero al regresar cerca de las 10 p.m. de la excursión a la isla de Formentera en las Baleares, ya estaban cerrando todos los restaurantes, salvo la “Pizzeria Pummid’Oro”, la cual se vio invadida por casi 150 turistas y cuyo horno no lograba dar servicio a tantos pedidos al mismo tiempo, lo cual creo una especie de caos. Tuvimos que esperar una hora y 45 minutos para poder comer la deliciosa pizza. Los pobres camareros estoicamente soportaron el nerviosismo de muchos turistas.

En las dos salas principales de espectáculos: “Colosseo” y “Poltrona Frau Arena” era prácticamente imposible lograr encontrar un asiento, pues tienen poca capacidad para un barco con más de seis mil pasajeros. Cuando íbamos una hora antes de comenzar el espectáculo, ya había personas que tenían reservados hasta cuatro o cinco puestos y no nos quedaba más remedio que ver el espectáculo de pie, a veces con personas a nuestro lado o detrás de nosotros conversando animadamente en voz alta.

Imposible encontrar una tumbona alrededor de las piscinas, desde muy temprano en la mañana ya estaban todas ocupadas con las toallas azules hasta bien entrada la tarde. Es la primera vez en 27 cruceros que hemos hecho con Costa que esto sucede.

Lo mismo sucedía con los jacuzzis, donde grupos de personas se turnaban sin dejar que otras que no eran de su entorno; amigos o familiares pudieran utilizarlos.

Durante una cena en nuestro restaurante Bellavista, un grupo de 14 personas ocupó una larga mesa preparada para ellos y hablaban a gritos acompañados de carcajadas, molestaron a todos los que estábamos cenando en ese bello y sereno restaurante.

Habíamos solicitado el segundo turno para almuerzos y cenas, pero en la Tarjeta Gold que nos entregaron aparecía que estábamos en el primer turno, es decir que… ¡Debíamos cenar a las 7 p.m.!

Niños corriendo por los pasillos, hombres sin camisas o envueltos en toallas, aparentemente de regreso de la piscina. Un hombre fumaba dentro del elevador, una señora robando en la tienda de ropas. Me pregunto: ¿Para qué sirven las cámaras ante tantos actos de mala educación?

Tenía que armarme de paciencia y esperar a veces casi media hora al llamar por teléfono desde el camarote para pedir una información a “My Tours” al 5555 o a la recepción al 3333, para poder lograr hablar con alguien. No obstante, cuando lograba hablar, me resolvían inmediatamente el problema como cuando no me funcionó la climatización o se bloqueó la caja fuerte, en solo unos minutos enviaron a un técnico a arreglarlos.

Ya no existen: la foto con el capitán (por lo general sin él, al cual colocaban abajo a la derecha de la foto), las frutas en el camarote, los 75 euros de crédito para gastar a bordo, la recepción “Honeymooners” para los aniversarios de bodas o Lunas de Miel. No había servicio de noche para el camarote para tender las camas, cambiar las toallas, etc. Nuestro camarote no poseía nevera.

Espero que mi opinión pueda ser útil al funcionario de Costa Cruceros que la lea.

Costa Cruceros es una gran compañía que se caracteriza por su calidad, es por lo que hemos viajado con ella 27 veces y ya tenemos reservados dos cruceros más. Es necesario enmendar la chapuza y creo que es necesario llamar la atención a los turistas mal educados que no se comportan civilizadamente.

La última escala antes de desembarcar en Marsella fue en Valencia. ¡Cómo me gusta esa ciudad! Paseamos por el centro histórico, fuimos como de costumbre al Corte Inglés en donde compramos algunos productos que me hacen recordar mi infancia cubana de los años cincuenta: gelatinas Royal, turrones alicante y Jijona, jabones y talco Maja y Heno de Pravia, etc.

El taxi que nos llevó del barco al centro- dando una vuelta innecesaria-  nos cobró el doble de lo que cobró el que nos llevó de regreso. No tenemos suerte con los taxistas. A menudo en el extranjero nos hacemos estafar por taxistas sin escrúpulos.

Mañana publicaré las fotos para mis amigos verdaderos y virtuales en mi perfil de Facebook.

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares,

Félix José Hernández.

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