Artículo de la Sra. Olga Connor en El Nuevo Herald, a propósito del Premio Internacional de Periodismo que se me otorgó en Miami

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Foto: Junto a la Sra. Olga Connor durante la presentación del libro de poemas de Roberto Cazorla.

 “Félix José Hernández es un periodista exiliado en Europa, donde ejerce como profesor en París y reside con su esposa Martha, hijo y nietos. El motivo original de sus escritos desde los 80 era alegrar a sus padres con sus Cartas a Ofelia. “Semana tras semana escribí una Carta a Ofelia, mi adorada madre. Estas cartas resumían la esencia inicial de contar a mis padres todo lo que el mundo presentaba ante mis ojos y que ellos nunca habían podido imaginar”. Visite www.cartasaofelia.com.

Su madre le enseñaba las cartas a sus vecinos, una ventana abierta a la luz del exterior para su barrio en La Habana. Estas adquirieron reputación internacional con la llegada de la internet. Así es como Hernández se dio a conocer desde París.

En su aceptación del reciente Premio Internacional de Periodismo, otorgado por el Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio en su banquete anual, manifestó la tristeza del exiliado. “Los 30 años de exilio no bastarán nunca para borrar en mí los sentimientos que me unen a nuestra Patria”, lamentó. “Las tristes circunstancias que sacudieron nuestra tierra con lo peor que podía ocurrirnos a causa de la instauración de la dictadura más larga que conozca el planeta, me alejaron de nuestro pueblo natal [Camajuaní], siguiendo, junto a mi hermano, los pasos de nuestros padres hacia La Habana, y dando inicio a un desgarro inevitable en nosotros. Atrás quedó lo más hermoso de mi infancia. Quien no lo haya vivido, no sabe lo que sufre el ser humano cuando emigra, cuando tras de sí, se cierra quizás para siempre una puerta y se abre la de un mundo desconocido”.

El no pudo exiliarse hasta el 21 de mayo de 1981, por la famosa “edad militar”. Sus padres ya no pudieron salir y se quedaran ya en La Habana, mientras Hernández con su hijo de cuatro años y su esposa llegaban a Francia. Era una lengua distinta y diferentes códigos culturales, dijo, pero “la sensación de ser libres se imponía por encima de todas las dificultades iniciales”.

 “Con el paso de los años aprendí a repetir con Víctor Hugo, gran maestro de las letras galas que también sufrió el exilio: ‘La liberté! Sauvons la liberté! La liberté sauve le reste’ (¡La libertad! ¡Salvemos la libertad! La libertad salva lo demás)”, citó Hernández con suprema convicción.”

Olga Connor

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