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Aquel tórrido 68

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-Por Andres Alburquerque

Yo estaba ahí; ese tórrido 1968 con sus altibajos y sus conmociones; jóvenes en Europa emulando a un Che Guevara que iba a por ellos; escupiendo sobre lo único que podía constituir libertad; como hoy; nubes bajas y lluvias torrenciales; la Sorbona bajo asedio; la UNAM de Ciudad Mexico a punto de establecer un soviet; así como el Seattle de hoy.

Yo estaba ahí; lo viví a mis escasos doce años que bastaban para trabajar como esclavo por un régimen impío; para derrochar heroísmo innecesario tras trincheras de papel y celofán. Allí entre parientes que vivían en solares y no creían mucho en lo que escuchaban y parientes ante los cuales americano significaba una blasfemia. Esa semana pasada en un edifico para la obreros en Varadero estuvo seriamente amenazada cuando los checos fueron contracorriente y en lugar de gritar socialismo decían: “sáquenme de aquí” terminaba con sumo calor bochornoso la primavera de Praga entre las esteras de los inmaniobrables tanques soviéticos y el idioma ruso a escupitajos.

Luis Echeverría Álvarez masacrando jóvenes quizás salvó a México del lastre comunista; del hambre perpetua y la mendicidad generalizada. Leonid Brezhnev; pisoteando la soberanía checa sin piedad hundió a ese pueblo por otras dos décadas en el silencio eslavo.

Yo estaba allí; el mismo día que iniciaba aquella convención demócrata en el corrupto Chicago; corrupto partido con Bobby y MLK asesinados y la esperanza en fuga. Nadie estaba contento con lo que tenía y yo estaba ahí; pegado al viejo radio alemán escuchando Nocturno cuando Juan Ramón González Ramos anunció a los Beatles; que no estaban prohibidos pero estaban racionados y de pronto me dijo que Hey Jude. No la capte de la primera vez pero me trasmitió esperanza.

Yo estaba allí; Castro habló mucho como siempre; mierda como siempre, hueco como siempre, sórdido como siempre; pero hablo’; torrente de vocablos sin sentido para luego de realizar las piruetas más populistas postrase de rodillas ante el pestilente Kremlin y apoyar la invasión a Checoslovaquia. Los Vargas Llosa y los  Sartre de este mundo viraron sus espaldas a la diminuta islita. Divorcio con la izquierda mundial; al menos por el momento, al menos con algunos.

Yo estaba allí; un joven se dio fuego en Plaza Wenceslao; me pregunto por cual sórdido motivo los de ANTIFA no se prenden fuego y se incineran todos; si están tan desesperados por qué no se incendian; alguien recuerda el nombre de aquel Floyd checo? No; claro que no; pero yo estaba ahí; viéndolo todo.

Días después con la emoción a flor de piel me disparan Jumpin Jack Flash; esa me costó más entenderla porque no captaba la sutileza de la letra y aún Garcia Márquez no había pasado de inspirarme erotismo con su Pilar Ternera de olor a ceniza. Lo peor es que la expresión gas; a la británica aún no la conocía pues mi inglés era entonces sólo americano; sólo de la W; sólo repleto de comerciales de productos que no conocía pero que vislumbraba entre una canción y la otra.

Yo estaba ahí; cada estrofa de música era una bocanada de libertad. Después todo pasó; pase yo también; me harté o me hartaron; me fueron o me fui; mejor digo que me fueron para ocultar mi cobardía. Los años se hicieron décadas y de pronto un día los Beatles dejaron de estar racionados y hasta una estatua a Lennon colocaron en un parque de La Habana; más tarde Jumpin Jack Flash resonó en la Ciudad Deportiva en un concierto para la plebe; ebrio de sudor y hedor caribeño. Las notas se escucharon; muchos recordaron; leí con interés las noticias al día siguiente; la rebeldía de Jagger no llego lo lejos que yo esperaba; nadie se incendio en Plaza Wenceslao; ni Jagger ni Richards tuvieron el decoro de decir que ellos habían estado racionados; que satisfaction estaba muy lejos de La Habana.

Yo estaba allí; descorazonado en mi silencio con esta memoria de elefante que me fustiga el alma desilusionado de estos dizque artistas cuyo arte es eludir las causas justas

I can’t get no satisfaction; maybe that’s why I’m such a pain.

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