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Lo que se denominó problema cubano, que en la más pura realidad fue el clásico y tradicional problema español de borracheras de agua bendita e incumplimientos descarados, y ayudas solo a las élites mafiosas del momento

Está más que claro que el agua clara que España no podía darle a Cuba, en materia de libertades y de sociedad, lo que ella como imperio y pueblo no tenía ni disponía; pero sí tuvo España una oportunidad de oro si se hubiese dejado llevar por el poderío social humano y económico de Cuba, como hizo Inglaterra con los EE.UU, y crecer a su lado, supuesto que la realidad imperante era que la conquistada era más rica y libre que la conquistadora.
En un escrito dirigido al militar y escritor Genaro Alas Ureña, hermano primogénito del otro escritor más popularmente conocido, Leopoldo Alas Clarín, el dicho Genaro Alas, inventor del cañón revolver para ser instalado en las defensas fijas de reducto, que, como es natural y norma de la casa, en España no se le hizo ni puñetero caso a su invento, como fue diputado a Cortes por Cuba por el partido Unionista, estaba, como otros muchos españoles, inmerso de lleno en el tema cubano, donde un gobierno, seguido del siguiente, fuera de la aparente ideología que fuera, cometía las mismas absurdas estupideces con respecto a Cuba.
Lo que se denominó problema cubano, que en la más pura realidad fue el clásico y tradicional problema español de borracheras de agua bendita e incumplimientos descarados, y ayudas solo a las élites mafiosas del momento, puede quedar reflejado en el citado escrito dirigido a Genaro Alas, donde se refleja amargamente la queja de que los abonaré que se expidieron en Cuba en forma de títulos personales o al portador para ser cobrados en su totalidad, como muy tarde, para el día siete de julio de 1.882, correspondiente a los suministros realizados a España y a los españoles durante la guerra de los Diez Años y la Chiquita, cuando llegó la citada fecha tope fijada en la deuda emitida, el gobierno español dijo que los cubanos portadores de ellos, se podían limpiar el trasero con los papeles, que no había dinero, y el que había, se lo repartían entre ellos: los amichis de los amichis.
En contraposición a algo tan vergonzoso y vergonzante, que, claro está, si un gobierno no le pone, como ahora trabas económicas al avariento clero que lo quiere todo, y es capaz el inconsecuente gobierno de tenar más de catorce meses sin sueldo a los soldados y clases de tropa desplazados en Cuba, comiendo, vistiendo y viviendo de la caridad cubana, no es de extrañar que una prensa española, domesticada, irresponsable y en extremo peligrosa y provocadora, llegara a escribir cosas como las que siguen, que causaban risa, por no decir dolor, en el propio periódico estadounidense New York Herald, que, desde el primer minuto del alzamiento del Ejército Cubano, fue respetuoso con los asuntos que concernían a la isla de Cuba.
Sin ponerse para nada de color rojo porque le subiera el rubor al papel de la mentira, la prensa española dijo, más o menos, que cuando se le hincharan las pelotas las león imperial español y desplazara, ya estaban rondando la cifra, cien mil soldados a Cuba bajo el mando del resuelve papeletas españolas general Martínez Campos, que se prepararon los gringos, que una fuerza tan poderosa a cuatro días de navegación de sus costas, iba a poner de rodillas a los EE.UU.
Y por si (es difícil saber si posteriormente el franquismo cogió la idea de allí) con las tropas españolas no había bastante, Inglaterra, la hermana de España Inglaterra, que vivía con temor por lo de Gibraltar, inmediatamente se pondría, junto con México y la mayoría de las recientes repúblicas suramericanas, de parte de España, y ya se podían poner los gringos como se pusieran, que iban a saber lo que vale un peine sin púas para peinar calvos.
Está claro que España, la España de entonces, con las mismas hipotecas actualmente, que pudo ser un país como los son los de su entorno geográfico; que tuvo oportunidad con Cuba, Puerto Rico y Filipinas, algo que pudo ser manejable hasta que los tiempos demandaran formas de comercio modernas, siempre está parasitada por lo mismo y los mismos. Y mientras la tragedia campea en su realidad, los tambores hablan de un país existente solo en la imaginación de cuatro ladrones iluminados, porque lo buscas en su realidad diaria, y no existe.
España un país pleno de libertad para que puedas coger toda la pobreza que quieras; pero como suele disponer de un pueblo que no es bizco de mira o de visión y sabe el desparejo social que existió y existe, cuando el asunto y el problema español en Cuba, muchos españoles optaron por la fórmula de emparejamiento que pudo llegarle a la Isla, de no ser porque la prensa española fue una provocadora de tres pares de compañones con respecto a los EE.UU.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

  1. MANADA
    Al viento ventero
    posada y local
    donde van a velar
    o a dormir
    mis versos,
    cada vez le escribo
    más a menudo,
    porque hasta mi boca
    llegan
    ácidos
    tiempos y cosas
    que me queman.
    Y los hombres,
    a mi alrededor
    como en los peores tiempos
    cuando no fueron
    pueblo,
    ni obreros,
    ni labradores,
    le ladran ahora
    a la luna de sus
    egoístas
    sueños
    esperando
    que les caiga
    la breva,
    sin tan ni siquiera
    alargar la caña
    ni podar la higuera.
    La libertad
    no la venden
    las grande superficies
    ni los almacenes
    por muchas que sean
    sus rebajas
    y sus ventas.
    La dignidad
    tampoco
    la regalan:
    se coge;
    hay que cogerla,
    si es menester
    con los dientes.
    Y mis hombres,
    y unas mujeres
    incipientes todos
    en asuntos de libertad
    de la que por siglos
    estuvieron
    ausentes
    cuantos no precedieron,
    siguen hablando,
    hombres y mujeres,
    mujeres y hombres,
    pero cada cual
    mirando su ombligo:
    su propio vientre,
    ajenos y ausentes
    de hacer pueblo
    y hacerse gente.
    Y si escribo y digo
    mis hombres
    y mis mujeres,
    carece lo dicho
    de rigor:
    porque ni me siento con ellos,
    ni quiero mesa
    en tal manada
    de callados orejeros
    orientados,
    sin criterio,
    cómodos,
    dispuestos tan sólo
    a repetir
    lo que los amos
    escondidos
    les dicen que digan
    desde los medios
    de comunicación,
    que no son medios
    sino enteros
    al servicio
    de su patrón,
    y se hacen sus mentiras
    religión
    para sus egoístas sueños.

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