Una vez pase el sustico del referéndum constitucional en Cuba, los pobres van a seguir desamparados.

Si gana el Sí, aunque sea por estrecho margen, la maquinaria propagandística dirá que estamos ante la mayor demostración de democracia real en el mundo, y el gobierno venderá en los foros internacionales que no ha cometido fraude y que tolera la disensión. De cara al consumo interno, los trompetas de palacio dirán que es otra prueba de la adhesión de su pueblo con la revolución, algarabía que será proporcional a la holgura del sí.

Si gana el No, aunque sea por estrecho margen; se agudizará el forcejeo entre dinosaurios y reformistas. Los primeros echarán en cara a los segundos el haber desperdiciado el legado de Fidel y Raúl (cuál legado) y pedirán responsabilidades. Los segundos avisarán que la isla comienza a ser una olla a presión, que Maduro es finito y que Trump está al bate y con opciones de repetir alineación.

Sería deseable que los reformistas aprovecharan la coyuntura para avanzar hacia una transición a la democracia que vaya de la ley a la ley y basada en tres pilares: reconciliación, justicia y riqueza

Decir que queremos que el agua llegue a los pobres y no a chorritos, no basta. Aflojar el dogal a los pequeños empresarios no basta, seguir pisoteando a la oposición y desoyendo los reclamos de los pobres, no basta. Anunciar inversiones fantasiosas en Cienfuegos o Pinar Del Río no basta porque están previstas a 25 años; y nadie sabe lo que pasará en todo ese cuarto de siglo.

Pretender conseguir resultados diferentes repitiendo errores solo conduce a más pobreza y melancolía.

El exilio comienza a hartarse de estar financiando la fiesta del chivo (no lo digo por Ramirito) y de soportar humillaciones como el crucero virado patra y la negativa a que voten los gusañeros en la consulta de mañana.

Vosotros veréis; muchos SÍes y muchos NOes no van a resolver el drama cubano, quizá ha llegado la hora de escucharnos todos, con una salvedad, cuanto más se retrase una apuesta sensata y plural; peor será para los que ahora detentan el poder y sus trompeticas desafinadas.

Pinochet se sometió a un plebiscito, lo perdió y aceptó la derrota. El gobierno cubano no permite campaña por el NO, como establece la ley; pero acosa a los votantes con el SI hasta en las papeletas del circo.

La mala pal catcher (no confundir con aquella asistenta legendaria de Alicia Alonso, tras bambalinas); el que pierde da agua y quien da agua, coge de último.

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