Un godo, que una cueva en la montaña
guardó, pudo cobrar las dos Castillas;
del Betis y Genil las dos orillas,
los herederos de tan grande hazaña.


A Navarra te dio justicia y maña,
y un casamiento, en Aragón,
las sillas con que a Sicilia y Nápoles humillas
y a quien Milán espléndida acompaña.


Muerte infeliz en Portugal arbola
tus castillos. Colón pasó los godos
al ignorado cerco de esta bola.


Y es más fácil, ¡oh España!, en muchos modos,
que lo que a todos les quistaste sola
te puedan a ti sola quitar todos.

Francisco de Quevedo

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