President Trump, un Dios mayor a venerar

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Estamos acostumbrados a que el hombre devore al hombre, a que lo descuartice y se lo coma en tajadas. Estamos acostumbrados a que los sistemas, según dicen ellos, montados en nombre de dios por los hombres, machaquen si misericordia a los hombres de cualquier edad y condición, especial y proporcionalmente a la pobreza o miseria en la que se viva.

       Estamos acostumbrados a que el esclavo es violentado, humillado, ultrajado; es decir, estamos, desgraciadamente acostumbrados a las mayores hijaputadas, a las mayores villanías que se puedan pensar que puedan existir; pero nunca, en toda la historia de la terrible inconsecuencia de la Humanidad, podíamos pensar que todo un sistema, que todo un pueblo, caso de EE.UU de Norte América, viera desde sus sillones sentados, tuviera constancia de una barbarie tan humillante para la especie humana, y que se vistiera de limpio; se vistiera como de domingo, para ejercitar sobre niños menores de cinco años, el espectáculo de la más baja y ladina condición que se puede cometer contra una criatura de nuestra especie, totalmente indefensa.

       En la grotesca burla; en la dramática burla del sistema yanqui de juzgar a niños sin cuajar todavía en su condición de personas, en ese brutal paripé, no solo están quedando los yanquis en su natural estado de indocumentación emotiva, encarada únicamente hacia el dólar corrompido y corrompedor, sino que una parte, aquella que está asintiendo indiferente ante tan canalla acontecimiento, nos están descendiendo un tremendo escalón en el proceso evolutivo de seres con capacidad de poseer emociones.

Hablando con una eminente psicóloga española respecto a la brutalidad consentida y permitida, e, incluso, retransmitida en abierto para que resulte ejemplar, niños sin tener todavía desarrollada la conciencia emocional, están siendo sometidos a sentarse delante de un tribunal perteneciente a un sistema, a unos estados, los Unidos de América del Norte, que su grado de brutalidad nos ha sorprendido cuando pensábamos que ya no nos quedaba brutalidad nueva por descubrir que se pudiera hacer.

Amigo íntimo de los monoteísmos religiosos si disponen de dinero, los EE.UU de Norte América, hoy por hoy, puntualmente son aliados de aquellos islámicos que tengan recursos petroleros o mineros, o de aquellos judáicos que laven sus dólares infectados; Y, desde la explosión fascistas mundial del siglo pasado, son el brazo armado para los intereses económicos del estado Vaticano, fortalecido a tope desde aquel entonces cuando el dios cristiano se hizo financiero y abrió oficinas recaudatorias en el mundo entero, y cualquier orden emotivo, justo y necesario, no entra en los planes celestiales de tales dioses.

Es un lamentable hecho que cuando se escucha defensa o defender, en la más pura realidad, el peligro viene de los que se erigen así mismo como defensores de lo que no existiría si ellos no existieran. Y al paso brutal egoísta y nada humano que van actualmente los EE.UU. de Norte América, puede tener como corolario aplaudido por su correlegionario, que su sistema esté temblando de miedo, y vea incluso un peligro potencial en inocentes niños. Y que por eso será muy entendible que como la realidad empieza y termina aquí a nivel de la corteza de este planeta, el día que empiece la mala suerte yanqui, es probable que nadie eche una lágrima de pena por ellos y sus incultas, fofas, gordas y sebosas brutalidades.

A los que nos gusta la Historia; es decir, los hechos de los hombres, jamás nos hemos encontrado con un capítulo tan humillante y burlesco para la especie humana, como sentar con ropa prestada para la ocasión a unos tiernos niños ante una tarima que llaman de hacer justicia.

El consuelo histórico está en que todos los poderosos porque están depredando continuamente, un día se les rompe el basamento y se quedan sin dientes para morder.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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