por: José Francisco Rodríguez Queiruga, economista

Respecto al mantra de la destrucción de la Sanidad por el PP, creo necesario recordar lo siguiente:

En 2012, Rajoy se encontró, como herencia de Zapatero, con un agujero de 16.000 millones en las cuentas de la Sanidad, además, tenía el gasto farmacéutico disparado, que se reflejaba en las 3.800 toneladas de medicamentos que se tiraban a la basura más la asistencia sanitaria a los 800.000 inmigrantes sin papeles que se prestaba con un cierto descontrol.

Por si fuera poco, el denominado «turismo sanitario» se había instalado en el país y el Ejecutivo tuvo que hacer frente a esta situación aprobando el 12 de abril de 2012 el Real decreto de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. El objetivo era ahorrar 7.000 millones de euros en la sanidad y poner freno al abuso en las prestaciones.

Buscando soluciones, se implantó el copago farmacéutico, en función de la renta de los ciudadanos: con una renta superior a 100.000 €, se pagaba el 60% del precio de los medicamentos; con una renta entre 18.000 y 99.000, se pagaba el 50% y con una renta inferior a 18.000, el 40%, salvo los pensionistas que solo pagaban el 10%, con un techo de 8 € mensuales. Los que perciben un importe superior de renta, abonan un máximo de 18 euros; y los de más de 100.000 tienen un límite de 60 euros mensuales.

En aquel entonces, una de las medidas más polémicas fue la retirada de la tarjeta sanitaria a unos 800.000 inmigrantes sin papeles. Antes de la entrada en vigor de este real decreto, para acceder a la tarjeta sanitaria solo se necesitaba estar en el padrón. Después del decreto se hizo necesario acreditar un permiso oficial de residencia, demostrar que se estaba trabajando regularmente o tener recursos suficientes para subsistir. Los inmigrantes sin papeles solo podrían tener acceso a las urgencias en caso de «enfermedad grave o accidente».

Igualmente, respecto al turismo sanitario de la UE, sobre todo delos británicos, la condición para recibir la asistencia era residir por un tiempo superior a tres meses.

Tres años después de estas medidas de choque, Rajoy incrementó de nuevo la dotación presupuestaria para Sanidad, llegando a ser, en 2017/18, la más alta de la historia de la democracia española.

Asimismo, tengamos en cuenta que la situación de aquellos momentos era particularmente peligrosa desde un punto de vista financiero, y se debe recordar que cuando Mariano Rajoy llegó al Palacio de la Moncloa, en diciembre de 2011, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aseguraba que el déficit público sería del 6%, cuando en realidad fue del 8%, por lo que la UE amenazó a Rajoy con una intervención si no adoptaba medidas de choque y reducía el déficit a cifras cercanas al 4,4%. (Extractos de un artículo de Paloma Cervilla – ABC)

Por otro lado, quizás convenga recordar, que ya en épocas recientes, concretamente en 2019, cuando el Gobierno socialista de Sánchez envía el proyecto presupuestario 2020 a Bruselas, se observa que el gasto en materia sanitaria, no sólo no sube sino que, incluso baja en aproximadamente 1.200 millones de € respecto a los presupuestos anteriores (2016, 2017 y 2018), donde el gasto sanitario representaba el 6% del pesupuesto, que Sánchez se había comprometido a aumentar a 7% cuando estaba en la oposición y que ahora reducea 5,9%.

Por si fuera poco, el Gobierno, en su búsqueda para reducir el coste sanitario, está fomentando el uso generalizado de medicamentos genéricos sin ser conscientes que, en breve, nos veremos enfrentados a una nueva reducción del presupuesto en Sanidad de cerca de 6.000 millones de € más, y no por los monstruos del PP, como muchos no paran de decir, sino por la más que probable reducción de nuestro PIB superior al 10%, debido a la catastrófica gestion que ha tenido el gobierno Sánchez de la crisis del COVID.

Esta reducción provocará un incremento de la Deuda y del pago anual de intereses, afectando al conjunto de los equilibrios presupuestarios muy negativamente. Y con estas previsiones, nuestro gobierno «socialista», intenta arreglar las cosas anunciando que va a sacrificar al sector Turismo (entre 12% y 14% del PIB) y dejando partir al sector del automóvil.

Frente a tanta incongruencia, nos hace falta iniciar, e inmediatamente, una revolución positiva.

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