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Maria del Mar Bonet viaja de Mallorca a Cuba en su disco "Ultramar"

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Maria del Mar Bonet, la voz del Mediterráneo, ha atravesado el Atlántico para grabar «Ultramar», un disco que ella define como «un mosaico de las posibilidades musicales cubanas» y en el que hermana melodías tradicionales del campo de Cuba con poemas del cancionero mallorquín.

La cantante mallorquina es una viajera musical nata, que ha impulsado diálogos culturales y colaboraciones con muchos artistas y cuya zona de navegación ha sido casi siempre su querido mar Mediterráneo.

Pero esta vez ha emprendido «su viaje discográfico más lejano», según ha reconocido en una entrevista con Efe, y ha descubierto un país «tremendamente musical» con el que ha establecido «un diálogo de ida y vuelta».

«Un diálogo que viene de lejos -subraya Bonet-, porque la conexión entre Mallorca y Cuba no la he descubierto yo, sino que durante siglos estas dos islas han estado unidas por el comercio y la emigración».

Esta vinculación está reflejada en «Cançoner popular de Mallorca», de Rafael Ginard, que incluye letras de canciones «que hablan del comercio de tejidos o de tabaco, de relaciones de amor, de añoranzas…».

Bonet ha engarzado estas letras en composiciones campesinas cubanas sin canto, y el resultado son canciones que hermanan estas dos islas, separadas por todo un océano y unidas por la música, según la cantante, que se ha apoyado en «las semejanzas armónicas» entre la música tradicional cubana y la mallorquina para elaborar su propuesta.

El viaje de Maria del Mar Bonet a Cuba empezó el año 2011, cuando fue a recoger el premio Cubadisco y entró en contacto con «grandes músicos cubanos», que despertaron su interés.

Algunos de estos artistas la han acompañado en su expedición caribeña, como José María Vitier, María Victoria, El Tosco, Pancho Amat, Enrique Pérez Mesa, el Sexteto de Jorge Reyes y la formación de música campesina Cuerdas del Monte.

La música tradicional de esta última formación, el jazz latino de Jorge Reyes y las composiciones orquestales y contemporáneas de José María Vitier son las tres patas musicales sobre las que se sustenta el disco.

«Pero no hay bloques musicales, sino fusión», aclara Maria del Mar, que no sólo ha buscado un diálogo entre su música y la cubana, sino que también ha facilitado la intercomunicación entre los colaboradores del disco.

Así, por ejemplo, el tresero Pancho Amat ha extendido sus aportaciones más allá de los temas tradicionales y ha entrado en las composiciones más jazzísticas.

Desde que Bonet decidió lanzar este disco han pasado cuatro años, un viaje largo que, quizá, «ha costado un poco más que otros por la lejanía» y que finalmente ha cristalizado en un disco editado en 2017, año del 50 aniversario de su carrera musical. «No podía tener un mejor regalo de aniversario», señala.

«Mi premisa inicial era preguntarme qué podía aportar yo a la música cubana», ha explicado, y que por ello se ha negado a recorrer caminos conocidos, como el género de Las Habaneras, y ha buscado su propio itinerario.

Maria del Mar Bonet quería ser ella misma, aunque esta vez estuviera tan lejos de casa, y encontró algo de sí misma en la música campesina cubana, menos conocida que otras músicas cubanas, «pero igualmente maravillosa».

También para seguir siendo ella misma ha cantado los trece temas del disco en catalán. «En otro idioma se siento un poco extraña y no me reconozco a mí misma», asegura.

Para ella el idioma propio y las raíces no son una limitación, sino al contrario, un lugar desde donde viajar y explorar nuevos territorios.

«La música tradicional mallorquina forma parte de mis inicios y continúo bebiendo de esa fuente cuando busco agua fresca», afirma.

De hecho, ya está pensando en nuevos proyectos y tiene en mente editar un disco de música tradicional mallorquina, haciendo realidad la idea de que su carrera es «como una espiral» porque, recalca, «siempre voy y vengo de la música popular de mi tierra».

«Me interesan los diálogos culturales por encima de muchas cosas, y me voy a Egipto, a Siria o más lejos cuando me invitan, pero siempre vuelvo a los orígenes», concluye.

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