Y junto al portugués de la localidad norteña lusitana de Sabrosa, en la tierra adentro de un reino, ahora, república, de gente emprendedora, sufrida, creyente, pero no en el grado de sumisión superlativo del resto de la península Ibérica.

Un sirviente esclavo del hijo del aristócrata vendedor de jabones, padre de Magallanes, al que el navegante bautizó con el nombre de Enrique, natural de aquellas tierras orientales a nosotros, fue junto a su amo, el otro mortal, que sepamos, le dio por primera vez la vuelta al mundo que está de nuestra especie hasta su coronilla más nevada.

Por tanto, partiendo de la base que Portugal nunca ha tenido reyes santos ni católicos de título, y lo que ha prevalecido en Portugal son reyes que miran primero a su pueblo antes que al papado, al contrario que España; de ahí, de esa hermosa realidad social, puede nacer el constante ataque histórico de ningunear todo lo portugués, porque es entendible, menos para el clero, que todo gobernante tiene que velar primero por su pueblo, y si sobra algo de su celo y cuidado, lo puede utilizar en cualquier otro asunto, pero no a la inversa.

Aunque sobre Magallanes pervive escondido por algún lugar el documento clave reflejado en una cartografía lusitana en la cual se tendrá que observar de un modo elemental la boca del Estrecho que después llevaría su nombre, balizada y determinada previa al viaje, razón por la que tanto los hermanos Falero como Magallanes, entendían que navegando hacia esa posición terrestre, se podría llegar a la otra mar, llamada del Sur, a la que la crónica anota que su nombre de Pacífica se lo debemos al propio Fernando de Magallanes; que a poco no estuvo de dejar de darle nomenclatura a su Estrecho, por el nombre de Estrecho de la Madre de Dios, porque el papado, ni entonces ni ahora descansa mientras quede una brasa encendida que poder arrimar a su sardina.

Los abuelos del rey Carlos de España y mucho más de Alemania, que autorizó la expedición de Magallanes, hizo cumplir y se cumplió la orden establecida en todos los buques, muy especialmente en los fletados por la Corona, de llevar a bordo entre sus tripulantes un Escribano, para dar fe, entre otras muchas cosas, de por dónde se navegó, las incidencias, y haciendo de complemento de los diarios de navegación que tenían que hacer desde la capitanía de las naves para hacer entrega de todo ello a las autoridades en los puertos de su bandera de rendidura del viaje.

La nao Trinidad, llevó de Escribano a León de Espeleta; la Victoria, a Martín Méndez; la San Antonio (que se dio la vuelta), a Jerónimo Guerra; la Concepción, a Sancho de Heredia; y la Santiago, a Alfonso de Costa.

Al margen de los escribanos que daban fe de todo juntamente con los itinerarios de navegación con sus incidencias, que anotaban los pilotos en lo que después se denominó como cuaderno de bitácoras, los embarcados en las naves con el cargo de Sobresaliente, al margen de hacer de chivatos de todo lo que acontecía, solía ser gente, que, además de ser excelentes bailaguas del mando de la nao, solían sabían escribir; y solían hacerlo, caso de Antonio de Pigaffeta, que para el caso y expedición lo había enviado el papado para que fuera sus ojos y sus oídos.

Creo, por tanto, que resulta de una extrañeza tan sumamente rara, que deja en tan mal lugar no solo a todos los escribanos de la expedición, sino a los propios portugueses en sí cuando, al parecer, se hicieron con lo escrito por muchos de los escribanos citados, que misteriosamente haya desaparecido todo, y solo haya salido a la luz de la publicación recientemente, sobado y manoseado, lo que se afirma ser lo que vio y anotó el Sobresaliente Pingaffeta, que no tenía obligación oficial alguno de escribir nada, salvo que se lo exigiera su patrón el papa de Roma.

Puede que estemos hablando de mucho más de veinte relaciones del viaje de Magallanes, que se han perdido, o están desaparecidas al conocimiento de los tratadistas.

Pero, para cualquier tratadista, si Magallanes estuvo en Las Indias Portuguesas, sirviendo al Primer Virrey Francisco de Almeida el Grande. Y, posteriormente bajo las ordenes de Diogo Lops de Sequeira, juntamente con Francisco Serrao, estuvo trajinando próximo a decena de años por todas aquellas islas orientales a nosotros, cuando volvió a aquellas tierras cruzando el Estrecho que de un modo raro lleva todavía su nombre, sin duda de ninguna clase, junto con su sirviente esclavo, fueron los primeros hombres conocidos por la crónica que le dieron por primera vez la vuelta al mundo, que tienen cansera de la raza humana.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.   

2 COMENTARIOS

  1. Un muy breve fragmento de mi libro La Iberiada Colombina.

    Y ya los lusitanos,
    pueblo que tuvo buenos monarcas,
    surcan los océanos
    sin escatimar oro a sus arcas
    Y por rumbos seguros
    sin ver costa alguna los marinos
    avanzan los futuros
    por los vastos azules caminos.
    Llegar; hasta es frecuente,
    así lo cuentan los navegantes,
    que de allá del poniente
    vienen señales justificantes
    Anunciando terrenos
    que guarda el océano en su seno
    para nautas buenos
    que sepan navegarlo de lleno

  2. Magallanes no circunnavegó la Tierra, ni fue su objetivo: fue Elcano el que decidió volver a Sevilla por la ruta portuguesa. Portugal solo puso trabas a este viaje

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