«Los españoles aman la religión y la justicia, son constantes en los trabajos, profundos en los consejos y, así, tardos en la ejecución. Tan altivos, que ni los desvanece la fortuna próspera ni los humilla la adversa. Esto, que en ellos es nativa gloria y elevación de ánimo, se atribuye a soberbia y desprecio de las demás naciones, siendo la que más bien se halla con todas y más las estima, y la que más obedece a la razón y depone con ella más fácilmente sus afectos o pasiones».

Diego de Saavedra Fajardo, «Empresas políticas», 1640.

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