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Los catalanes que no volvieron de Cuba

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Miami (EE.UU.), 20 ene (EFE).- La joven cineasta y dramaturga cubana Vanessa Batista se planteó hacer un documental acerca de los catalanes que emigraron a Cuba y no volvieron a su tierra desde un punto de vista «emocional», pero en el proceso se topó con auténticas reliquias fílmicas que lo cambiaron todo.
«Los que se quedaron» será presentado hoy en el Centro Cultural Español de Miami (Estados Unidos) por su directora, que actualmente vive en Cataluña.
Según dice en una entrevista con Efe, el título y el documental hablan de los emigrantes que no fueron «indianos».
«La diferencia entre los indianos y los emigrantes es que los primeros regresaron ricos a su país, mientras que los segundos quedaron atrapados en un lugar y su circunstancia», explica.
Batista aseguró que, desde el comienzo, «buscaba el lado emocional de los emigrantes, no el didáctico ni el histórico», aunque durante el proceso de rodaje en Cuba tuvo que replantearse la estructura.
La familia del catalán Francisco Carulla, que Batista encontró en Santiago de Cuba, dio un giro inesperado al proyecto al poner en manos de Batista filmes inéditos de casi un siglo de existencia en los que se observa la Barcelona de 1926 y sus alrededores.
«Son películas de 16 milímetros que ni siquiera una generación de esa familia había visto alguna vez. No encontrábamos proyector en Cuba para verlas y la familia decidió confiármelas para revisarlas. Increíblemente estaban bien conservadas», recuerda Batista.
«Lo que encontré en ese recuerdo cambió la narrativa del documental», sostuvo.
La realizadora, que antes de emigrar en sentido opuesto, de Cuba a Cataluña, no tenía relación alguna con esa zona de España, nunca ha podido controlar bien la emoción que le ha dejado este trabajo.
El cabeza de familia de los Carulla tuvo la buena idea de comprar una cámara de cine en el único viaje que hizo en su vida, en 1926, cuando tenía unos 30 años.
«No era un hombre rico pero le iba bien en Cuba. En ese viaje, Francisco dejó instalada agua corriente en la casa de sus parientes» en Cataluña, apunta la directora.
Sobre qué hubiera sido de la isla caribeña si toda la fortuna que se llevó a Cataluña se hubiera invertido allí, Batista prefiere «no juzgar la historia desde el presente», según le enseñaron sus padres, que precisamente son historiadores.
«No hay que perder de vista que mucho del dinero que fue a Cataluña provenía de la trata de esclavos. Antes era una cosa normal, pero ahora no. Mi propósito no era hurgar en ese ángulo, sino en el lado emocional», remarca.
El largometraje, la ópera prima de Batista, producido de manera independiente y con el apoyo de la televisión autonómica de Cataluña, TV3, muestra en 73 minutos una docena de entrevistados. Algunos de ellos hablan catalán.
El «personaje» que más tristeza transmite es el de Ramona, una anciana de un pueblo de las afueras de La Habana que, según la directora, quedó atrapada en la isla «víctima de la voluntad de los hombres de su vida».
«Ya no sé ni de dónde soy», expresa Ramona durante la entrevista, que transcurre en un apartamento solitario. La catalana había perdido un hijo en la guerra de Angola y vivía en la pobreza.
«Desgraciadamente ya falleció», comenta Batista.
La joven montó las entrevistas en alternancia con una voz en off (la suya) que va narrando el contexto histórico.
«Fue necesario meterme en el documental. No tenía otra opción. El hallazgo mismo de los filmes y el hecho de que me los confiaran marcó esa decisión», afirma.
Para el documental se tomó «la licencia» de imaginar las cartas que Francisco Carulla enviaría desde Cuba a sus parientes en España. «Las Ramblas, menos mal que han hecho algo con el dinero de Cuba», dice una la voz en off.
«Cuando vieron el documental, los familiares lloraron», recuerda la directora del día de 2015 en que presentó su trabajo en La Habana.
Ahora espera encontrarse en Miami con una archivera que aparece en el documental y se trasladó a Estados Unidos.
Solo en las primeras oleadas del siglo XIX, unos 50.000 catalanes emigraron a Cuba, pero durante la Guerra Civil española (1936-1939) y la posguerra el número aumentó.
Batista aprovechará la ocasión para lanzar en Miami su nueva productora audiovisual, Vangui Film, en sociedad con el escritor cubano Andrés Pi Andreu y el cineasta catalán Guillermo Barberá, fotógrafo del documental.

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