-Artículo de Emilio Acosta Ramos

La población indígena de San Pablo de Azaca fue fundada por el padre Matías Ruiz Blanco en el año de 1678, siguiendo la política de fundaciones de pueblos llevada a cabo por las Misiones Españolas para poblar y pacificar los territorios de América. El pueblo fue fundado en las márgenes de la Laguna de Azaca, hoy conocida como Laguna de Amana, cerca del actual caserío de Jabillal y Los Barrancones, aproximadamente, con indios cumanagotos caracares. También se les llamaban palenques, porque cercaban con madera su jurisdicción para protegerse de posibles ataques de indígenas en estado salvaje.

Una vez fundada, la Misión no se reducía a una iglesia y un patio, sino que contenía los elementos necesarios para hacer de ella un núcleo de desarrollo regional. Poseía talleres, huertas, campos de cultivo, potreros y corrales para el ganado, zonas de pastos, bosques maderables… así como habitaciones para alojar a los indios y sus familias, que durante los siguientes años iban a residir en la Misión.

La jornada comenzaba a las seis de la mañana, y tras una misa y la enseñanza del Evangelio, se desayunaba, tras lo cual los niños acudían a clases de castellano, de cuentas y de cultura general, y los adultos marchaban a sus trabajos. Unos, en los campos, desarrollando las nuevas labores agrícolas y ganaderas españolas; otros, en los talleres, aprendiendo oficios como la carpintería, los textiles, la albañilería o la herrería. El almuerzo, a las doce, y luego descanso hasta las tres de la tarde. Después, hasta las seis, se reproducían los aprendizajes y labores de la mañana. A las seis de la tarde rezos y la cena, y hasta las diez el tiempo del esparcimiento: horas para la tertulia, el juego, la música, la danza o el teatro, hacia los que los indios sentían gran inclinación. Concluía la jornada a las diez, cuando se tocaba silencio.

La jornada laboral nunca podía ocupar más de siete horas, y todo era conducido por dos frailes y algunos indios auxiliares.

Gobernadas autónomamente, cuando habían transcurrido diez años, los indios ya habían asimilado el conjunto de la cultura española, y se hallaban capacitados para gobernarse de forma autónoma; la Misión se convertía en un pueblo, donde su plaza mayor sería el patio de la iglesia. Ellos mismos elegían alcalde y gobierno municipal, correas de transmisión ante las autoridades virreinales. Y los franciscanos, cumplido su objetivo, dejaban el nuevo pueblo en manos de los indios y se trasladaban a otra zona para reproducir el proceso. Así, una y otra vez, durante doscientos años.

Del tiempo de la existencia de las misiones españolas en estas tierras son las ruinas que se hallan en San Pablo de Azaca conocidas como Las Murallas. En la época de su fundación tenía 800 habitantes y se habían bautizado 3100 almas y habían muerto 1350 personas. En 1731 tenía 388 habitantes. Para 1736 se componía de 107 familias con 449 personas; en 1761 contaba con 133 familias y 655 habitantes, 110 casas, 26 haciendas. Iñigo de Abad dice que para la fecha San Pablo tenía 859 habitantes, 3 esclavos, 3 haciendas y 845 cabezas de ganado mayor.

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