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José Félix Arroyo: El viejo soldado

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EL VIEJO SOLDADO

Traigo mis banderas rotas,
pero las devuelvo a casa;
ajado el jubón de roces,
en más de uno no lo contara.
El lazo rojo y altivo,
altivo como tu raza.
Vengo con años de guerras,
con sed y hambre de calma,
no sé si me durará el empeño,
o si me enrolaré en tu Armada;
la que me colme de besos,
y le dé paz a mi alma.
Y me da igual si es gran navío,
si es pesada urca o si es veloz fragata,
que yo la tendré por mía,
y la querré como a mi casa.
Traigo cicatrices viejas
cerradas con humo, barro y paja,
y tengo heridas abiertas de las que no se curan con nada.
Amores que no fueron ajenos,
cautivas estirpes lejanas,
ojos rasgados y negros,
teces rubias aterciopeladas.
Todas fueron lisonjeras,
las más muy interesadas,
viendo la bolsa vacía,
no me conocieron de nada.
Y ahora viejo y cansado,
grises y blancas las barbas,
pero aún con bríos y arrestos
para desenvainar mi espada;
¡y si mi Rey me lo pide
acudiré a su llamada!
Viejo Soldado de Flandes,
tropa altanera y galana,
daba lo mismo en la tierra,
que salpicándole el agua.
Entraba en el cuerpo a cuerpo,
con acero de Toledo o con pólvora de Italia.
Si era francés el contrario
aún le aplicaba más ganas.
Con herejes te las viste,
a San Jorge le diste sus almas,
dudando que la tuviesen,
aquella raza de piratas.
Y bajo aquellas cubiertas,
sangre, pólvora y humo
enfilando las carronadas.
Prestos están los cañones,
un sólo trueno los dispara,
y a la orden de: ¡FUEGO!
tiembla todo de banda a banda.
el sol se nubla en el cielo,
la mar tampoco acompaña,
mas la andanada es certera,
y el fuego brota del agua.
Pronto arrían sus banderas,
salte dotación de presa,
y si no rinden: ¡AL AGUA!
Pasto para tiburones,
tranquilidad para España.
Deme el rey más galeones,
navíos de escolta, fragatas,
y no teman enemigos,
que haré descansar sus almas.

José Félix Arroyo

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