París, 6 de julio de 2020.

Querida Ofelia:

Aquí estuvieron una semana en París mi amigo de infancia Gerardo y su esposa canadiense. La había conocido en Cuba en el Festival Mundial de la Juventud de 1978. Ellos viven en Toronto.

Ella es encantadora y él sigue siendo jaranero, simpático y culto.

El negro Gerardo (ahora hay que decir de origen étnico subsahariano) logró salir de Cuba en el 1981, se había casado con Brigitte después de tantas complicaciones, pero la nostalgia pudo más que él, fue al consulado cubano, comenzó a participar en actos de solidaridad, en las fiestas del consulado, se unió al grupo contra el bloqueo imperialista yankee y así se “volvió importante”.

Los -15°c de Toronto en invierno, el más de un metro de nieve que cubre la ciudad cada invierno y el empleo de camionero, se olvidan cuando según él, se va a Cuba cada cuatro meses y por el arte de magia de unas cuantas horas de avión y una billetera con los ahorros en dólares –aunque sean canadienses– se convierte en alguien importantísimo.

“Todo el mundo te admira y te ama, las puertas se abren, tienes todos los derechos, taxi o carro con chófer. Las chicas se te ofrecen, tus amigos te piden que les consigas canadienses, como si en Canadá las mujeres se compraran en los supermercados”- me dijo.

En su último viaje, seis horas antes de salir el avión, tres “compañeros” fueron a verlo a su habitación del Hotel Meliá; le aseguraron que ellos sabían que él no era “gusano”, que él se había ido por amor, pero que en Toronto había muchos enemigos de la Revolución y que ellos querían saber qué hacían y cuáles eran los planes de éstos.

El día anterior Gerardo había participado a una recepción en el I.C.A.P. (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos), donde le habían pedido que defendiera «la causa revolucionaria» en las frías tierras canadienses.

Gracias al “diálogo», el “gusano” Gerardo, convertido en mariposa punzó participó en el Palacio de la Revolución a una recepción en la cual, según la foto que me mostró orgullosamente, el Coma-Andante en Jefe le dio la mano: ¡La Consagración!

En todo caso, por ahora el compañero Gerardo se está complicando la vida: ¡Timbo en la trampa, cayó y no puede salir!

La nostalgia es un sentimiento muy difícil de soportar. ¿A quién no le gustaría volver a pasear por las calles de su infancia, ver a amigos, a seres queridos y recorrer lugares que están llenos de buenos recuerdos?

Pero mientras más historias escucho, menos deseos me dan de complicarme la vida yendo a la Perla de las Antillas.

Yo vivo con una tranquilidad impresionante, trabajo, hago algo que me gusta, voy al cine, al teatro, a restaurantes, a museos y exposiciones. Hago varios viajes al extranjero cada año. Practico mi religión, me expreso libremente, digo y escribo lo que me pasa por la mente. En resumen: ¡Soy un hombre Libre!

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Nota bene: Esta crónica aparece en mi libro «Memorias de Exilio». 370 páginas. Les Éditions du Net, 2019.  ISBN: 978-2-312-06902-9

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