Foto: Bonifacio, Córcega.

París, 15 de agosto de 2019.

Querida Ofelia:

En la noche del 18 de julio de 2019 navegamos hacia el norte, hacia Córcega. Hicimos nuestra entrada en el Golfo de Valinco, ubicado en la costa oeste de Córcega, a primera hora de la mañana, pudimos ver Cap Muro y Punta d’Eccica, respectivamente, a babor y estribor. Embarcó el práctico del puerto a las 7 y 15 a.m. A las 8 a.m. anclamos en Propriano. La escala duró hasta las 8 p.m., para luego seguir nuestra navegación hacia Nápoles.

Después de haber desayunado como cada mañana en el Restaurante Club Saint-Tropez, servidos por nuestro amabilísimo camarero indio de origen portugués Donald Fernández, abandonamos Propriano en autocar y nos dirigimos hacia el sur, atravesando un paisaje de áridas colinas que se recortan sobre el fondo azul del mar. Antes de llegar a Bonifacio, situada en el extremo sur de la isla, hicimos una parada cerca de la cala de Roccapina, desde la que pudimos contemplar hermosas vistas del llamado «león de granito» que monta guardia ante la Torre Genovesa. 

Llegamos así a Bonifacio, la auténtica joya de la región, encaramada en la parte más alta de una estrecha península de blanquísima roca caliza: en Córcega no hay otra ciudad igual.

Subimos a un trencito para realizar un recorrido panorámico que nos permitió ver los restos de tres molinos y la iglesia de Santo Domingo, construida entre 1270 y 1343 por orden de los dominicos, cuyo campanario arranca de una base cuadrangular, sigue con un cuerpo de sección octogonal y termina con una cúspide almenada. Durante nuestro recorrido pudimos contemplar también impresionantes vistas de la cercana isla de Cerdeña. 

Proseguimos a pie nuestra visita de Bonifacio, partiendo de la antigua ciudadela, en la que encontramos la iglesia de San Juan Bautista y la preciosa iglesia de Santa María la Mayor, con su campanario del siglo XIV. 

Continuamos por la pintoresca ciudad antigua y llegamos a la plaza del mercado, donde fuimos recompensados por la impresionante vista de los acantilados de roca caliza, de 70 metros de altura. Los que tuvieron ánimo suficiente como mi hijo, su esposa y nuestros nietos, pudieron bajar a pie los 100 escalones hasta a la Marina, mi esposa y yo hicimos el recorrido cómodamente sentados en el trencito. 

Antes de nuestro regreso, dispusimos de una media hora para pasear entre refinadas boutiques y sentarnos a descansar en un café, dejándonos atrapar por la atmósfera del lugar.

Por la tarde dimos un paseo por Propriano a lo largo del Paseo Marítimo llamado Avenue Napoléon III y fuimos hasta la bella iglesia, desde cuya plaza se domina toda la ciudad. Después terminamos en la Playa del Faro, situada al otro lado del cabo en donde estaba anclado el Costa NeoRiviera.

Esa noche los restaurantes del barco ofrecieron para la cena platos típicos de Friuli.

Friuli tiene muchas caras distintas: la laguna, con su vegetación baja y sus pinares; el litoral llano, con sus cultivos; las praderas, matosas y áridas; la zona prealpina
boscosa; y, por último, la zona alpina, llena de alerces y abetos. También los platos cambian en función del territorio que representan, porque se elaboran con la materia prima disponible en cada zona. Así, aquí encontramos desde sopa de almejas hasta cabrito asado al enebro, pasando por los cangrejos de río y la ensalada de rabanitos, espárragos, patatas y crema agria. Estamos ante una región compleja y antigua, donde la gente marca la diferencia con la fuerza de su continuo trabajo, que hace que parezca sencillo lo que en realidad esconde siglos de tradición y de cultura, de fatigosa y meticulosa preparación, como en el caso del excelente jamón de San Daniele.

Nosotros cenamos:

Carpaccio de carne de Buey con queso Grana Padano, y tomates cherry

Pasta de patata Pennette en una fina rodaja de pez espada

Pata de conejo deshuesada servida con peras de azafrán y rábano con queso

Tarta de chocolate suizo con salsa de café

Vino barberra d’asti sabri Batasiolo.

Il Treatro Ravello ofreció el espectáculo “The Voice of the Sea”.

La noche continuó así:

9 y 30 p.m.: «Vals, tango, cha cha cha…y otros tantos». Grand Bar St. Paul de Vence, puente 7.

9 y 30 p.m.: «Todos a la pista” con el Duo Smile. Café Positano, puente 5.

10 y 30 p.m.: “Revival Time” Esperando el Banquet Night Party con la música de  los inolvidables años 70 & 80. Piscina, Lido Via del’Amore, puente 11.

10 y 45 p.m.: Música registrada. Grand Bar St. Paul de Vence, puente 7.

11y45p.m.: “Banquet Night Party”, música y diversión con un buffet  creado  por el Executive Chef Giuseppe Casabianca.

En mi próxima carta te contaré sobre nuestra escala en la bella Nápoles.

Con gran cariño desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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