-Muy buenas, estimado Señor Victoria. Muchas gracias por aceptar la entrevista para “Españoles de Cuba”. Háblenos un poco sobre su trayectoria y su situación actual.

Mi trayectoria vital ha sido el manejo de empresas privadas durante muchos años y enseñado en diversas universidades economía en pre y postgrado. Como quiera que mi vocación ha sido también la política, fui Senador de la República de Colombia y Diputado. Últimamente me he dedicado a escribir libros de Historia, tanto de España como de Colombia, particularmente en temas de la independencia. Precisamente la editorial La Esfera de los Libros me va a publicar el primer volumen sobre esta materia intitulado “El terror bolivariano”. En España se ha hecho muy famoso un libro de un personaje que rescaté del olvido, Blas de Lezo, en mi libro “El día que España derrotó a Inglaterra (Edit. EDAF), que va en la 10ª edición.

-¿Qué significa para vd. a Historia? ¿Puede servirnos en nuestro día a día?

Por supuesto que sí, sobre todo para devolverle el orgullo perdido de los españoles que se han olvidado de lo grande que fue este país y de sus heroicas gestas.

-¿Y la política?

La única buena política que yo concibo es una que le apunte al fortalecimiento del sector privado, y en esto incluyo el manejo conservador de las finanzas públicas, el apego a la Ley y al Orden, pilares fundamentales para el fortalecimiento de la Libertad, siempre y cuando ésta se vea fortalecida por el respeto a la propiedad privada.

-A veces pienso, D. Pablo, que el pasado reciente de Hispanoamérica no es sino un adelanto de lo que está por venir en España, especialmente por el lado negativo del asunto.  Siendo vd. colombiano, buen conocedor de la realidad española, y asimismo, habiendo vivido de cerca lo que ocurre en Venezuela, ¿ve algún paralelismo con lo que empezó en Venezuela a finales de los años ‘90 y lo que ocurre en España actualmente?

España no es ajena a una ola de socialismo que periódicamente surge tanto en Hispanoamérica como en ese país europeo; viene de un populismo barato que ve en el Estado asistencialista la redención de los males traídos por la pobreza, sin percatarse de que todos esos ensayos de redención social han terminado en rotundos fracasos. Es una enfermedad cíclica, pero que en un país del primer mundo, es particularmente preocupante, porque todo el mundo supondría que sus habitantes están bien informados del acontecer mundial. Esto es realmente lamentable.

-¿Y cómo afecta la situación de Venezuela a Colombia? ¿Y al resto del orbe hispano?

Colombia está muy afectada por el éxodo masivo de venezolanos a nuestro país, que no cuenta con recursos suficientes para atender a una población que llega privada de lo más mínimo para sobrevivir. Esto también significa que los índices de criminalidad se han disparado y que los servicios sociales están colapsados, particularmente en las zonas fronterizas, como Cúcuta. El esto de países hispanoamericanos no son inmunes a este drama, aunque ciertamente en menor medida que en Colombia.

-“Europa” sigue siendo una suerte de paradigma/mantra no sólo para Hispanoamérica, sino también para España. “Europa” se asocia a “libertad”, “progreso”, “tolerancia” … ¿Cuál es su opinión al respecto?

Es cierto que España acusa uno de los mayores “índices” de libertad, inclusive en Europa. Pero no se puede pasar por alto que cada vez es más numerosa una izquierda agresiva y violenta que, mientras habla de tolerancia hacia ella, produce brotes de intolerancia que están radicalizando el país. Se puede pensar que la única tolerancia que tiene la izquierda política es cuando se está de acuerdo con sus ideas; pero hay algo más grave, y esto es su ataque sistemático a la unidad de España, lo cual puede llegar a tener terribles consecuencias en materia de libertades públicas y de una guerra civil larvada.

-¿Qué es para vd. la Hispanidad? ¿Cómo se puede desarrollar este concepto en la teoría y en la práctica? ¿Cuáles son a su juicio los lazos que más unen a los pueblos hispánicos?

Es un hecho cierto que estamos unidos por los lazos de la religión, de la lengua y de la cultura; también que hemos estado siendo separados por un antagonismo creado artificialmente por un oficialismo histórico que ha fundamentado su amor a la patria con el odio y las mentiras acerca de la presencia de España en América. Esto obedece a que todo país necesita un mito para justificarse, sobre todo para justificar una separación, o secesión de un territorio. Esto debe ser combatido con firmeza, porque el amor al terruño no puede asentarse sobre las mentiras y las fábulas históricas.

-“Españoles de Cuba” tiene un leitmotiv: Reivindicar un cambio en la legislación española para que se reconozca la nacionalidad a los descendientes directos de españoles en América. Por ejemplo, cuando se firmó el Tratado de París en 1898, muchísimos españoles americanos fueron excluidos de su nacionalidad. Este agravio histórico podría subsanarse hoy con una Ley de descendientes como la que ya existe en algunos países de nuestro entorno (por ejemplo, la “ley de nietos” de Portugal o la “ley de bisnietos” de Italia).  ¿Qué opina vd. al respecto?

Este sería un gran cometido histórico del que España ha dado reciente ejemplo con la nacionalización de los descendientes de los judíos sefardíes expulsados de su territorio en 1492. Muchos colombianos se han acogido a este programa y han adquirido la nacionalidad española, y desde este punto de vista, hay que considerarlo como un gran regalo de este país.

-¿Cuáles cree vd. que serán los mayores desafíos que habremos de enfrentar los hispanos de cara al futuro?

El mayor reto que hay que enfrentar en el futuro es el de volvernos a encontrar en la senda de los intereses comunes; en la formación, si se quiere, de una gran Mancomunidad Hispánica que no solamente haga contrapeso al Commonwealth inglés, sino al gran escenario angloamericano que, pese a todo, siempre se unen en las grandes crisis, cosa que no sucede entre nosotros.

-Muchísimas gracias por su tiempo, sr. Victoria. Para finalizar, ¿algún mensaje para nuestros lectores de ambas orillas?

Sí, que se informen y que desechen como mentiras mondas y lirondas el concepto del genocidio español de los pueblos indígenas, la explotación y robo de nuestros recursos naturales, de la Inquisición como un arma criminal y de la opresión a las poblaciones americanas. Que no es sino echar un vistazo a la inquisición protestante en Europa y compararla con la católica española; que no es sino echar un vistazo a Norteamérica y decidir dónde hay más poblaciones indígenas o mestizas, si allá o en Hispanoamérica; que hagan una reflexión sobre la riqueza material que representó la presencia española en nuestras tierras cuando entiendan que los piratas holandeses, franceses e ingleses no asaltaban nuestras costas para “robar” pobreza y que aquellos piratas no tenían apellidos españoles; que toquen las construcciones coloniales para que constaten que eran de piedra, ladrillo y cemento, y que luego toquen las del Norte para que se den cuenta de que eran de madera; que miren las fortalezas del Caribe, construidas por españoles, para defendernos de los asaltantes y que miren si en el Norte tuvieron que defenderse de los españoles; que echen un vistazo a las universidades fundadas por España en América, y que pregunten cuantas fundaron los portugueses, los franceses en Haití, o los holandeses en el Lejano Oriente… En fin, que cuando hablen mal de los españoles como pueblo conquistador, que se fijen en qué lengua lo hacen y de qué apellidos provienen las mentiras; y que, finalmente, se entienda que quien así denigre, lo hace de sus abuelos. Y uno no debe hablar mal de su familia.

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