Entrevista al historiador colombiano Jon Ricaurte

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-Muy buenas, estimado Señor Ricaurte. Muchas gracias por aceptar la entrevista para “Españoles de Cuba”. Háblenos un poco sobre su trabajo y su situación actual.

Muy buenas, muchas gracias por permitirme el honor de compartir mi humilde opinión sobre el hispanismo, algo que siempre hemos creído nos une a casi 500 millones de habitantes en el globo y que no está relacionado solo con el uso del idioma, sino que es un ethos cultural vivo, dinámico y pujante. Es como si existiera una forma hispana de ver el mundo o una civilización hispánica que aún se está cuajando, pese a que por doscientos años se intentó interrumpir. Al final, las sociedades se adaptan y toman lo mejor de sí y eso es lo que está pasando ahora en toda Hispanoamérica, empezamos a pensar y reflexionar sobre cuál debería ser nuestro papel dentro del sistema mundo, sabiendo que representamos en buen porcentaje del intercambio comercial, cultural, territorial, social, étnico e idiomático y curiosamente ocupamos un lugar periférico en este sistema en lo económico, político y geoestratégico.

Ahora mismo, para finales de este año espero estrenar dos trabajos que han cambiado mi visión sobre el mundo hispánico, todo pensado muy desde lo local.

El primero una reflexión profunda desde la antigua provincia española de Antioquia, cuál fue su rol dentro del proyecto llamado Colombia y cuál debe ser su papel en una patria mayor suramericana e hispanoamericana y escalando aún más que papel debemos cumplir en el mundo. Este trabajo se llama como título principal “Hasta los gallinazos tienen rey” y está basado en haber descubierto en la documentación una familia de vascos, que pertenecía a una red más amplia de mineros y comerciantes quienes tenían un circuito montado de exportación (oro, manufacturas, productos de la tierra) e importación (mercancías exóticas, vinos, telas etc.), que pagaban impuestos a la Corona y a quienes se les apareció un matón caraqueño llamado Bolívar que quería que le tributaran a él y que en vez de Cartagena, La Habana y Cádiz, quería que el comercio girara en torno a Jamaica y Londres. Ellos armaron con sus propios recursos guerrillas realistas y defendieron básicamente sus intereses comerciales, sus lealtades, redes parentales y sus vínculos con las provincias peninsulares, donde vivían sus padres, abuelos, tíos y primos, entre otros. Posteriormente cuando pierden la guerra se adaptan, pero intentan crear asociaciones para conservar sus valores, negocios y privilegios. Incluso cuando Bolívar les intenta imponer mayores impuestos sobre el oro y crear un gobierno a perpetuidad, patrocinan un fallido atentado en 1828, conocido como la conspiración septembrina.

El segundo libro va más allá de lo local para mostrar el verdadero escenario o trasfondo de la Independencia, el cambio de paradigma del grandioso comercio hispánico entre los cuatro continentes, a uno controlado por las elites mercantiles de origen anglosajón. Situación que fue dramática cuando un país neonato como Colombia firmó un tratado de comercio, amistad y navegación con potencias marítimas mundiales: Gran Bretaña, Estados Unidos, etc., con el comercio y la productividad destruida por más de una década de guerra e irregularidad política y económica, sin siquiera tener una flota mercante y con una deuda externa impagable. El resultado fue la toma de todo el comercio local por parte de las compañías extranjeras, de la apropiación de tierras para hacer colonias agrícolas y para explotar a gran escala recursos del subsuelo (oro, plata, carbón, petróleo y otros minerales). Curiosamente con el comercio y la extracción de oro en Antioquia los comerciantes locales lograron acomodarse y procuraron que esta entrega de sectores claves de la economía a los británicos, franceses y suecos, no los lesionara demasiado. Estos mismos comerciantes van a ser conocidos en la década de 1840 como los jamaiquinos, pues todas las importaciones tomaron como epicentro las Antillas británicas. En otras provincias de Colombia el comercio extranjero se fagocitó al comercio local heredado del español, quebró el cordón industrial-artesanal que se había formado en los Andes e hizo que este país fuera ingobernable con decenas de guerras civiles entre librecambistas y proteccionistas y liberales y conservadores, entre otros.

-A veces pienso, sr. Ricaurte, que el pasado reciente de Hispanoamérica no es sino un adelanto de lo que está por venir en España, especialmente por el lado negativo del asunto.  Siendo vd. colombiano e historiador, y viviendo la situación venezolana muy de cerca, ¿ve algún paralelismo con lo que empezó en Venezuela a finales de los años ‘90 y lo que ocurre en España actualmente?

Siempre existen paralelismos, más cuando nuestra historia común se viene repitiendo ahora que recién celebramos el bicentenario de la Independencia. Se tiende a pensar que la revolución triunfó primero en América y de ahí su secesión o Independencia. Al contrario, la revolución y anomalía política se presenta primero en la península y después se irradia a todo el Imperio. Nuestra primera Independencia como americanos fue de la Francia revolucionaria, de ahí que por algunos años fuimos quienes reasumimos y tratamos de preservar el destino del Imperio. Más tarde fue el capitalismo internacional el que envió capitales, armas y hombres para la separación definitiva, es decir, no nos separamos, nos separaron, esto está ya comprobado y no es anecdótico como muchos piensan.

Lo que ha pasado en Venezuela es lo que ha pasado siempre en Hispanoamérica, un permanente estado de confrontación financiado por organismos o poderes internacionales. Para mí es una fase de la Guerra Fría, que en ocasiones y en algunos territorios se volvió muy caliente. Pero esto en la larga duración ha tenido muchas caretas y son por lo general movimientos artificiales, difíciles de instalar por lo que requieren de grandes esfuerzos, financiadores y mecenas.

Esta tan conectado este movimiento internacional que si cae el régimen venezolano caen las rutas del narcotráfico y por ende caen las redes que lo mantienen: bancos, políticos, empresarios, intelectuales etc. La izquierda colombiana está muy temerosa de que se destape el financiamiento a sus campañas y su relación con las guerrillas y las rutas del tráfico de drogas que históricamente han pasado por Venezuela, Cuba y las Antillas. Si lo miras en larga duración son las mismas rutas que los británicos abrieron en el siglo XIX. Por ejemplo, encuentras relación entre las bases antillanas donde los piratas llevaban el oro y contrabando con los paraísos fiscales, hay correlación entre el mercado asiático, las Guerras del Opio y los grupos de poder que surgieron de la ruta de la West Company, y aún más entre estos y los bancos que ahora mismo están acusados de lavar el dinero de las drogas HSBC y City Bank.

-“Europa” sigue siendo una suerte de paradigma/mantra no sólo para Hispanoamérica, sino también para España. “Europa” se asocia a “libertad”, “progreso”, “tolerancia” … ¿Cuál es su opinión sobre esta idealización?

Si, por supuesto, pero no es toda Europa, en nuestro caso después de la Independencia se giró la mirada hacia la Europa Septentrional, que representaba eso que dices del ideal de progreso. Nuestros gobiernos tuvieron un impulso casi enfermo por lograr atraer a estos países individuos que se decían eran física, moral e intelectualmente superiores a nosotros, tiene que ver con el positivismo racial desarrollado en el XIX en Francia, con las teorías eugenésicas y las evolucionistas de Darwin.

Si miras la legislación de los países suramericanos del XIX se ofrecieron tierras, recursos, créditos y pensiones para atraer colonias de inmigrantes, preferiblemente anglosajones o nórdicos. En unos países más que otros tuvieron gran éxito, el caso del Cono Sur, Brasil y México etc. La legislación nuestra también persiguió estos ideales de progreso y civilización, pero los nórdicos no vinieron en masa sino, mayoritariamente, de forma individual y solo por decenas.  

Estos individuos eran adorados casi como dioses civilizadores, pero en realidad todo esto tiene que ver con el proceso de desespañolización que vivieron estos territorios, desde fechas tempranas. Sus primeras manifestaciones tienen raíces en la inmoral e inhumana “Guerra a Muerte” a todos los españoles promulgada por Bolívar, que fue sin duda un genocidio.

Aunque en Colombia se intentó frenar estos excesos, pues los españoles habían sido parte de nuestras familias al absorber constantemente oleadas de peninsulares y la estrategia de integrarlos en las familias criollas para acceder al poder político, pues el económico ya lo tenían. Esto, como recordarás, por la limitación de los Borbones a la venta de cargos y la predilección de peninsulares en altos puestos, medida que se hizo no para excluir a los criollos, sino para evitar que estos, al tener el poder económico, dominaran todos los ámbitos de la política local. Sin embargo, la estrategia de los criollos siempre fue, por las vías del matrimonio católico, absorber a los peninsulares recién llegados, los nombrados en cargos y otros que podían aspirar a uno, y de esta forma poder detentar en su parentela tanto el poder político como el económico.

De manera que aquí se vio muy mal la política del caraqueño de eliminar a los españoles por el solo hecho de serlo, sin embargo, se cometieron muchas agresiones a la población y ejecuciones sin juicio por parte de las huestes de Bolívar, especialmente las que se resistieron. Más tarde se prohibió todo lo español y se comenzó a instalar la idea de que eran una raza decadente, despiadada, cruel, depredadora y asesina, es decir, es propaganda de guerra. Esto terminó calando en la población y la gente comenzó a sentir vergüenza de su pasado español, su origen mestizo y terminaron adoptando la nueva estrategia discursiva de creer que lo extranjero, anglosajón, francés o europeo era mejor pues representaba ese ideal de progreso. 

Seguidamente vino un país en ruinas que nunca se pudo recuperar del debacle económico de la guerra, de las imposiciones internacionales, de la deuda externa, de la neo-colonización europea y cuyas clases intelectuales y rectoras entreguistas, no desarrollaron un pensamiento crítico frente a los poderes hegemónicos y a la subordinación social, intelectual, política, moral y económica, que ponía a Europa en la cúspide del mundo civilizado. Acrecentando de esta forma los complejos y vergüenza sentida, porque no tuvimos quien nos diera ese valor y orgullo y al contrario nos reforzaron que éramos un país pobre, periférico, mestizo y descendiente de españoles. Ello sin ni siquiera detenerse a pensar que fue la subordinación a potencias extranjeras, la división internacional del trabajo (países de primer, segundo y tercer mundo, es decir: productores, consumidores y exportadores de materias primas,), las elites rentistas de nuestros recursos y las mismas políticas internacionales, las que crearon las condiciones necesarias para que pasáramos de ser parte de la primera potencia del mundo, el Imperio español, a países tercermundistas y productores de materias primas.

-¿Qué es para vd. la Hispanidad? ¿Cómo se puede desarrollar este concepto en la teoría y en la práctica? ¿Cuáles son a su juicio los lazos que más unen a los pueblos hispánicos?

La hispanidad para mí es la posibilidad de tener raíces, las mismas que nos han negado pues siempre me ha parecido una anomalía que desde la escuela te enseñen a despotricar de tu pasado y te conviertan en alguien vacío, sin raíces ni futuro por el hecho de ser hispano o haber nacido en Hispanoamérica. Sin duda somos un mercado de 500 millones de personas, unos territorios donde se vive con mucha intensidad y que tienen mucho futuro, de ahí la necesidad de volvernos a pensar como parte de una misma familia. No puede ser que en un mundo donde existen bloques de poder y mercados comunes, nosotros sigamos mirándonos con desconfianza.

-“Españoles de Cuba” tiene un leitmotiv: Reivindicar un cambio en la legislación española para que se reconozca la nacionalidad a los descendientes directos de españoles en América. Por ejemplo, cuando se firmó el Tratado de París en 1898, muchísimos españoles americanos fueron excluidos de su nacionalidad. Este agravio histórico podría subsanarse hoy con una Ley de descendientes como la que ya existe en algunos países de nuestro entorno (por ejemplo, la “ley de nietos” de Portugal o la “ley de bisnietos” de Italia).  ¿Qué opina vd. al respecto?

Me parece que sería una buena estrategia para empezar a unir aquellos lazos perdidos con países como Filipinas, Cuba y Puerto Rico, de más reciente separación que los nuestros. Pero además pienso que se debería extender a toda Hispanoamérica ya que una política como esta nos haría despertar y valorarnos como pueblos hermanos que en algún momento de su devenir histórico convergieron. En este momento en Colombia se ha hecho famosa una ley que pretende dar nacionalidad a los descendientes de sefardíes. Hay toda una maquinaria tratando de convencer a las personas que pueden sacar nacionalidad española haciéndose pasar como tales, para ello sacaron unas listas de apellidos donde al menos cabemos 300 millones de hispanoamericanos, pues son nuestros apellidos más comunes. Lo increíble de todo esto es que con solo pagar te sacan una genealogía que te conecta con supuestos orígenes sefardíes. Podría ser que de una vez se extendieran bajo el mismo mecanismo el reconocimiento a todos los hispanos y así muchos no tendrían que hacerse pasar por nada, ni cambiarse de religión y de costumbres.

-¿Cuáles cree vd. que serán los mayores desafíos que habremos de enfrentar los hispanos de cara al futuro?

Creo que se viene un momento dramático contra todo lo que queda del mundo hispánico. Esto se ve venir cuando en Estados Unidos y en Europa comienzan a destruir lo que representa la hispanidad, sus huellas y símbolos. Así mismo cuando los medios comienzan a hacer una gran guerra de propaganda y desacreditación. No nos extrañemos si comienzan a salir películas y series que muestren estereotipos negativos sobre nosotros. En el caso de Colombia son endémicas las narco-series que cambian valores por anti-valores. Pero la situación es más dramática aún, cuando de la nada y sin saber quién los financia, follow the money, aparecen movimientos indigenistas violentos que quieren la desaparición del contrario o secesión de territorios. Curiosamente las comunidades que son autóctonas y no necesitan un disfraz, no se prestan para estas cosas, pues sabe que eso conlleva a la confrontación y el caos. Estos movimientos han aparecido desde Argentina hasta Colombia, siendo en este último la situación más violenta y delicada por la presencia de grupos armados acostumbrados al ejercicio sistemático de la violencia y en coalición con lo que ellos llaman “todas las fuerzas sociales”.

-Muchísimas gracias por su tiempo, sr. Ricaurte. Para finalizar, ¿algún mensaje para nuestros lectores de ambas orillas?

Adelante con este proyecto que espero se extienda a toda Hispanoamérica y que algún día podamos restablecer las cosas tan maravillosas que gozábamos, un comercio que dio gran prosperidad a nuestros territorios, pero que ahora están empobrecidos y violentados, haciéndonos creer que siempre fuimos pobres y violentos. También que podamos construir una identidad cultural centenaria, un pasado, lengua y origen común, en fin, muchas cosas que hemos perdido y que podrían explicar lo que fuimos, somos y seremos.

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