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En el Sidatorium de Los Cocos, Manuel fue conejillo de Indias hasta su muerte

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Foto: Manuel, primero a la izquierda, en el cumpleaños de su hija en 1980 en La Habana

París, 24 de agosto de 2019.

Mi querida Ofelia:

«Manuel Guerra Hernández murió de SIDA, pueden ir a velarlo a la Funeraria Nacional de la calle Infanta», decía el telegrama que recibieron su esposa e hijas.

Al llegar a la funeraria, el ataúd estaba herméticamente cerrado, no se podía ver quien estaba dentro pues…. «podrían contaminarse los que lo vieran», dijeron los cuatro de la P.N.R. (Policía Nacional Revolucionaria), a sus hijas.

Al amanecer del día siguiente lo enterraron en una tumba colectiva del habanero Cementerio de Colón. ¿Era él el que estaba en ese ataúd? ¿Dónde están las pruebas?

A mi primo lo habían operado de los intestinos en el Hospital Hermanos Almejeira y, con una transfusión de sangre le inocularon el virus. Poco después, cuando le hicieron los análisis de sangre obligatorios, descubrieron que había sido contaminado. Como “premio” lo ingresaron en la Cárcel Sidatorium de “Los Cocos”. ¡Qué nombre tan tropical!, digno de un Hotel de Varadero.

Cuando mi padre logró visitarlo, él le dijo: «me han condenado a la cadena perpetua y no he cometido ningún delito». No lo dejaban llamar por teléfono ni escribir cartas.

En la última visita, le dijo a mi padre: «me siento muy débil, me están dando una nueva medicina que no sé cómo se llama, para ver si me curan». Pero esa » nueva medicina» fue en realidad la causante de su muerte. Él no había desarrollado aún la enfermedad, era sólo 0+.

Cuando lo encarcelaron en Los Cocos, denuncié aquí en Francia el caso en la prensa.

¿Se sentirán los «doctores» de la «Primera Potencia Médica» orgullosos de sus experiencias, realizadas utilizando a seres humanos como conejillos de India?

Algún día se sabrá toda la verdad y los «doctores» quizás tratarán de justificar lo injustificable declarando: «obedecíamos órdenes superiores».

Inolvidable primo: en este nuevo aniversario de tu asesinato, rezo por tu Alma y le pido a Dios que descanses en paz por la eternidad.

Un abrazo desde la Vieja Europa,

Félix José Hernández.

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