-Por Francisco Cambronero

Cuando el Estado decide que determinada realidad, la que sea: abortar, casarse, tener hijos, morir, es un derecho, lo que pretende no es ayudar a que el mundo sea un lugar mejor en el que vivir, sino socavar las instituciones intermedias que nos protegen de los abusos del propio Estado y, por ello mismo, hacernos menos libres. Que hasta los liberalios más conspicuos lo aplaudan es una prueba de su éxito. Del éxito del socialismo, claro.Dicho esto, no creo que nadie en sus cabales pueda estar a favor de impedir de cualquier manera que alguien que quiera morir, lo haga. Yo estoy en contra de llamar a tus deseos, derechos. Así, tú puedes querer morir, pero eso no significa que morir sea un derecho. Es absurdo.


Es más, la sociedades civilizadas llevan décadas luchando para cuidar a los enfermos terminales, deshauciados, etc., para darles una muerte digna, con cuidados paliativos, etc. Hasta ahora, la sociedad ponía el foco en ayudar a vivir, o –como mal menor– a que la muerte llegara sin sufrimiento. Por eso, creo que no hay mayor fracaso como sociedad que considerar algo tan terrible como es la muerte, un derecho, que es siempre positivo, bueno. La muerte no es buena, es una mierda. Es horrible.


En cualquier caso, si mañana me encuentro a alguien encaramado en lo alto de un puente, a punto de saltar, haré lo que siempre he creído que debo hacer: intentar impedírselo, aun a riesgo de que me denuncien por coaccionar su libertad… ¿Vosotros lo empujaríais, lo ayudaríais a ejercer su derecho…?

¿En serio?

¿Denunciaríais a los Servicios Sociales por impedir que sea libre?

Hmmmmmm

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