El Dr. Sánchez y el Dr. Antelo. Historias del II Frente del Escambray contra Batista, 1957 a 1958

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Foto: El Escambray, Cuba.

París, 3 de enero de 2021.

Querida Ofelia:

Nuestro viejo y querido amigo Miguel García me envió desde Miami este nuevo testimonio. Te ruego que lo hagas conocer allá en nuestra querida San Cristóbal de La Habana.

Forma parte de las historias ocurridas en el II Frente del Escambray, en los años 1957 y 1958. Todos ellas son verídicas, narradas por sus autores: Eloy Gutiérrez Menoyo, Miguel García Delgado, Roger Redondo, Dr, Armando Fleites, y Felipe Lema. Estas y otras pueden ser leídas en www.camajuani.net, sección biblioteca.

“Nuestra organización en los territorios liberados, desde Banao a la Mina Carlota, y desde Manicaragua a Trinidad…

Narración de Eloy Gutiérrez Menoyo.

Departamento dental.

El departamento dental, enmarcado dentro del organigrama del estado mayor civil fue otro de los grandes aciertos, dignos de encomio, aunque bien pudiera haber sido sancionado, como veremos más adelante. La unidad móvil, que le había sido asignada que ostentaba un rótulo con el siguiente texto; Dr. Antelo, departamento dental y en dicho jeep viajaba el doctor acompañado de su señora, que hacía la tarea de enfermera auxiliar y un ayudante encargado de conducir el vehículo y organizar el turno de los pacientes, la retaguardia con su eficiencia acostumbrada había suministrado todo lo necesario e imprescindibles, como para montar un centro asistencial de primer orden, fue una bendición para miles de campesinos y no es exageración el que se pudiera poner a su disposición este tipo de servicio tan imprescindible, que no hacían más que llegar a una zona e instalarse en el portal de cualquier vivienda, se veían obligados a realizar un trabajo intensivo, en el que no daban abasto para atender a tantos pacientes, algunos acudían con dientes y muelas podridas, sin que pudiera explicarte como habían podido soportar los dolores de aquella interminable tortura, ante aquella caótica situación el doctor Antelo, comunicó que se dedicaría principalmente a extracciones, comunicando por igual que trabajaría intensamente en todas las zonas, permaneciendo en cada una de ellas los días que fueran necesarios.

El “DR”. Antelo en su barrio de la ciudad de La Habana saludando a sus vecinos.

Al doctor Antelo, desde el primer día en que inició su trabajo, le dio por coleccionar todos los dientes y muelas que extraía y los iba guardando en unos envases de cristal que anteriormente habían contenido aceitunas, los campesinos formaban largas filas para ser atendidos y tan pronto salían con su problema resuelto hablaba maravillas del doctor Antelo y de su asistente, era impresionante el trabajo que realizaban y la dedicación con que lo hacían, jamás recibimos una queja, por parte de la población campesina, que pudiera cuestionar o poner en entredicho tan eficiente trabajo, pero lo más impresionante para mí y para todos aquellos que lo conocían, fue cuando después del triunfo insurreccional, una vez derrotada la dictadura, nos enteramos de que Antelo y su señora, estaban trabajando de inspectores en el aeropuerto de José Martí en La Habana y la razón para que aceptaran tal empleo era bien clara, ni Antelo era doctor ni dentista ni nada por el estilo, su experiencia en el ramo se limitaba al simple hecho, de que antes de alzarse y unirse en nuestras tropas, había permanecido cerca de un mes ayudando en la consulta de un dentista amigo de él.

Cuando le dijeron que yo me había enterado y que estaba molesto, con que él no hubiera dicho la verdad, se sintió según me dijeron algo avergonzado y se limitó a decir, bueno cuando lo vea dile que tiene razón, pero no se te olvide aclararle, que me siento orgulloso de haber podido prestar un servicio tan útil, y que hoy por hoy, no hay ningún dentista en Cuba, con la experiencia que yo tengo en extracciones y si no lo creen, que pasen por mi casa para que vean la cantidad de pomos de cristal que conservo lleno de dientes y muelas que hablan por sí solo, sin duda tuvo una osadía tremenda y una suerte increíble, inexplicablemente no es posible entender, cómo jamás se le presentó una complicación que pudiera agravar o acarrear trastornos en el paciente, así es que sopesando los pros y los contras y teniendo en cuenta el resultado positivo, solamente queda como recuerdo, dar gracias de que a pesar de la inexistencia de un título a todos sabido bien y no hubo la necesidad de sancionarlo, nadie sospechó de su autenticidad como dentista, sin embargo y es bueno traerlo a colación, ya que no fue el único caso.

El Dr. Sánchez

 Algo muy similar ocurrió con el supuesto Dr. Sánchez, cuya legitimidad se vio envuelta en un manto de duda desde el primer instante en que contactamos con él, nos habían hablado mucho acerca de su persona, lo describían como un hombre bondadoso por excelencia, dispuestos siempre atender a sus pacientes, sin exigir a cambio ningún tipo de remuneración, a no ser aquellos obsequios que con frecuencia le ofertaban pacientes agradecidos, consistentes en gallinas, huevos, viandas etc. Con lo cual el Dr. Sánchez, nunca carecía de lo más elemental para la subsistencia, cuando me hablaban de él tan encomiásticamente, yo pensaba que se trataba de un brujero, un falso sanador o algo por el estilo, en mi cabeza no cabía que fuera un doctor de verdad, sería el único caso no ya en el Escambray, sino en toda Cuba, en la que un médico consagra su carrera para ejercerla gratuitamente en una región tan apartada y en medio de las montañas, de ser cierto aquello sería un caso sin precedentes.

Sentíamos una verdadera comezón por conocerlo y despejar nuestras dudas referentes a su profesionalidad, la oportunidad no se hizo esperar y pronto nos encontrábamos el Doctor Armando Fleites y yo, estrechando la mano de aquel afamado personaje, que tan cortésmente nos recibía, su porte era tal y como nos lo habían descrito, un cincuentón de baja estatura y aspecto bonachón, muy sencillo y educado, se desvivió por mostrarnos su vieja y amplia casa de madera ubicada en una planicie a cuatro o cinco metros de altura junto al río y rodeada por todas partes por una frondosa vegetación, en su inmenso patio convivían armoniosamente cerdos, gallinas, cabras y un sinnúmero de animales domésticos.

El Dr. Sánchez vivía en solitario, y nos manifestó sentirse feliz y útil y en medio de aquella hermosa naturaleza, nos mostraba la casa, pero su diploma no aparecía colgado en ninguna de las paredes, luego nos enseñó una de las habitaciones que hacía las veces de almacén, todo en perfecto orden, y allí aparecían repisas, con abundantes y variados medicamentos, todos ellos facilitados como muestras gratis, por distintos laboratorios, nacionales y extranjeros, el comandante Fleites como médico, mantuvo con él un amplio intercambio de opiniones, relacionadas con las distintas enfermedades, medicamentos y tratamiento adecuado para cada caso, llegando inclusive a profundizar, sobre los últimos adelantos obtenidos en las distintas especialidades.

De regreso al campamento, se imponía la pregunta de rigor, Armando qué tú crees de esto, cuál es tu opinión, Fleites me contesto: –mulato, es muy estudioso y sabe mucho, pero me confesó en una parte con toda honestidad, que él no es más que un simple enfermero, y que la ilusión de toda su vida fue el poder servir en la zona que lo vio nacer, bueno. Armando si es tal y como dice es el mejor enfermero del mundo y no hay por qué descaracterizarlo ante los suyos, por todos los buenos servicios que ha prestado podemos seguirlo llamando doctor, a no ser que se haya refugiado aquí por haber asesinado a la mujer o cualquier otra barbaridad y sea un fugitivo de la justicia, no seas mal pensado, me dijo, atajando cualquier duda, y a modo de abogado defensor, el hombre tiene conocimientos y sabe lo que hace ».

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz bajo Toque de Queda a partir de las 8 p.m. causa de la pandemia del Coronavirus,

Félix José Hernández.

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