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El chavismo mágico

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El realismo mágico, más que un estilo literario, es la vida misma; especialmente en algunas partes del mundo.

García Márquez y tantos otros, en clave de este realismo mágico que mentamos, hicieron sus críticas sólo para lo que ellos entendieron por derecha; considerando que, por lo visto, la izquierda está libre de este pecado. Así, recuerdo cuando hace años le preguntaron al novelista mexicano Carlos Fuentes –en un programa de la televisión andaluza- si prefería a Fidel o a Pinochet, Fuentes respondió a favor de Fidel, “porque Fidel es más creativo”. El mismo escritor que insultaba la memoria de Hernán Cortés y la Conquista y que, asimismo, decía que lo poco bueno que trajeron los españoles era porque habían heredado la tolerancia de los moros… Se conoce que el novelista novelaba más de la cuenta, valga la redundancia.

No obstante, los hechos son muy tozudos, y así como la realidad supera la ficción, la izquierda se supera cada día en bestialidades de todo tipo. Valle-Inclán también se inspiró en determinados personajes también “a la derecha” para escribir “Tirano Banderas”; pero si ha habido un personaje que haya sido realismo mágico en estado puro, con el permiso de Fidel Castro, ése ha sido Hugo Chávez. El daño que ha hecho Chávez todavía está por contar. Podríamos extendernos bastante, pero hemos de tomar algo capital para comprender el asunto: Chávez ha sido quien, artificialmente revivió a ese cadáver hediondo que era el castrismo. Cuba ha aportado la praxis revolucionaria que Chávez, con los recursos de los venezolanos, ha querido extender por Bolivia y Ecuador, también apoyado por el Brasil de Lula y Dilma, y en plena sintonía con las corruptelas argentinas y peruanas (de los Kirchner a Humala). En su día intentó expandirse también por Paraguay, con Lugo, el obispo mujeriego (a la postre, expulsado por corrupto; como Dilma y Lula), y hasta por Honduras, a través de Manuel Zelaya, liberal de toda la vida y aficionado a los narco-corridos que de un día para otro un poco más y se pone la estrella roja en el sombrero.

Chávez, asimismo, supuso toda una carta de naturaleza logística, económica y política para los terroristas de las FARC y se inmiscuyó activamente en la política colombiana. Y hasta hoy con Maduro.

Y sin Chávez y sin el castrismo no se entendería el partido Podemos en España; algo que se lleva fraguando desde que Chávez llegó al poder.

Chávez, el golpista que fracasó dejando muertos en 1992 y que a los años, tomado el poder, hacía firmar a los trabajadores de las empresas venezolanas la adhesión a su revolución y si no los echaba; el mismo que copaba con sus histrionismos la televisión (llegando a contar sus cólicos y diarreas como si tal cosa)… El mismo que decía que “Cristo y Mahoma unidos en el grito libertario”… El mismo que se decía cristiano pero que practicaba la santería y era miembro de la masonería… Todo junto y revuelto.

Y bueno, son tantas cosas que podríamos añadir a esta tragicomedia que no daría para una novela, sino para una enciclopedia. Sin menospreciar, además, el papel influyente de la teología de la liberación.


Y es que al contrario de lo que creen algunos desinformados, que siempre buscan justificaciones facilonas para acomodar la burguesía de su romanticismo, el chavismo jamás ha guiado su movimiento para ayudar a los más desfavorecidos. Ese discurso de “los pobres” no es más que pura y cínica estrategia maquiavélica, sin diferir mucho del estilo de Pablo Escobar. En vez de “sembrar el petróleo” -como siempre defendió el intelectual Arturo Uslar Pietri-, lo malvendió o hasta lo regaló.

Venezuela, uno de los países potencialmente más ricos del mundo, no produce absolutamente nada, teniendo hasta que importar huevos. Venezuela está presa de la división y la violencia y hasta del hambre; “gobernada” desde el G2 cubano en connivencia con el Cartel de los Soles, los narcomilitares al servicio de Diosdado Cabello, quienes se van entendiendo como pueden con China, Rusia y hasta con el Hezbollah si hace falta.

Y Maduro continúa la magia. Según el criterio de este presidente seguidor del gurú Sai Baba, aún recordamos cuando dijo que Bergoglio fue elegido papa porque Chávez había hablado con Dios; o cuando Chávez se le apareció con forma de pajarito silbón… Utilizó, asimismo, a un personaje que físicamente se parecía a Chávez (aunque inflado con una bimba) para decirle a Venezuela que Chávez seguía viviendo… Y sigue con su racismo indigenista cuando en verdad de indio tiene muy poco, siendo su mezcla de negro y sefardí. Y sigue mezclando a Marx y Bolívar y a los babalaos y las cruces y el hinduismo y lo que venga bien.

La pesadilla de esta tiranía de magia negra sigue, matando de hambre y de injusticia, provocando una brutal diáspora venezolana; y buena parte de la dizque oposición no ha demostrado talento ni decisión para acabar con esto. Y con razón Alexander Solzhenitsyn decía en “El error de Occidente” que esto del comunismo no se trataba sólo de un conflicto político/militar; sino que el mal estaba en la autoridad moral conferida a estos sanguinarios esperpentos en el mundo autodenominado como desarrollado, debido al vacío intelectual y espiritual imperante. Todavía están recientes los panegíricos chavistas de Oliver Stone y Sean Penn, entre otros. Y eso por no hablar del apoyo social, mediático y hasta político que recibe el chavismo en España, aunque también en otros países europeos.

Por desgracia, el realismo mágico chavista no está muerto, sino de parranda; y aunque se murió el perro, no se acabó la rabia. La historia está todavía por contar, y sus consecuencias no las pagará sólo Venezuela.

Así las cosas, o diseñamos con pragmatismo y corazón una geoestrategia y una geopolítica hispana como Dios manda, o preparémonos para lo peor sin remedio.

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