Cuba, necesariamente cubana

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Todas las personas sabemos que ir de visita no es lo mismo que vivir en la monotonía de la casa

Y, a pesar de saberlo, a pesar de ser algo viejo, más que sobado, siempre está en candelero generación tras generación, excepción de aquellos pueblos indiferentes, amorfos, irresponsable, inconsecuentes, caso del pueblo español, que en las boberías de los poquemos, o en cuatro tradiciones emparejadas en capar toros, tirar cabras de campanarios, o ver quién llega más lejos soplando huesos de oliva, se centran y aprietan los valores patrios, que hacen entrar en el puro orgasmo de admiración a propios o a quienes nos visitan y se quedan prendados de nuestras hermosas y alegres costumbres.
Leo con interés y respeto lo que los colegas cuelgan en el Diario de la Marina, claramente unas opiniones vertidas de naturaleza anticastrista, y las leo  a pesar, o bajo la condición de ser, personalmente, un castrista convencido, porque nunca me ha convencido ni la libertad de Pinochet, ni la democracia gringa, ni la democracia europea, y mucho menos el zurrón de apaños que esta España, pía heredera del franquismo, donde las hostias las pagamos todos nosotros y luego no hinchan a ostias sociales, que apenas se ven cuando se está de visita en la casa española, pero que es una triste y amarga realidad; razón, probablemente que ha conducido a todo un pueblo, el español, a la apatía política, en la esperanza de que venga alguien y lo arregle mientras el resto está en el pajar, o galanteando con la María, o bebiendo a morro sobre botellas con etiquetas en extranjero.
El mero hecho de que un gobierno, aunque sea con la boca chica, ponga de manifiesto su antiimperialismo gringo o universal, y se preocupe por la educación infantil, caso concreto de la isla, pueblo y gobierno cubano, ya se lleva toda mi admiración y cariño, porque aquí, acá, envuelto en democracia y libertad de visita, en los extrarradios de la católica y pía ciudad que vivo, se pueden ver por docenas los niños en edad escolar dejados campear como perricos callejeros por las calles, mientras en los medios de comunicación de la zona te ofrecen las enormes ventajas de vivir bajo el clima de civilización, que acaba, con motivo de las grandezas libertarias de la moderna guerra de Siria, consolidar un lucrativo negocio de vender órganos humanos infantiles, o que en muchos casos, aunque ellos no lo sepan, el morir ahogados los tripulantes de las pateras que vienen hacia acá, sea un descanso y un logro para lo que les espera en este reino de mentiras, y, lo que es peor, de asesinos de manos blancas.
Cuba no es, ni nunca la será, el jardín del edén, pero tiene, su sistema político parterres donde los niños van limpios, están escolarizados, y su gente mayor se preocupa por el presente, el futuro y hasta por el pasado. En esta España donde no queda un rincón a donde no llegue la basura y la inmundicia social sin respeto alguno a los menores, prácticamente hay muy poca gente preocupada por el presente, el futuro, y, muchos menos por el pasado. Y están, en su dejadez política y social, convencidos, si alguna vez se paran a pensarlo -porque no es nada ni frecuente ni habitual-, que los sindicatos, la unión de las gentes, no son necesarios ni vale para nada, porque una radiante mañana se levantará el dueño y señor de los grandes almacenes, y ciudad por ciudad pueblo por pueblo, regalará un teléfono móvil, una tableta electrónica, un televisor plasma, y qué mayor libertad que eso.
En los EE.UU si no tienes cartilla sanitaria de una empresa de seguros, te mueres a la puerta de un hospital. En España estamos muy próximos, entre aplausos democráticos a lo mismo, o, a lo que ya está pasando que los recién operados los sacan desde el quirófano directamente a la calle, a que se mejoren en su casa, o que se vayan con dios sin son creyentes, y los que no, al carajo, según veredicto de una etapa social impensable hace tan solo unos diez años; pero a nadie le preocupa.
Nada es perfecto simplemente porque nos están faltando agallas a todos. Y lo que quiere el sistema que estemos como estamos: hablando, protestando o alabando pero sin poner soluciones tajantes a todo lo que está perfectamente a nuestro alcance, que no es culpa de los Castro ni de Cuba, y sí y mucho de las particularidades de cada cual a las que hemos llegado convencidos que otros nos solucionaran algo, que solo podemos solucionar nosotros.
Cuba lo puede solucionar siendo necesariamente cubana, y España lo puede a su vez solucionar, siendo necesariamente española.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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