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Cuba, el debate del artículo 68: ¿Homosexuales o no?

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Por: Jesus Díaz Loyola

La comunidad cristiana —protestantes o no— está irritadísima con el gobierno de Miguel Díaz-Canel, a raíz del artículo 68 del anteproyecto constitucional recién aprobado por el Parlamento Cubano, que permitirá sentar las bases para legalizar el matrimonio homosexual en igualdad de derechos que el llamado tradicional.

En esa línea de reacciones críticas, se muestran consternados con el tema devotas del cristianismo, incluso altos cargos de congregaciones protestantes del país.

La Iglesia y sus fieles sustentan uno de sus pilares fundamentales sobre la familia de siempre. Para los cristianos, este núcleo de convivencia sagrada —el del hombre y la mujer— tiene tanta trascendencia o quizás más que la propia educación religiosa. Sobre ella y sus valores se asientan principalmente los católicos en todo el mundo, y también los evangélicos protestantes.

Pero ocurre, que esta novedosa decisión del actual Gobierno cubano se adopta ahora para situar a Cuba en la vanguardia de países que legalizan el matrimonio homosexual y reconocer, por fin,  el derecho a la familia sin distinción de género y el deber del Estado de protegerlas y de no discriminarlas.

Dice un reverendo que me escribe y pide el anonimato, que “Dios mismo prohíbe la relación homosexual, así que eso si le ofende.” Debido a esa férrea carga de fe, la iglesia cubana y todos los creyentes en su conjunto, tendrán un trago amargo que digerir con el Gobierno de la isla.

Esta transformación social en la idiosincrasia cubana actual, no parece que vaya a tener marcha atrás al margen de consultas populares que no harán más que replantear su esencia.

Cuando haya concluido todo este proceso, la iglesia y sus creyentes tendrán que asumir la enmienda como lanza en el corazón de sus creencias más profundas y ancestrales. Prelados y fieles concluirán —ya lo pregonan— que la  reforma constitucional del artículo 68 va contra las leyes sagradas de Dios e identificarán el laicismo con enmiendas para ellos «aberrantes» como las que dan paso al matrimonio gay.

A falta de juicio, también se pronuncia una cristiana de afiliación Bautista, Yadira Mirabal, aludiendo que “formo parte de una generación cubana que fue formada bajo los valores éticos y morales enseñados por Fidel Castro durante mas de 50 años”, y deja entrever un nuevo modo de indignación castrocristiana cuando dice que “es impresionante ver como todavía el líder histórico de la Revolución no lleva dos años de fallecido y se levanta este proyecto traicionando los principios de la moral que él defendió toda su vida.”

Después de más de medio siglo —y muchos lo hemos vivido— con una comunidad cristiana renegando siempre de sus gobernantes, ahora —porque interesa—, se levantan como estandartes los conceptos del ostracismo oficialista que odiábamos desde que éramos párvulos en domingos de misa.

Todo el mundo recuerda en Cuba el episodio negro de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), a donde fueron enviados 30 mil cubanos a campos de trabajos forzosos —entre ellos muchos homosexuales— para ser “reeducados” al comienzo de la Revolución como una las primeras lecciones ejemplarizantes de las más abyectas de las satrapías que aterrizaba en América.

Lejos de cualquier debate la sorpresiva reforma oficialista es y debe ser aplaudida por su sentido renovador en un tema ya impropio del socialismo y que va en la esencia de respetar el derecho de amar a cualquier ser humano sin distinción. Pero sobre todo, sin sentir miedo, inhibición u obligación.

Sin llamarnos a engaño, la homosexualidad será siempre un problema, dentro y fuera de Cuba; tanto para quienes se sienten rechazados como para quienes discriminan y agreden por su incapacidad para comprender las diferencias.

La situación de la población gay en muchos países —mayormente musulmanes—, es hoy un embrollo de vida y hasta un delito: en 79 países la población homosexual es víctima de latigazos, prisión, deportación, multas, trabajos forzados y cadena perpetua. Esto no es deseable para Cuba.

En siete países —Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Irán, Mauritania, Somalia, Sudán del Sur y Yemen— se aplica la pena capital. En otros, como en Honduras o en México, los crímenes por homofobia son habituales.

¿Que queremos, entonces, para Cuba?

El matrimonio homosexual y la adopción de niños por parte de ellos es legal ya en 11 países: Argentina, Noruega, Suecia, Sudáfrica, Canadá, Islandia, Bélgica, Países Bajos, España, y en algunos estados de México y Estados Unidos también. ¿Por qué no en Cuba?

Atacar a la población homosexual es negar el derecho a libertades inalienables. Incluso, los asesinatos contra la población homosexual no son más que crímenes de lesa humanidad, de los que las autoridades —donde se cometen— son y serán siempre testigos y responsables.

Sorpresivamente en Cuba, una astuta enmienda que nunca suplantará todo el dolor de ayer, propone ahora modificar la Constitución para reconocer los matrimonios igualitarios y establecer como un derecho humano que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación alguna.

Es obvio que la Iglesia desde todas sus tendencias arremeta contra la iniciativa.

Muchos prelados, refrendan en textos oportunos por qué el cristianismo no aprueba la homosexualidad y el matrimonio gay. “Ser homosexual es una ‘desviación’ que necesita que se le ayude a corregirla, no que se le propicie a caer en ella”, sostienen algunos como argumento que solo nos remite a las tesis nacionalsocialistas de Hitler que pretendían acabar con homosexuales, judíos, gitanos, discapacitados y testigos de Jehová para mejorar la condición humana y enaltecer la raza aria.

A los creyentes y devotas les pregunto, ¿cuándo y cuántos se han indignado por la represión y encarcelamiento y hasta muerte en algunos países de seres humanos por el único hecho de ser homosexuales?, ¿y qué con los sacerdotes corruptos violadores de menores de edad? Cada día salta un caso nuevo. Eso sí es un cáncer que está devaluando la sociedad actual y el seno de la iglesia misma.

El papa Francisco sentenció, “Si una persona gay se acerca a Dios, ¿quién soy yo para criticar?”. Aún así, a la iglesia en su conjunto le falta más contundencia en la defensa de la población homosexual . Probablemente,  es en la iglesia donde más se ha practicado la homosexualidad.

El teólogo gay Krzysztof Charamsa fue despedido de la Santa Sede en octubre de 2015, en la víspera del Sínodo de La Familia. Una foto de Charamsa recostando la cabeza sobre la de su pareja motivó su destitución. A partir de entonces vive con su pareja. Y sigue siendo tan cristiano como el primer día.

Durante la celebración, en agosto de 2016, del festival de ocio gay Circuit en Barcelona, Charamsa participó en un diálogo interreligioso. “En el Vaticano”, explicaba Charamsa, “no hay interés por entender la homosexualidad”, y agregaba, “La Iglesia condenó a la homosexualidad sin ni siquiera intentar entenderla”.

En Barcelona, el teólogo cumple su apostolado escuchando a homosexuales que sufren. Sólo el papa Francisco podría cambiar la situación de millones de homosexuales en el mundo, y quizás, sólo quizás, un poco el tono de las críticas y los ataques injustificados de muchos medios. “Victimizar a la población gay en el siglo XXI retrata la insalubridad social, política y religiosa de nuestros tiempos”, ha dicho el profesor analista Arnoldo Kraus.

La homosexualidad no es un problema, pero la homofobia sí: es discriminación. Y ese es el problema de muchos creyentes que a base de prejuicios encarnizan más odio que cualquier otra cosa que diga el evangelio.

Hasta ahora, solo 63 países tienen legislaciones específicas que prohíben y persiguen la discriminación por razón de orientación sexual y solo en 22 se reconoce el matrimonio homosexual, grupo al que se han unido este año países tan avanzados como Finlandia.

De aprobarse la legalización del matrimonio homosexual en Cuba con la posibilidad, incluso, de adopción, permitirá que miles de familias formadas por personas del mismo sexo vivan con normalidad su vida. Pero ello no será óbice para que siga habiendo motivos de reivindicación, pues una legislación favorable y protectora como la que propugna el Parlamento de la isla, no impedirá que se produzcan intentos de discriminación o agresiones homófobas —ya las hay—. Serán las propias autoridades propulsoras de las reformas las que deban velar más por el cumplimiento efectivo del derecho hecho Ley y, sobre todo, por el respeto a la vida de los demás. (Jesús Díaz Loyola)

2011: El primer matrimonio gay en Cuba

Aunque este tipo de unión civil en Cuba aun no es legal, un hombre gay y una mujer transexual pudieron contraer matrimonio en la isla en el verano de 2011. Ante la ley Wendy Iriepa es ya una mujer. Este fue el

hecho que en 2011 condujo a las políticas del gobierno de la isla a suavizar mano con esta minoría. Desde principios del proceso revolucionario, muchas personas homosexuales eran despedidas de sus trabajos y enviadas a otros más forzados (recuérdense los campos de las UMAP), pues constituían una amenaza para la sociedad, según el Estado. El artículo 68 parece cambiar esos conceptos.

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