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Creo que seguiré leyendo hasta el final de mi tiempo

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Foto:  Uno de los cuatros libreros de mi biblioteca actual

París, 8 de julio de 2022.

Querida Ofelia,

Durante mi infancia en Camajuaní (1949-1959) leí fundamentalmente los “muñe”: Tarzán, Superman, Batman, El llanero solitario, etc. Al mudarnos hacia La Habana en febrero de 1959, con diez años descubrí La Biblioteca Juvenil de la Biblioteca Nacional y comencé por leer a: Jules Verne, Salgari, Dumas, etc. Pasé a la gran literatura en mi adolescencia: Víctor Hugo, Tolstoi, Proust, Cervantes, Lope de Vega, Unamuno, Dante, Petrarca, Boccaccio, Bronte, Thomas Mann, Tenessi Willyams, García Lorca, etc. También los grandes poetas como Miguel Hernández, Antonio Machado, Rafael Alberti, etc.

Leí mucha literatura latinoamericana: García Márquez, Vargas Llosa, Juan Rulfo, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, etc.

En los años setenta, gracias a mi trabajo como traductor y guía de italianos, pude leer en la lengua de Dante mucha literatura contemporánea, incluso la prohibida por el régimen como la de Boris Pasternak y Alexandre Soljenitsyne.

A partir de mi llegada a Francia en mayo de 1981 y hasta inicios de este 2022 he seguido leyendo literatura contemporánea y los grandes clásicos.

Durante años recibí novelas de las casas editoras francesas, para que escribiera críticas sobre ellas, pero renuncié hace un año a hacerlo, pues me veía obligado a veces a leer libros que no me interesaban en absoluto.

Pero como ya cumplí los 73 años, hace unos meses tomé la decisión de leer los libros que aunque forman parte de mi biblioteca, nunca había osado leer.

Comencé por Mi lucha (Mein Kampf) de Adolfo Hitler, publicado por primera vez en 1925, el que no posee ningún valor literario. Considero que se debería de estudiar en el último año de Bachillerato, para “vacunar” a los alumnos contra el racismo y enseñarles como una ideología tan abyecta pudo llevar al desastre a tantos países y causó la muerte de millones de personas: judíos, discapacitados, gitanos, homosexuales en los campos de concentración; y a muchos millones más con la destrucción de las ciudades como lo hace hogaño el ejército ruso en Ucrania.

El “Libro Rojo” de Mao Zedong, publicado en 1964 con citas y discursos del dictador chino, no me aportó nada nuevo, pues como viví 22 años bajo el yugo comunista cubano, hay muchas similitudes entre la demagogia y el populismo de Mao y las de Fidel Castro.

El «Tao te king» de Lao Tse, interesantísimo libro del tercer siglo antes de Cristo. Trata sobre una vida larga por medio de la virtud y lograr una muerte en paz. Esta filosofía china nos enseña el camino de la sabiduría y la paz interior. Se lo recomiendo a todos.

“El Príncipe” de Niccolò Machiavelli (siglo XVI), escrito en una lengua de gran calidad, es un tratado político del escritor florentino, sobre como convertirse en príncipe y lograr conservar el poder a cualquier precio. Lo que dio lugar al epíteto maquiavélico. Lo recomiendo.

“Justine o las desgracias de la virtud” del Marqués de Sade (1791). Es un libro pornográfico, donde se narran las torturas más abyectas, violaciones de menores, asesinatos diabólicos y un largo etc. A tal punto que a menudo tenía que cerrar el libro, pues no lograba terminar de leer la página. El placer de hacer sufrir a los demás de Sade dio lugar a lo que hoy día conocemos como sadismo. No se lo recomiendo a nadie.

“El Corán”, libro sagrado de los musulmanes, que me resultó sumamente interesante. En él aparecen con mucho respeto: Jesús (como profeta de Dios) y la Virgen María, Salomón, Noé, Adán, el arcángel Gabriel y muchos otros personajes de la Biblia. Al terminar de leerlo pude constatar como existen personas que sin leerlo tratan de argumentar basadas en falsedades. Lo recomiendo a todas las personas que tratan de comprender a esa gran religión monoteísta.

Todavía me quedan muchos por leer antes del final de mi tiempo.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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