Por: Carlos Cabrera Pérez

Veo unas fotos de la compañera Liz Cuesta Peraza, a la sazón primera Dama de Cuba, en un evento gourmet en un hotel de lujo en La Habana, cuando sus paisanos, carecen de muchas cosas elementales.

La compañera LCP debe ser agente de la CIA o ha montado los espíritus de Marta Fernández de Batista y Mary Tarrero de Prío, que se prodigaban en los desayunos escolares, entre otras fruslerías; mientras Guido García Inclán se desgañitaba en Bohemia con ¡arriba corazones!

Dalia Soto del Valle, que ahora todo el mundo critica como si la conociera de toda la vida, siempre mantuvo un perfil bajo excepto en ese espléndido aroma a Chanel con que inundaba el recinto donde entraba.

Vilma Espín, la entrañable Matrioska, también asumió los votos de pobreza aparencial.

Hoy hace 38 años murió Celia Sánchez Manduley, la que con los pobres quiso su suerte echar; madrina de tanta gente y de la escolta del Comandante en Jefe, al que un día en plena calle 11, le soltó quizá su mejor epitafio: tú sigue separándote del pueblo…

El capitalismo debe estar gozoso con Liz y sus desprecios a los marginados, incluidos los numerosos combatientes de la sierra y del llano que se están comiendo a Nicolás (no confundir con Maduro) en marcha atrás porque sus pensiones no le permiten asomarse a los hoteles donde se prodiga la consorte presidencial, bajo el paraguas de GAESA y sus socios extranjeros.

Para que luego algunos digan que en Cuba hay continuidad y no cambios.

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