Carlos Manuel, estornudando en el NYT

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Carlos Manuel Álvarez no escribirá mal, pero tampoco piensa muy bien, por lo menos en lo que respecta a la historia y la realidad de Cuba

Carlos Manuel Álvarez, el periodista estrella de ‘El Estornudo’ (a menos que se trate de otro Carlos Manuel, cosa que dudo), ya ha escrito su artículo para el ‘New York Times’ en español. El tema es Cuba; el asunto, la disidencia; la intención, decantarse por el cambio-fraude del neocastrismo raulista, siquiera sea veladamente.
A continuación echo mano al bisturí crítico, citando solo el último párrafo del artículo, el conclusivo, muy fácil de desmontar por su esquematismo y falta de solidez conceptual, para que no se me tenga por un viejo apriorista receloso de un astro juvenil en ascenso:
«Cuba necesita el milagro de una disidencia activa que nos coloque de nuevo en la modernidad y que quiera y sepa cómo salvar algo de lo poco bueno que queda: la salud y educación gratuita y universales, el laicismo de la sociedad, la seguridad ciudadana. Rubros que empeoran o se difuminan a pasos agigantados…».
Estas son mis objeciones:
1) Aunque Álvarez atenúe la idea afirmando que son «rubros que empeoran», le está dando crédito a la mitología castrista. Donde él sutilmente escribe ‘rubros’, como si se tratara de papas o calabazas, léase ‘conquistas revolucionarias’. No es por poner en su boca palabras que no haya dicho; es que queda muy claro, por implicitud, en el contexto discursivo.
2) La salud pública cubana no está empeorando o difuminándose; es hoy por hoy un desastre sin paliativos. Exceptuando las clínicas y otras instalaciones médicas para la alta dirigencia y el turismo de salud, todos los hospitales de la Isla (los que son para la atención del pueblo) se hallan en un estado absolutamente deplorable.
3) La educación cubana es pública pero no es gratuita. Aparte de ser financiada con recursos que por definición solo pertenecen al pueblo, mi generación y las siguientes han pagado un alto precio por esa cacareada conquista del socialismo. Los estudiantes de segunda enseñanza fuimos convertidos en peones agrícolas, primero mediante las escuelas AL campo y después con el internamiento en las ergástulas de las escuelas EN el campo, prácticamente en condiciones de semiesclavitud, por no hablar de la promiscuidad y el acoso sexual, entre otros graves problemas.
4) La enseñanza pública en Cuba, además de intolerantemente doctrinaria, ha sido durante casi seis décadas de una mala calidad en aspiral ascendente, especialmente a raíz de la ofensiva revolucionaria de 1968, cuando expulsaron masivamente a los profesores desafectos al régimen o simplemente no integrados en las organizaciones políticas o de masas. Hoy en día, es una calamidad en todos los órdenes.
5) Sobre el “laicismo de la sociedad” conviene aclarar que la República de Cuba, con todas las lacras que se le puedan señalar, fue absolutamente laica hasta el advenimiento del castrismo, sobre todo a partir de 1961, cuando se implantó el ateísmo obligatorio. ¿Confundirá el autor laicismo con ateísmo? ¿O creerá que la tan denostada república precastrista era un régimen teocrático en el que cada ciudadano estaba obligado a rezar cinco avemarías y un padrenuestro tres veces al día?
6) La “seguridad ciudadana”, que el autor propone conservar como si fuera un gran logro, es la misma que existía en las ciudades y aeropuertos soviéticos bajo el comunismo, si es que se refiere estrictamente a la criminalidad urbana (que por cierto se ha disparado en flecha durante la última década en las ciudades y pueblos cubanos). Pero, si se piensa en términos políticos, Cuba nunca fue un país más inseguro hasta después de 1959. Un país en el que pueden detener a cualquiera por cualquier motivo y sin darle ninguna explicación, o encarcelarlo durante años por el delito de opinar; un país donde golpean a las mujeres por manifestarse pacíficamente en la calle y acosan e incluso matan a opositores pacíficos…. ¿Cree de verdad el autor que la represión castrista garantiza la seguridad ciudadana? ¿No se dará cuenta de que esa supuesta tranquilidad viene de tranca, por recurrir a una gráfica expresión popular de antaño?
Carlos Manuel Álvarez no escribirá mal, pero tampoco piensa muy bien, por lo menos en lo que respecta a la historia y la realidad de Cuba. Sus estornudos me dan coriza. ¡Achís!

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