En sus sueños más dorados filibusteros, piratas, bucaneros, bandoleros de trabuco y camino, dormían en la esperanza, los piratas de la mar, en la ilusión de un puerto donde no pudiera entrar ningún barco a cañonearlos o pillarlos en paños menores dedicados por entero al descanso y a fornicar a todo lo que daba el remo.

Los bandoleros de trabuco y camino, soñaban con tener un lugar serrano, donde abundara la comida y la bebida, en el que no pudieran entrar “picoletos” a complicarle la existencia.

Pues bien, esos sueños que nunca se han dado en todo el mundo en el gremio de la granujería, se ha dado para los grandes y medianos capitales del mundo mundial, sin más pregunta del banco que en qué tipo de moneda lo quiere el dueño guardar y disponer.

El hecho de que el mundo sajón y del rezo disponga de próximo a los mil bancos (quizás haya rebasado ya con largueza el número, cantidad y facilidad) que en lo alto de sus tejados pueden izar el pabellón de granujas con licencia, nos puede dar una idea exacta de lo difícil que va a ser reconducir toda esta granujería estatal, que, hasta el momento, no existe coronavirus que acabe con ella.

Y los bancos y territorios paraísos son una granujería que amparan sotanas y coronas regias, y gobiernos que se intitulan como democráticos y modernos, que comparados con los piratas tradicionales que para hacerse con un botín, general y previamente se habían pegado una panzada de mar, e incluso beber agua salada, los piratas modernos, respetados y bendecidos, con una simple amenaza a cualquier gobierno de que va a cerrar el chiringuito, se ponen a temblar muchos grandes prohombres que nos están robando con toda impunidad y, exigiendo, encima, respeto y consideración.

En España, país que presume de moderno y de demócrata, al margen de consideraciones fiscales especiales muy sutilmente distribuidas en todas partes de su territorio, dispone de dos espacios territoriales, Andorra y Gibraltar, donde la historia más oscura de una España oscura, se oscurece a límites que sobresalen cualquier imaginación.

Aquí, en esta patria moderna, donde mucha gente se tapa con la bandera nacional, ningún partido político; ninguna unión de partidos, no solo es que no publica la lista de los grandes próceres patrios que están engrosando y defendiendo ladinamente la existencia de esos puertos para granujas, sino que existe como un acuerdo tácito entre políticos, de que algo tan letal para el bienestar de las gentes, no entre en la preocupación de los que se dan golpes de pecho de continuo, o de los que los simplemente lloran de emoción viendo los colores patrios.

Nosotros la gente, los que dicen las constituciones para regodeo y cachondeo mayor, que somos los pueblos el poder, y los políticos están a nuestro servicio, hemos caído tan bajo en nuestro envilecimiento social, que aceptamos algo, los paraísos fiscales, sin la dignidad de aquellas gentes navegantes que no le daban cuartel a los navíos piratas. O los paisanos de tierra, que hacían cuanto estaba en sus manos para evitar que los bandoleros merodearan por sus caminos.

Modernamente el sueño dorado de cualquier territorio, con o sin bandera reconocida, es lograr, para ser respetado socialmente, ser un compartimento estanco, seguro, donde puedan desembarcar sin temor alguno las abundantes tripulaciones de sinvergüenzas, y vivir con la cabeza muy alta de ser un espacio venerado por el dios que más poder tiene: el dinero.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

1 COMENTARIO

  1. YO

    Si yo fuera ahora
    suma de un tiempo vivido,
    y el gorrión,
    el hombre,
    la alameda,
    las horas quietas
    y las inquietas;
    si yo fuera eso
    y todo eso,
    podría darte
    a la mañana
    lo de la tarde,
    y a la tarde
    aquello que tiene
    de rabioso,
    de hermoso,
    la mañana.

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