Batista como escudo

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La Revolución Cubana (la que acabó triunfando en 1959, me refiero; y lo que queda…) sigue teniendo una aureola romántica que trasciende el raciocinio de derecha a izquierda. Ya lo advertía Solzhenitsyn en «El error de Occidente»: Esto no es una guerra de tanques; lo peor que hace Occidente es no contestar a esa especie de «superioridad moral» y captación cultural que el comunismo estaba haciendo a placer; y hasta hoy.

Comoquiera que la susodicha Revolución parece incontestable, si se señalan los excesos de una dictadura que ya va por los 60 años (recordemos a los dizque antifranquistas que su queja-fetiche duró 36..), siempre se utiliza la expresión:

-Es que Batista…

Batista como escudo, como excusa, como pretexto, como comodín. Batista como dictador sanguinario que justifica todo lo que vino después.

Sin embargo, gracias a mis conversaciones estos días con Ferrán Núñez, y recordando también a la escritora Zoé Valdés (ambos en el exilio, como tantos otros hijos de Cuba), podemos recordar que Batista fue presidente electo de Cuba de 1940 a 1944 y dictador de facto entre 1952 y 1959. Con Batista, por cierto, no estaban prohibidos los periódicos extranjeros, ni estaba restringido salir del país, y Cuba continuaba rivalizando con Argentina en ejemplo de desarrollo y renta per cápita para la América Hispana. Cuba, de hecho, seguía siendo foco de emigración española y española de corazón y hasta de sangre, pues más de la mitad de la isla lo era por sangre y el Centro Gallego y el Centro Asturiano de La Habana movían más dinero que los gringos; los cuales permitieron a los propietarios españoles que siguieran con sus cosas; y permitieron que los gobernantes cubanos fomentasen la emigración ibérica; más por miedo pragmático a un Haití redivivo que otra cosa. 

Otrosí, es difícil calificar ideológicamente a Batista desde nuestro sectarismo europeo; sin embargo, lo cierto es que era, cuanto menos, «populista», y hasta contó con colaboradores comunistas. Algo parecido a lo que fue en España la dictadura del general Primo de Rivera (que tenía vínculos familiares cubanos), que luego de contar el referido militar ibérico con liberales, conservadores o tradicionalistas, también contó con socialistas; concretamente con Largo Caballero como Consejero de la Presidencia. Luego, serían esos socialistas los primeros en apuntarse al carro de la «memoria histórica» contra aquel régimen español que duró de 1923 a 1930; expresión que no ha sido inventada hace poco. 

Y volvemos a Solzhenitsyn, pues cuando el genio ruso estuvo en España en 1976 (un año después de morir Franco) fue crucificado no ya por los comunistas -que por supuesto-, sino hasta por democristianos y liberales; y todo por expresar que en comparación con la URSS, en España la dictadura era, cuanto menos, muy poca cosa, pues se podían hacer fotocopias libremente, viajar por el país sin pedir permiso, comprar periódicos extranjeros y hasta se toleraban las huelgas (*). 

Desengañémonos de una vez: A los comunistas, Batista les importa un pito. Cuando pudieron, intentaron utilizarlo a su favor; cuando no, lo utilizaron en su contra. No se trata de justificarlo, hay que ser objetivo; y desde luego, la objetividad para con Batista deja con el culo al aire a los comunistas de salón. Y como no tienen ya argumentos luego de fracaso tras fracaso de un sistema que ya está equivocado desde la teoría (la práctica no es más que una consecuencia lógica), siempre necesitarán algún chivo expiatorio que será patrocinado por los burgueses europeos. Mientras tanto, con Batista como escudo, Cuba se sigue desangrando y pasando todo tipo de necesidades, mientras que el régimen castrista, con el G2 a la cabeza, sigue teniendo a Venezuela como base política y narcotraficante. Y los que se quejan de los 36 años de franquismo (¡y el franquismo se acabó hace 44 años, cuando el castrismo y el chavismo están vivos y coleando!) son los que vitorean los 60 años de castrismo; con un escudo de 7 años de Batista… ¿Es que se puede ser más hipócrita? 

Pero es que el problema no son sólo los comunistas, sino todos los que siguen haciéndole el caldo gordo a una historieta anti-Batista que en verdad no es más que un cínico embuste. Y en España, el romanticismo castrista no empezó con la izquierda, sino con Franco. La Revolución fue apoyada por tirios y troyanos; mientras que, sin embargo, Batista se exiliaba en nuestro Mediterráneo. Y hasta ahora, el realismo mágico no cesa. Puede que algún día, según las advertencias que nos lanzan los amigos cubanos y venezolanos, esto no sea tan novelístico y suframos las consecuencias de una vez por todas. 

(*)Véase: https://www.abc.es/historia/abci-solzhenitsyn-sobre-franquismo-si-gozasemos-urss-vuestras-libertades-quedariamos-boquiabiertos-201812110328_noticia.html

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