A media luz

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‘A media luz’ es el título del viejo tango cantado por Carlos Gardel y puesto de moda de nuevo en 1960 con la soberbia versión de Sarita Montiel en la película ‘Mi último tango’. De modo que ‘A media luz’, cuya letra describe “el pisito que puso Maple / piano, estera y velador”, es como se sabe un tango de culto por partida doble: gardeliano y montieliano a la vez, es decir, retro y vintage al mismo tiempo. Sin embargo, es menos conocida la categorización de algunos estudiosos de la historia del tango que lo consideran un narcotango precursor.
“Hay de todo en la casita /… / como en botica cocó”, dice la tercera y última estrofa del número, que detalla la atmósfera de “coctel y amor” que se respira en el segundo piso ascensor (o tercero escalera) del número 348 de la calle Corrientes, donde se hallaba el mítico bulín o casa de citas. Mas lo que en realidad quería decir es que allí nunca faltaba el polvo de cocaína (‘cocó’, en el argot porteño de entonces).
Valga aclarar que en la época gloriosa del tango, en los desquiciados años veinte — con sus percantas, otarios, bacanes, malevos y cafishos presentados sobre un fondo lloroso y milonguero de macho derrotado— la cocaína no era ilegal ni estaba prohibida, como sí lo estaba el opio. Hasta se vendía en la farmacia a modo de analgésico y antidepresivo, además de añadírsele a la Coca-Cola como estimulante adictivo, según cuenta el relato anti-Coke.
En Cuba, donde décadas atrás no escasearon los cultores del tango ni los imitadores de Gardel, al punto de que no era raro ver a algunos viejos tangueros pasearse por la calle con el pelo engominado y la bufanda enrollada al cuello según la estética altiva del look gardeliano, la expresión “como en botica cocó” era usada con total inocencia.
No creo que se reparase en el fondo transgresor y putañero del narcotango ‘A media luz’. Como tampoco interesaría mucho conocer quién rayos era el tal Maple que montó y amuebló la casa de citas. ¿A quién, por estos lares, le va a importar saber que ese era —y es— el nombre de una famosa firma centenaria de Buenos Aires, Maple Muebles, sita en la avenida Belgrano?
No deja de ser curioso que siga existiendo la misma mueblería, mientras que el puticlub de la calle Corrientes hace décadas que dejó de existir, aunque nos queda el tango que inmortalizó a ambos establecimientos. A media luz los dos.

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