-Por Gonzalo Alba Beteré

LA RAZÓN Y EL SENTIMIENTO


¿Cómo, a pesar de lo sucedido, hay un sólo español dispuesto a votar a Sánchez e Iglesias? Es totalmente ilógico votar a quien sistemáticamente engaña; a quien hasta en los momentos más críticos trabaja únicamente por salvar sus posaderas y no la de los españoles; a quien gobierna a base de ocurrencias; a quien nombra a allegados sin preparación; a quien critica a los ricos y se comporta como ellos; a quien con oscuras maneras trata de hacerse con el poder omnímodo; a quien engañan y desdeñan una y otra vez en los mercados y en los foros internacionales; a quienes, no nos olvidemos, siguen poniendo en peligro la unidad de España, favoreciendo a algunas zonas y olvidándose de los olvidados… ¿Cómo puede haber un sólo español que los vote?

Es sencillo. El sentimiento nubla la razón. La derecha trata de ser racional, e intenta hacer pensar a la masa. Sus argumentos son de una lógica aplastante: no hay gobierno de izquierdas en la historia que haya conseguido que una economía progrese; las bajadas de impuestos generan riqueza para el pais; o el estado no debe «hacer», sino «permitir hacer». Gran error. La masa, como la describía Ortega y Gasset, o la muchedumbre, como la describía Polibio 22 siglos antes, no piensa. No se le puede hacer PENSAR. Hay que hacerle SENTIR. Ante un sentimiento colectivo se mueven todos a una, como esos bandos de peces que de manera coordinada escapan de los peligros.

Y la izquierda gestiona así a la masa. Inoculan en el pueblo sentimientos de odio (Ley de Memoria histórica, alerta antifascista, traslado de los restos de Franco), de miedo (recordad el famoso video de los dóberman en el 96), de bondad y justicia social (papeles para todos, vosotros los que saltais la valla sois los mejores), de una mal entendida libertad (derecho a okupar, derecho a abortar, derecho al escrache), de tranquilidad económica (vais a tener una paguita sin trabajar, vamos a subir los impuestos a los ricos), etc…

Las personas «vacunadas» con estos sentimientos ya no responden a su lógica; ya su capacidad de raciocinio está lastrada por sus sentimientos. Del mismo modo que un hincha de fútbol jamás verá penalty de su equipo aunque su defensa le haya abierto la cabeza al delantero contrario. El sentimiento nubla la razón.

Una persona de izquierdas es muy difícil que vote a la derecha. Aunque seamos el primer pais del mundo en muertes reales por millón de habitantes, aunque seamos ejemplo mundial de mala gestión, aunque el gobierno mienta a troche y moche, aunque se destroce España. Les podrá el sentimiento, y como mucho se les podrá arrancar una abstención. Y más aún si, como decía De Gaulle, «la sangre se seca muy pronto».

La derecha tiene que aprender y asimilar estas lecciones. Menos PIB, menos números sobre deuda o desempleo, menos citas legales, y más hincapié en las emociones y sentimientos del pueblo. Las veces que se ha utilizado esta técnica han sido exitosas. Vox ha tenido una aparición estelar apelando a la épica, al sentido común, a los valores de la patria, a las libertades reales e individuales, al amor a las tradiciones, a la coherencia y honradez, a la firmeza frente al complejo, al orgullo como nación.

Sigamos por esa incipiente vía, moviendo y removiendo sentimientos positivos. No se trata de populismo, de promesas baratas e irrealizables. Se trata de quitar las vendas y ataduras que la izquierda ha puesto al pueblo para hacer que sienta y evitar que piense. Se trata de remover conciencias y que sean capaces de ver la realidad. Pero esto no es sólo aplicable a nuestros líderes o portavoces. Es aplicable a todos nosotros, en nuestras conversaciones o discusiones diarias, o en nuestras redes. No os digo que rehuyáis de los argumentos racionales, sino que para que estos tengan efecto, se ha de abrir la brecha de la sensibilidad en la gente, o si no, nunca verán el penalty.

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