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La rebelión de los «almendrones»

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Los taxistas de La Habana, en pie de guerra contra la bajada de tarifas. Los «boteros», conductores privados de coches de los años 50, desafían a las autoridades castristas con una protesta encubierta por la rebaja de precios en sus trayectos por la ciudad.

 
De ABC
A las habituales penurias que sufren los cubanos se suman estos días las dificultades para desplazarse por La Habana. Los conductores de los «almendrones», los destartalados taxis colectivos de los años 50, se han rebelado contra la decisión de las autoridades castristas de fijar unos precios máximos para los trayectos intermedios de sus itinerarios.
Como protesta ante una decisión que torpedea su fuente de ingresos, la mayoría de los «boteros», como se conoce a estos taxistas privados, solo aceptan ahora viajeros que realizan la ruta completa, con lo que dejan en la estacada a quienes pretenden hacer un recorrido más corto.
Ante las deficiencias del transporte público, los «almendrones» son el medio de transporte preferido por buena parte de los habaneros, pero desde que la pasada semana se empezaron a aplicar los nuevos límites y los «boteros» emprendieron su revuelta, los usuarios forman en vano largas colas ante los puntos donde solían detenerse los taxis con la esperanza de que los lleven a su destino, ya que la gran mayoría pasan de largo. «Querían que bajaran los precios, pero ha sido peor, porque ahora no paran», se queja a ABC una mujer desde La Habana.

 Hasta el pasado julio, los «boteros» cobraban según la oferta y la demanda. Entonces se impusieron unos topes para las carreras completas y los conductores, en una muestra del instinto de supervivencia cubana, siguieron fijando sus propias tarifas por tramos.

El pasado día 8 se limitaron también estos trayectos cortos, muchos de ellos a un máximo de cinco pesos cubanos, lo que equivale a menos de 20 céntimos de euro. Los «boteros» denuncian que, con estos precios y la subida de los carburantes, no les sale rentable prestar el servicio.
Si incumplen la nueva regulación, se exponen a perder su licencia e, incluso, al «decomiso» del coche, pero ese riesgo no ha impedido que planten cara. Sin un sindicato independiente que los agrupe, no se trata de una huelga oficial, pero sí una suerte de protesta colectiva.
«Si aceptamos esta medida, después vendrán otras peores», afirma el taxista Leo Ramírez a 14ymedio, un diario digital independiente. «Si la cosa sigue así y no echan para atrás la medida –añade–, voy a entregar la licencia».
El pulso entre taxistas y autoridades tiene como telón de fondo el agravamiento de la crisis económica en la isla –el régimen castrista reconoció una caída del PIB del 0,9% en 2016– y las tensiones por los tímidos pasos de la economía de mercado.
El pasado año se cerró con más de 535.000 trabajadores «no estatales», es decir, autónomos por cuenta propia que tratan de progresar con pequeños negocios.

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