Foto: Victoria a los tres días de nacida, en brazos de  su abuela paterna cubana Marta.

París, 18 de marzo de 2009.

Querida Victoria:

Tal vez algún día puedas leer esta carta.

Te escribo para felicitarte. Hace un mes, tu padre me llamó desde el hospital de maternidad para anunciarme que acababas de nacer. Me encontraba en casa, pues desde hacía tres semanas la universidad estaba en huelga.

¡Te felicito de todo corazón por la suerte que has tenido! Te darás cuenta cuando al crecer puedas percatarte de ello.

Eres el segundo fruto de una gran historia de amor franco cubana. Naciste sin ninguna dificultad. No hubo daños colaterales, como se dice hogaño, para ti ni para tu hermosa madre.

Tus padres son personas brillantes catedráticos y gozan de una excelente salud. Ellos desearon tu nacimiento, no viniste al mundo por casualidad.

Tendrás una doble cultura y serás bilingüe, como ya lo es tu hermanito Cristóbal.

El mundo hispánico y el francófono poseen una riqueza cultural e histórica extraordinaria. Las lenguas de Cervantes y de Molière son espléndidas.

Has nacido en la segunda década de este siglo XXI, en medio de una gran crisis económica mundial. Todo se está volviendo muy complicado, pero bueno … ¿En qué siglo no ha habido crisis, dramas y convulsiones sociales?

En la lejanísima Perla de las Antillas tus antepasados por línea paterna sobrevivieron a reconcentraciones campesinas, dictaduras, revoluciones y exilios. Te cito las palabras que tu hermanito me dijo hace sólo tres días: «¡Mi papá nació en Cuba, donde hay un hombre muy malo que se llama Castro!»

Tus antepasados por línea materna vivieron en las martirizadas tierras de Lorena, a lo largo de los siglos XIX y XX las Guerras Napoleónicas, y el drama incalculable de las dos Guerras Mundiales. Lo que me ha contado tu bisabuelo materno es escalofriante.

Te conocimos personalmente tres días después de venir al mundo. Exactamente el 21 de febrero, día en el que cumplí 60 años. ¡Nunca tuve un regalo de cumpleaños más bello!

Al verte sentí una gran emoción, como la que sentí el 25 de noviembre de 2006 cuando conocí a tu hermanito Cristóbal, con sólo cuatro días de nacido. Fue algo más profundo de lo que experimenté cuando en circunstancias muy similares conocí a tu padre, el 15 de septiembre de 1975, en el Hospital América Arias de San Cristóbal de La Habana.

Estabas dormida, vestida de rosado y envuelta con una bella frazada del mismo color, que te había comprado tu abuela en Barcelona a fines del año pasado, con un gorrito blanco para protegerte del frío. Aunque en la habitación había una buena temperatura, por la ventana se podía ver aún alguna nieve de las caídas en los días precedentes. Me hiciste recordar esos conos de helado de fresa con una gotita de merengue, que solemos comprar en «La Doce Sosta», la elegante heladería de la tirrénica isla italiana de Ischia, donde pasamos cada año excelentes vacaciones y a la que de seguro irás en el futuro. En esa isla, París y Miami, es donde más familia y amigos poseemos.

Pero de pronto, cuando abriste tus bellos ojos de color azul marino, vi que más bien parecías una flor: Una Rosa de Francia. Recordé la célebre canción compuesta en 1924 con solo quince años, por el que sería posteriormente el gran compositor cubano Rodrigo Prats. En ese danzón, se exalta la belleza de las mujeres francesas:

Una rosa de Francia

cuya suave fragancia

una tarde de mayo, su milagro me dio.

De mi jardín en calma

aún la llevo en el alma

como un rayo de sol.

Por sus pétalos blancos

es la rosa más linda y

hechicera que brinda

elegancia y olor.

Aquella rosa de Francia

cuya suave fragancia

una tarde de mayo

su milagro me dio.

Aquí tienes este hermoso Danzón  interpretado por el gran Barbarito Diez:

De todas las fotos que te saqué ese día, te envío ahora las dos que prefiero. También te envío la bendición papal que te traje desde El Vaticano en el mes de agosto y la estampa el Niño Jesús de Praga, con su oración al dorso, que traje para ti en octubre, desde la iglesia en donde se adora, en la bella capital checa.

Tú nos llamarás abuelo y abuela en castellano, como lo hace tu hermanito, pero nosotros… ¿Cómo te llamaremos? ¿Victoire o Victoria? Bueno, pues si tus padres te pusieron Victoire, así te llamaremos.

Junto a tu abuela Marta, doy de nuevo gracias a Dios por habernos hecho un espléndido regalo al darte la vida.

Tu hermanito se llama Cristóbal Aloys Amado y tú Victoire Marie Ofelia. Aloys y Marie fueron tus bisabuelos maternos, mientras que Amado y Ofelia, tus bisabuelos paternos. Estoy seguro de que ellos cuatro te protegerán junto a tu hermanito desde el cielo.

Rogamos a Dios para que te dé una larga vida llena de: paz, amor, serenidad, bienestar, salud y Libertad, en unión de Cristóbal, tus padres y demás seres queridos.

Siempre escribo Libertad con mayúscula, me es imposible utilizar la ele minúscula. Con el tiempo comprenderás por qué.

Nos volveremos a ver pronto. Un abrazo y besos cubanos para ti y tus padres.

Te quiere, tu abuelo cubano,

Félix José.

Nota bene: Esta crónica aparece en mi libro «Memorias de Exilio». 370 páginas. Les Éditions du Net, 2019.  ISBN: 978-2-312-06902-9https://www.amazon.fr/Memorias-exilio-F%C3%A9lix-Jos%C3%A9-Hern%C3%A1ndez/dp/2312069024

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