-Por Mar Mounier

Imagine que Ud. tiene una empresa en descalabro total. Con los números en rojo, con cero productividad o normas que evitan que esa productividad sea una realidad. Con trabajadores corruptos, etc. Ahora, imagine que Ud. convoca a una rueda de entrevistas para contratar  a un administrador para que con una buena gestión, pueda RESCATAR a su empresa DEL QUIEBRE. Entonces finalmente, se decide por contratar a uno que promete no solo ser eficaz y eficiente, sino que en un tiempo determinado, llevará a su empresa a ser una de las TOP en el mercado.


Ud., entusiasmado y muy optimista, le ofrece TODAS las facilidades y su entera confianza. Incluso, DESPIDE ARBITRARIAMENTE a parte del directorio que según el nuevo administrador, “no le hubiera permitido tomar decisiones”. El administrador-salvador se encarga que los nuevos miembros del directorio sean de su GUSTO y PREFERENCIA.

Pasan los meses, los años y su “íntegro” y muy capaz administrador no solo NO muestra resultados positivos sino que, EMPIEZA A CONTRATAR A gente que en las instalaciones de la empresa, publica ENCUESTAS sobre su “excelente trabajo”, emplea a otros de dudosa casta profesional/intelectual que postean VIVAS Y HURRAS por las paredes del recinto promocionando logros que NO EXISTEN y, si por alguna razón otros empleados advierten la realidad y la critican, son inmediatamente “neutralizados” a través de la difamación, la diatriba y si es posible, el despido. Pero la empresa, ¡ay! se sigue HUNDIENDO (y peor aún, Ud. descubre compras sobrevaloradas, venta de acciones fraudulentas, en fin, perlas varias).

Así las cosas, Ud. preocupado, llama al señor administrador a que le presente un informe sobre los resultados. Y este «gran profesional», de «virtuosa sindéresis», «impecable proceder» y sobre todo, «líder carismático entre sus adulones» -naturalmente, mantenidos con diligentes “propina$ de por medio- le responde muy mondo y lirondo: “estimado señor, es que YO NO VOY A TRABAJAR POR LO QUE OTROS NO HICIERON EN 20 AÑOS. Eso sí, siga creyendo en mi”.

Usted, su sentido común -y sobre todo SU BOLSILLO-, ¿que haría ante semejante muestra de LECHUGUISMO?

Ahora, te invito cordialmente a imaginar que esa empresa es tu país. Si no entiendes con este pequeño y didáctico ejemplo, considérate entre el grupete de empleados ciegos, sordos y mudos.

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