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Por una historia de mestizos ilustres

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*Imagen: Busto de Francisca Pizarro Yupanqui en el Palacio de la Conquista (Plaza Mayor de Trujillo, Extremadura). Fotografía realizada por Rocío Basauri

-Por Antonio Moreno Ruiz

Estuve hace poco en Trujillo (Cáceres, Extremadura) y me quedé admirado. De la Plaza Mayor a la alcazaba me quedé extasiado. Y centrándome en una plaza mayor que nada envidia a muchas capitales de provincia, me quedé extasiado ante el Palacio de la Conquista y el busto de Francisca Pizarro Yupanqui. La estatua de su padre, Francisco Pizarro, no es cosa baladí; no obstante, será que yo ya conocía su réplica en Lima (y por supuesto su tumba), que cuando vi aquel busto de mestiza ilustre sobresaliendo, me llené de emoción. Es una imagen que tenía presente a través de los libros, pero la realidad la superó.

Francisca Pizarro Yupanqui no es ninguna excepción. Martín Cortés (hijo de Hernán Cortés) y el Inca Garcilaso estuvieron en la Península y su nobleza de sangre fue reconocida a tal punto que estuvieron combatiendo a los moriscos en las Alpujarras. Y también debemos mentar al mestizo Francisco Fajardo, destacado venezolano que, como los ya nombrados, también fue arte y parte de la conquista y pacificación de una América Española que comenzó a articularse políticamente a través de grandes virreinatos (de la Nueva España al Perú) cuya composición interna radicaba en «ciudades-estado»,  según la terminología del ecuatoriano Francisco Núñez del Arco, o «repúblicas urbanas» según la terminología del español Tomás Pérez Vejo.

Algo se ha escrito sobre los lazos de las noblezas de Mesoamérica y los Andes con la nobleza castellana. Con todo, dentro de nuestra común, amplia y compleja historia, estaría muy bien una historia de mestizos ilustres como ariete de justicia historiográfica y vaso comunicante de pedagogía hispánica.  Si yo tuviera dinero, ergo tiempo, me pondría a ello, así como me pondría con una historia específica de conquistadores indios (desde los tlaxcaltecas hasta los chachapoyas) y una historia específica y exhaustiva de los muchos soldados, marinos, pobladores y conquistadores negros libres (Juan Garrido en México, Miguel Ruiz en Perú, Juan Valiente en Chile…) que también escribieron nuestra historia. No deja de ser curioso que ello incomodaría por igual a indigenistas y a nordicistas/»eurocentristas», pero bueno, allá unos y otros. Y a ver si me puedo poner algún día con este cometido. Si alguien decide patrocinarme, conste que yo no me opongo.

Con todo, algún día recitaré ante el busto de Doña Francisca estos versos de mi puño y letra (que siempre habrá pretextos para volver a Trujillo):

MATRIARCA DE LAS INDIAS

La hidalguía de la Corona de Castilla,
con el imperio de los incas se fundió,
brillando la cruz de Borgoña,
en los Andes con su magnífico sol.

Francisca Pizarro Yupanqui,
Trujillo inmortaliza tu icónico rostro,
pues si jaujina fue tu noble cuna,
mundos uniste con tu sangre como tesoro.

Cóndores y águilas para volar más alto,
justamente elogiada por Tirso de Molina,
historia, leyenda y arquetipo, ¡doña
Francisca, matriarca de las Indias!

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