-Por Antonio Moreno Ruiz

Como todo el mundo sabe, los andaluces somos moros. Es algo de cajón, tan de cajón como que los canarios son guanches, los gallegos y los asturianos son celtas, los vascos son una raza pura que nunca pactó con Roma, los catalanes fueron una nación independiente hasta la entrada de los Borbones y tuvieron como colonias a Valencia y las Baleares, y los comuneros eran marxistas. Y tan de cajón como que España nunca existió y los españoles nunca existimos pero España mató y violó a doscientos mil millones de indios; porque Colón era un progre catalán pero cuando llegó a América se convirtió en un fascista castellano.

Con todo y con eso, todos sabemos que los españoles no existimos, pero cuando existimos somos moros y judíos, pero luego, somos muy malos por haber expulsado a moros y judíos.

Pero bueno, que nos desviamos, es incuestionable y hay que aceptar como dogma de fe progresista (tal y como hacen desde el PP a Podemos, pasando siempre por el PSOE, en nombre de la laica divinidad del consenso) que el hecho diferencial andaluz es la identidad moruna. Porque como todo el mundo sabe, la lengua madre de los andaluces es el árabe. Elio Antonio de Lebrija fue un traidor al haber sido el primer gramático de la lengua castellana, una lengua de invasores impuesta a sangre y fuego y que siempre nos ha sido ajena, y que por supuesto, jamás los andaluces llevaron a América. Hablamos árabe puro, y tenemos mucha más influencia del árabe que del griego, y siempre nos entenderemos mejor con magrebíes que con griegos e italianos. ¡Dónde va a parar!

Y es que los moros jamás pasaron por Galicia ni por otras partes de la Península (menos todavía por la purísima Vasconia). Los moros estuvieron mucho más tiempo en Córdoba que en Valencia. ¡Pero qué digo! ¿Cómo van a estar los moros en Valencia, si sólo estuvieron en Andalucía?

Y además, el arte mudéjar es algo exclusivo de Andalucía, pues el mudéjar que pueda verse por La Mancha, Aragón o el Levante no existe. Y mudéjar y neomudéjar es lo mismo, porque además, los románticos del siglo XIX inspiraron a los más grandes sabios del siglo XX con eso de que los andaluces somos moros, verdad irrefutable e incontestable por los siglos de los siglos, amén.

Nuestra fuente de derecho es la sharia, y de ahí, pasamos a la iconoclastia de la escuela malikí. Por eso al andaluz le repugnan las imágenes. El andaluz es un musulmán tan consumado como purista, mezcla de sunní, wahabí y de todo lo que venga bien. Por eso la Semana Santa, aunque es de origen moro porque todo aquí es de origen moro, bueno, la Semana Santa está hecha para despistar… Aunque la vestimenta de los nazarenos y las mantillas también son de origen moro; igual que el jamón de Jabugo, que también está inventado para despistar, porque nosotros, cultos, lectores y rijosos islámicos presos de malvados castellanos, para despistar a nuestros amos, nos dio por la carne de cochino, que comemos con secreta repugnancia por las ofensas a aquel Allah al que aludía Blas Infante y Pérez de Vargas, padre de la patria al que votó el 100% del pueblo andaluz en su día, hombre que más sabía historia del mundo

La genética dice que el 99% de nuestra gente es de origen moro. No especificamos si africano u oriental, pero moro, seguro. Ah, y como moro y gitano es lo mismo, pues todo lo metemos en el mismo saco. Porque en Andalucía no hubo cultura hasta que no se juntó lo moro y lo gitano; lo que había antes era pura basura y menos mal que vinieron a civilizarnos. Y es que los gitanos, y en especial los gitanos andaluces, son una raza pura que jamás se mezcló con negros ni con castellanos. Y como son lo mismo que los moros, pues eso. Producto puro de esto es el flamenco, que como todo el mundo sabe, se canta en árabe y ninguna influencia tiene de América o de otras corrientes. Sabido es que Zyriab tocaba muy bien por soleares y que Al Hakem II bailaba por bulerías en Madinat al-Zahra. Lo que los gitanos tocaban en las fraguas y en las cuevas  era lo mismo. Lo demás no son sino impurezas; y esto es dicho por todos los entendidos, enterados y conocedores habidos y por haber. Porque no se puede opinar de flamenco si no se es gitano por la gracia de la autoridad de Demófilo, que como todo el mundo sabe, era moro y gitano puro, valga la redundancia.

Total, pero como somos descendientes de los malvados colonos castellanos, los auténticos andaluces están desde Marruecos al Golfo Pérsico; entonces, como moros que somos pero a su vez, malvados castellanos, tenemos que anexionarnos el Algarve y parte de Murcia y luego entregarlo todo junto y revuelto al imperio marroquí, que aquí mucho Sáhara libre pero todo al final es obedecer las órdenes de Marruecos y todo es compatible según el antojo ideológico de los cojones de turno.

Andalucía ha sido pobre desde que entró Fernando III el Santo; testimonio que indica José Cadalso en las “Cartas Marruecas”, un gaditano (y los carnavales, las chirigotas y todo eso, ¡también es de origen moro!) que escribía en castellano para disimular, como han hecho tantísimos escritores andaluces que, según convenga son moros puros, y según no convenga pues son malvados traidores. Pero aquí siempre hemos sido pobres por culpa de los castellanos que se llevaron la Casa de la Contratación a Burgos y no nos permitieron comerciar con América. El siglo XIX, en cambio, fue esplendoroso gracias a que los magníficos revolucionarios, liberales y demás sabios y visionarios que nada tuvieron que ver con Inglaterra nos hicieron ver el paraíso en la tierra. Aunque, eso sí, no llegaron al esplendor de más de tres décadas del PSOE aupado por IU. Y como los hay inteligentes en todos lados, el PP se queja del separatismo vasco o catalán pero celebra el nacionalismo gallego de Fraga a Feijoo y el 28 de febrero es el primero en ondear la bandera que mezclaba con tanta lógica elementos masones y musulmanes (¡si al final todo es lo mismo!), porque claro, “hijo, tú no te destaques, no te signifiques, no te vayan a llamar fascista”; táctica que en 40 años, ha dado unos resultados magníficos.

¡Y menos mal que a los andaluces se nos quitaron los cuarteles de Castilla y de León, símbolo que siempre consideramos oprobioso y en especial con la flor de lis, que ya mismo tenemos que arrancar de las hermandades y de los municipios!

Bueno, que lo de la cerveza, ya sea Cruzcampo, Alhambra, Alcázar y alguna otra más que se me escapa, también es moro. Como lo de las tapas. Y fue Almanzor el que construyó la Maestranza donde toreaba Abderramán III. Y es una blasfemia llamar “catedral” a la mezquita de Córdoba, que inventaron los musulmanes, y que jamás fue templo romano ni basílica de San Vicente ni tiene ruinas visigodas ni nada que se le parezca; porque, ¿cómo los musulmanes iban a construir encima de nada, si en Andalucía no hubo cultura hasta que nos la trajeron aquellos iluminados de raza pura y superior, que ninguna influencia trajeron de persas o bizantinos?

En definitiva: Quien ose cuestionar los dogmas de fe del arabismo andaluz (valga la redundancia) es fascista, misógino, racista, xenófobo y heteropatriarcal. Y conste que escribo en la malvada lengua del invasor Cervantes también para despistar.

P.D.: Por si acaso, para los cráneos privilegiados (que son capaces de abundar todavía más en la derecha que en la izquierda, que ya es decir…), un servidor escribe todo esto sarcásticamente…

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