¡Jao! Gran jefe si caca

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Ya lo creo que el gran jefe gringo cada vez la caga más

En las cosas letales y demenciales como son las guerras, lo realmente preocupante, la gran cagada continuada en lo que es el sistema: gringos-capital-rezo, la cosa es ya insoportable. Y ya, como cosa anecdótica, insignificante, han convertido los premios nobel de literatura en un pasatiempo y recordatorio de un tiempo que fue, y ya, como otras muchas cosas más, no existe, o está ridicularizado.
En España, el mito de las suecas se fue al carajo hace tiempo. Los incipientes gabinetes de psicólogos de por aquel entonces empezaron a atender pacientes españoles depresivos que esperaban duchados y con calzoncillos limpios la erótica invasión de las mujeres suecas, que iban a quitar el hambre atrasada de sexo que por culpa del  franquismo se padecía en una España de procesiones y novenas, actos religiosos que por cierto han vuelto, aunque, al parecer solo en lo de las procesiones y las novenas, porque los españoles no necesitan ya del mito sueco para nada, y si van al psicólogo es por lo contrario: porque hay tanta oferta que no saben dónde atender y repartir el cupo tanto masculino como femenino.
Dicen los cultos gringos, uno de los grandes imperios que están pasando por el planeta tierra sin que ni sus mandos sepan bien a cuantos países llegan sus efectos, supuesto que para la inmensa mayoría de todos ellos el mundo empieza y acaba en ellos mismos, en su propio mapa, dicen que le han dado el nobel de literatura (la palabra nobel procuraré en adelante no escribirla con mayúscula) a un cantante (como nunca lo he escuchado no se como se llama, lo mío son las rancheras, los tangos, las zambas, las galoperas, la cueca, etc. etc.) textualmente: «por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción»
Ahora va a resultar que a los que cantamos en la ducha, si en vez de llevar el puto pasaporte que llevamos, lleváramos el culto y tradicional americano del norte de un país enormemente viejo, inventor de la cremallera y el turrón, de freír los huevos, de enseñarnos la compleja técnica de masticar el chicle, a lo mejor cualquiera de nosotros podíamos ser el día de mañana premios nobel de literatura en la rama de ducha caliente o fría, según época.
Está claro que el sistema, como es el que manda, en un mundo que hace ya muchos años que perdió toda dignidad y uno por uno todos los eventos los ha llenado de esa carencia de dignidad, puede hacer lo que quiera con su dinero. Pero es de suponer que aunque ahora se pongan todos los medios de comunicación a una diciendo lo feliz y contentos que están los premios nobeles de literatura que estén vivos que hayan recibido con anterioridad el galardón ante el hecho de que se lo hayan dado a un tuerto en el mundo inculto de los ciegos gringos, que lo único que tienen sus mandamases son dineros depredados según su técnica de me vendes cómo yo quiera, o te hago un cerco económico, o te lio una guerra, seguro que a todos los galardonados anteriormente, digan lo que digan los medios, es como si les hubieran dado una patada en los genitales. Y es muy probable que si estuviera vivo el gran colombiano Garcia Márquez, a lo mejor le devolvía el galardón a los suecos, que, junto a sus suecas, han dejado ya hace muchos años de ser un mito en el campo democrático y les gusta más el dinero que al colegio episcopal español, que ya es decir.
Del mismo modo que se están cumpliendo con mayor celeridad de lo previsto por los científicos las consecuencias del calentamiento climático y la contaminación, los valores sociales, la dignidad; las pocas cosas que quedaban sobre la sociedad mundial con un cierto valor ético, ya a nadie, por mucha propaganda que se exhiban en orden contrario, salvo los que tienen que aplaudir porque les va en juego su pan y más cosas, nadie le pone el corazón y el sentimiento a lo que sin cuartel se ha convertido en una bufonada de los viejos prostáticos de siempre, los mismos que tiran las bombas y les gusta antes de dormir ver como se ahogan los refugiados en el mar, rescatan a niños bajos los escombros, eso sí, advirtiendo previamente en los telediarios que las imágenes “son muy duras” como único comentario punitivo del hecho asesino.
No más de siete son las personas galardonadas con el nobel literatura de gente con pasaporte al sur del Rio Bravo del Norte. Y claro está, como los cubanos son todos analfabetos en comparación con los cultos gringos, no se puede premiar a gente en extremo integra, y por eso no han recibido ninguno. Y es que, donde se ponga la gran cultura yanqui, que se quiten todos esos seres menores de islas y parte sur continental de aquel gran cuzco mundial que es el país que más se gasta en el mundo en armas; eso sí, para crear civilización, y que no sabe lo que es pasar un solo día sin estar en guerra con algún país de menor dimensión que la suya.
Y hablando de dimensiones, supuesto que los nobel son unos premios a la singularidad, a la excepción, al mérito personal en algo y hacia algo, y son claramente machistas, no estaría de más que se instaurara en primer lugar un premio a los que mejor cantan en la ducha, y, siguiendo en su tónica actual, premiar al individuo que la tenga más larga, y si siempre se lo llevan senegaleses o mauritanos, mala suerte. Pero no tenemos que preocuparnos, porque mientras esté en vigor el imperio gringo y sus falsificados y descontrolados dólares, siempre aparecerá un estadounidense que a nivel de documentos sellados supere en dimensión a todos.
Como hay un dicho verdadero circulando que dice que no hay mal que por bien no venga, lo que es para servidor, que algunas noches de borrachera soñó con que se acordaran de él y le dieran un nobel precisamente en literatura, desde este minuto manifiesto públicamente que por mi se lo pueden meter en el culo los suecos y sus patrocinadores los gringos.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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