El Sacro Imperio Español

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El clero ha presumido que Las Nuevas Leyes que se hicieron por el arduo trabajo de defensa del aborigen por parte de Bartolomé de Las Casas, pero no hay tal

El sevillano fray Bartolomé de Las Casas, juntamente con su compañero de hábito fray Rodrigo, natural de La Adrada, localidad próxima a Cebreros en la provincia actual de Ávila, está bien que apretaron todo lo que pudieron y más para que los aborígenes de Las Indias fueran cambiados de su condición de mercancías privadas, a públicas; pero, en ningún momento a ser seres, igualitarios al barbudo que llegó en plan de semidiós, o se quedó en la metrópolis esperando una remesa de esclavos para poder hacer con ellos o ellas todo lo que dentro su fantasía sexual fuera capaz.
Por tanto, resulta muy parcial y precipitado, muy de arrimar el ascua a la sardina propia, el decir que el fraile sevillano y su fiel acompañante avileño fue o fueron, el autor o los autores intelectuales de que don Carlos V, emperador (o lo que fuera) de parte de Alemania, de toda España, y un benefactor económico Vaticano, redactara las llamadas o conocidas como Leyes Nuevas en 1.542, atendiendo los requerimientos de los frailes, porque tal rotunda afirmación es gana de mantener la cátedra en propiedad y que no te manden al paro. Pero, como en mi caso no existe cátedra de por medio, puedo expresar mi opinión y aguantar el chaparrón.
Las dichas Nuevas Leyes que siempre el clero ha presumido que se hicieron por el arduo trabajo de defensa del aborigen por parte de Bartolomé de Las Casas. Una defensa, por otro lado, que solo fue un intento de cambiar el color cobrizo del esclavo indio, de menor paquete muscular que los poderosos cuerpos de las diferentes etnias de las gentes africanas, en la más pura realidad lo que se pretendía con respecto al aborigen, era que la propiedad privada de la totalidad de los indígenas por parte de los llamados conquistadores, pasara a ser pública del rey, con una erre marcada a fuego en la frente de cada individuo, a modo de documento de identidad. Y como rey y clero, tanto monta, monta tanto dios de por medios; pues eso.
Por tanto, el abundante gasto de tinta desde entonces hasta acá, no tiene más obediencia que ese intento vano por parte del clero vaticano de querer demostrar una y otra vez que es un estamento piadoso, humano, que defiende la libertad del individuo, que ama la paz, y que le preocupa mucho que un solo ser humano se acueste con la barriga vacía, cuando está en la realidad en el nadir de todo eso, y su egoísmo acaparador vanidoso y perverso, es causa de guerras y sufrimientos continuos y es uno de los más perniciosos inventos del hombre para la posible convivencia.
Las consideraciones sacro imperiales euroamericanas del que a base de plata y oro indiano fue coronado como emperador sin papeles de lo que al papado de Roma le vino bien, excepto, claro está, de los reinos terrenales de la propiedad papa-dios, fueron una de las muchas razones que llevaron a don Carlos, el quinto como rey en parte de algunas Alemanias, y primero por Las Españas de Castilla, a promulgar las llamadas o conocidas como Leyes Nuevas, porque con ellas en las manos y rigiendo,  el patrimonio real, la posesión de los nativos indianos, era una renta más a añadir a la corona, y a controlar por su socio el clero vaticano, evitándose así que los particulares llenaran sus fincas y chacras de indios sin que los párrocos y los conventos no campearan de lleno sobre ellos en exclusividad de dueños y amos.

Aquella Europa de los Valois, de los Tudor, de los Medicis y Farnesios, aquella Europa que era idéntica a la de ahora, pero camuflados con nombres de bancos

Aquella Europa de los Valois, de los Tudor, de los Medicis y Farnesios, aquella Europa que era idéntica a la de ahora, pero camuflados con nombres de bancos, donde todo pasaba por el Vaticano, hizo que los españoles, no su rey o sus reyes, se dejaran todos los pelos en el paso de una gatera de vanidades, que no solo tuvo consecuencia que lo que se denominó el siglo de las luces no pasara de los Pirineos para abajo, sino que cada español, al igual que hoy, se desangrara económicamente por mantener lo que de un modo grandilocuente se llamó la paz social del altar: algo tan efímero e irreal, como que es una bomba con retardo en espera de hacer explosión allí y cuando convenga, lo mismo en Honduras haciendo una revolución para la casa, como una buena guerra de destrucción y muerte masiva en oriente a nombre de cualquiera.

“Majestad, cerrar la boca que las moscas de Aragón son muy insolentes”.

Desde que el Vaticano le echó la pata al Imperio Romano y el hijo espiritual se comió en lo material a su engendrador, económicamente España, desde aquel entonces hasta ahora, es el más abundante en lo económico mecenas del gran silo acaparador de riquezas que es la sede central vaticana, de tal forma que, tanto si llueve como si truena, la católica España, en la realidad el único miembro activo en esos volúmenes económicos del Sacro Imperio Romano, año que pasa, al margen de los más de quince mil millones de euros que nos cuesta a todos los españoles pertenecer a tan magno imperio por la vía del gobierno central, hay que sumarles cantidades económicas exorbitantes que comunidad por comunidad, sin perdonar ni una de ellas, el clero ordeña para su vasija, esté como esté la economía de la zona.
Circula por Aragón en España una anécdota, que dice que un baturro de Calatayud en cierta ocasión, viendo que la disposición de la boca del emperador Carlos, con el número cinco en el lado de un lado, y primero en el otro a la hora de pagar con dinero que no era suyo, le impedía por defecto cerrarla, por tener la mandíbula inferior desencajada en relación a la superior, dijo aquello de “Majestad, cerrar la boca que las moscas de Aragón son muy insolentes”.
España tiene las mandíbulas desencajadas, no puede, al parecer cerrar la boca, pero ya va siendo hora de que de una manera o de otra el Sacro Imperio de Roma lo financien los que se sientan con vocación imperial.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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