Cuba, corazón aparte

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CUBA, CORAZÓN APARTE
Cuba fue el nombre mítico que se acunó allá por mi lejana infancia, como lugar de ensueño a pisar en el futuro maduro, que acompañó las nanas que mecieron mi cuna, si aquel franquismo involutivo, cruel para con la enseñanza y los enseñantes, permitió que tuviese una humilde cuna de madera, que creo que sí, aunque prestado por algún vecino.
Cuba, corazón aparte, le ha dado de comer durante muchos años a los malos administradores españoles que, como un jinete apocalíptico endémico de un siglo para el siguiente, casi de una generación para la siguiente, siempre nos han gobernado, acompañados con la rareza española, probablemente única en el mundo, donde los verdugos son vitoreados, aplaudidos por los que van camino del cadalso, en la creencia convencidos de que alguien vendrá de fuera que solucione sus males.
Se lleva esta esperanza en España de que vendrán de otro lado, de fuera, a solucionar lo que tenemos nosotros que solucionar por nosotros mismos, que es en extremo frecuente escuchar por el callejeo gente que dice que estaría muy bien que llegara una nave interplanetaria y que se bajara gente de otros mundos para solucionar el nuestro; el que tenemos hechos unos zorros donde la voz del marqués y sus latigueros retumba en los oídos de los que seguimos siendo jornaleros, y nos tienen tan engañados, que ni nos hemos creído, no tenemos conciencia cierta de que somos unos pobres jornaleros desconsiderados, y lo nuestro, por tanto, es seguir las consignas sagradas, o las sagradas metas a las que nos orientan los que parten de salida sintiendo una antipatía generalizada de casta superior hacia nosotros, que nuestra miseria, desde que el malévolo social inventó las religiones, les mola cantidad y los pone cómodos y hasta, probablemente cachondos.
Cuba no necesitó que llegaran gente de otro planeta para solucionarse su problema: cuña de la misma madera, gente de allí, se subió con todas las consecuencias a la Sierra, y logró algo social que no está logrado en el resto del mundo: la educación y la sanidad de toda una nación, luchando en contra de lo más poderoso y asqueroso que hay en el planeta: la mentira de las farmacéuticas, de las petroleras, de las armamentísticas, de las que vendes dioses y paraísos para el más allá, y todo el enjambre de palmeros que les hacen eco y las babean. Y, entre lo peligroso, no podemos dejar en el olvido el goteo constante de odio para que el cerco de todo, ejercido hacia Cuba por los bravucones gringos, se mantenga  vivo y coleando principalmente por los propios cubanos que viven fuera de la isla, y que no decaiga caiga quien caiga, aunque sean gentes inocentes, siguiendo un dramático espejo de aquellos cercos medievales que se les hacía a las ciudades cuando se quería conquistar, al precio que fuera, una plaza fortificada, en tiempos que hipócritamente se llaman tiempos bárbaros, no civilizados y educados como los de ahora.
En toda sociedad lo que vale es el conjunto total social, y Cuba, no es porque un servidor quiera hacer una anotación muy positiva respecto a su dignidad natural, a su política desarrollada, y al hecho real y palpable de que ningún otro pueblo ha tenido el pueblo y los directivos que tiene y ha tenido Cuba, sino que los hechos están ahí, y si se quiere entrar en particularidades privativas, el aparente inacabable tintero de este ordenador en el que escribo, a lo mejor se queda seco si empiezo a dar anotación de las injusticias, de las calamidades, de los abandonos sociales que existen en países que como España, gobiernan los buenos.
La incisiva propaganda global en lo que afecta al mundo que llamamos occidental, nos está diciendo que si queremos vestir elegantes tenemos que comprarnos la ropa en Francia, que si queremos ir bien perfumados y con la panza con la mejor comida del mundo, tendremos que recurrir a los franceses, y que, incluso, los artes de hacer el amor, vienen de la gracia de la dulce Francia; amén de un puñado de asuntos más. Pues bien, todo eso, y mucho más multiplicado por muchas veces, son las excelencias que tendríamos todos los mortales si el hiciéramos caso a los yanquis, que nos quieren, que nos aman, que quieren que vivamos en un mundo más justo, y, quiera uno o no quiera, semejante brutal propaganda, da su calado social y por eso se pueden ver obreros de jornal de miseria que en vez de levantar el brazo para vitorear al que está de su parte, lo bajan hacia el suelo con la esperanza de encontrar una piedra para lanzarla contra aquello que ni se para a pensar que si al sistema le molesta, es sencillamente porque le viene muy bien a la clase más necesitada del planeta.
Fidel Castro nunca ha sido querido por el sistema, nunca ha despertado ninguna sonrisa en las multinacionales, y hoy, esta noche, quiero darle mis gracias más profundas a su persona, y al digno pueblo cubano, del que siempre ha estado a su altura.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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