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Ante el Cataclismo

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José Gabriel Barrenechea.

¿De qué viviremos en este país los de abajo en unos meses? Nadie lo sabe, o sí, todos los que nos aglomeramos ansiosos en las colas, para conseguir acumular una pequeña reserva de alimentos, lo sabemos muy bien: del aire.

Porque es el hambre por venir, no el coronavirus, lo que en verdad no deja dormir a los cubanos de a pie, esos que no formamos parte del 1% privilegiado, que ahora se indigna ante la “irresponsabilidad” de quienes nos echamos cada día a la calle, a buscar que comer o a cargar cubos de agua.

La Economía Cubana no puede vivir autárquicamente. Los cubanos, por las características de nuestra Isla, por el número relativamente escaso de sus habitantes, así como por nuestro devenir histórico, sedimentado en nuestra cultura económica, necesitamos vivir de exportar unos pocos productos para a su vez importar todos los infinitos otros que necesitamos. Así fue durante la Colonia, durante el semi-Protectorado, durante la Republica, y durante las Tiranías que vinieron después del 10 de marzo de 1952, sobre todo durante la Monarquía Absolutista y Demagógica de Fidel Castro. Eso, o volver a los tiempos prehispánicos, a los tiempos de los guanajatabeyes y los taínos, como ya señalara en 1940 Ramiro Guerra, alguien para nada acusable de supuesta anti-cubanidad. Una afirmación que el devenir cubano a partir de la desaparición de la URSS ha demostrado por completo acertada.

Esta realidad nuestra, de necesitar un alto grado de complementariedad con otras economías, sin duda limita el grado de independencia que podemos llegar a tener en este mundo. Pero es la realidad, y empeñarse en ir contra ella conduce de manera ineluctable a la desaparición de los idealistas que tales sueños irrealistas promuevan. Cual ya advirtiera en 1900 Enrique José Varona.

Cuba no puede vivir más que de exportar, y lo de sustituir importaciones, por demás desde una mentalidad continuista que los satisfechos miembros del 1% se niegan a cambiar, a pesar de la evidencia que dice debe ser cambiada, no nos va ayudar cuando a los de abajo sólo nos quede el aire que respiramos. Porque lo cierto es que esta nación que necesita exportar y complementariedad económica se encuentra ahora con un mundo en que se cierran fronteras y rutas de comercio internacional.

La realidad que deben enfrentar los continuistas miembros del 1% es que en los últimos años habíamos malvivido en esencia de tres entradas: de la exportación de servicios de salud, de las remesas y del turismo. La última ha desaparecido por completo, y es muy probable que por los próximos años esa industria no se recupere a los niveles de 2019; la segunda, con la gran mayoría de los cubanos en EEUU viviendo de cheques de la Reserva Federal, con un futuro no muy esplendoroso para la economía americana en los meses y años inmediatos, con los cubanos de otras latitudes enfrentados a la imposibilidad de enviar dinero por las vías más asequibles, claramente experimentará un hundimiento que podría llegar a ser incluso mayor al 50%; la primera, que ya hacía aguas a partir de las sucesivas crisis venezolanas, ahora con aquel país privado de su única fuente de divisas nos deja con combustible en aquel país, pero sin dinero para pagar su transportación a Cuba.

O sea, el país, un país que sólo sabe y puede vivir de los flujos exteriores de divisas para pagar por lo mucho que no se produce, ni puede producirse aquí, ha quedado privado de fuentes de ingreso. Eso nos permite vaticinar, sin necesidad de un doctorado en Ciencias económicas, que estamos en el umbral de una Crisis aún más profunda que la de la década de los noventa. Y que si en los próximos dos meses no se consiguiera erradicar la epidemia el escenario llegaría a lo tremebundo, porque de persistir más allá el coronavirus actuará sobre una comunidad subalimentada, y en que las explosiones de desorden social se multiplicarán hasta concluir en una guerra civil caótica, y una casi segura intervención americana, para evitar el consecuente éxodo masivo.

Cuba, que ha vivido momentos dantescos en su pasado, en 1896-98, entre 1931 y 1935, entre 1968 y 1972, y por último entre 1989 y 1999, se aproxima de manera acelerada a un escenario mucho peor…

Frente a este escenario, ya inevitable, la Nación sólo tendrá alguna posibilidad de capear el monstruoso huracán que se nos encima si se levanta de inmediato el Embargo, y a un tiempo el régimen aceptará terminar con el Bloqueo a las Fuerzas productivas internas, y a los inversores en la agroindustria cubana.

Cuba necesita dinero ya, y si para ello hubiera que vender o devolver centrales, puertos, y lo poco que todavía queda en pie, debe hacerse. Lo único que debemos mantener intocado es la tierra, al respetar el principio de Manuel Sanguily de que en Cuba sólo los cubanos residentes en la Isla podemos poseerla.

Cuba necesita de una nueva Reforma Agraria, en que en parcelas no mayores de 30 caballerías se le entregue la tierra a todo el que demuestre estar en capacidad de hacerla producir. Cuba necesita volverse a la tierra, y abrirse a todo aquel que desee relocalizar sus industrias. Cuba necesita a todo aquel que en esta circunstancia sea capaz de vender un producto nuestro en cualquier lugar del Mundo.

Cuba necesita de una élite que sacrifique sus privilegios, económicos y de estatus, en bien de todos.

¿Que se amenaza así nuestra sagrada independencia? Tal vez, pero ahora hay más en juego: la propia existencia de muchos cubanos, incluso de entre el 1% mencionado.

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