Imagen: «Gudari» (soldado nacionalista vasco) en 1937

Si bien oficialmente se llamó «Partido Nacionalista Vasco» desde que fuera fundado por Sabino Arana a finales del XIX al alimón de tesis racistas (*) que había tenido ocasión de conocer en su estadía en Cataluña, en puridad, este partido más debiera conocerse como «Partido de los Negocios»; pues no en vano, siempre ha sido un partido de empresarios habilidosos e inescrupulosos que han logrado moverse muy bien desde España a Hispanoamérica, chupando del bote de donde hayan arribado.

La historia de este partido siempre ha sido delirante. Por ejemplo, podemos mentar la anglofilia destilada en una bandera inspirada en la Union Jack (que nunca fue la bandera de los vascos, sino la bandera de la sección vizcaína de este Partido de los Negocios) vivió el paroxismo cuando el fundador Arana felicitó a los Estados Unidos luego de éstos invadir Cuba. Empero, especialmente, desde la II República y la Guerra Civil española da para una astracanada o un esperpento: De estar empujados por sermones de curas locos e iletrados a aliarse con los más rabiosos anticlericales (el Frente Popular de jacobinos, marxistas, anarquistas y compañía); para ya en plena Guerra Civil correr como conejos frente a los carlistas a rendirse a los italianos de Mussolini, traicionando a la II República, y luego acabar como colaboradores de la CIA en su exilio angloamericano, para luego ir de democristianos y de amigos del Partido Comunista de España (los de la hoz y el martillo nunca parecen tener memoria histórica para estos casos); y eso sí, sacándole lo suyo a un sonriente Aznar para mayor desgracia de España.

¿Será eso que llaman «transversalidad»? 

«Curiosamente», los del PNV eran apodados los «nazis» tanto por los requetés como por los republicanos, y bien que les gustaba usar la esvástica, aun de diversos tipos. Con todo, parece que se “quedaron” con el lauburu, que lejos de ser una “esvástica vasca”, no es sino de cariz céltico y no fue utilizada históricamente sólo en territorio vascón, pues en Aragón es tan conocido como en Vasconia y es llamado “quatrefuellas”. Aparte, también hay lauburus en Jaén; llevados, eso sí, por soldados y repobladores vascos que ayudaron a vencer al islam. Y sin embargo, grandes personalidades del Partido de los Negocios insisten en que los celtas nunca llegaron a Vasconia y que los vascos nunca se involucraron con el resto de la Península…

Caso aparte es el –vano- intento de ocultación de la fascinación pronazi del PNV hasta la misma II Guerra Mundial. Lo que sigue siendo una incógnita para mí es como hagan lo que hagan, son apoyados por la izquierda desde los años 30, a pesar de sus muchísimas traiciones y cobardías.

Así las cosas, como supuestamente entre los siglos XIX y XX España representaba un “estado liberal”, el nacionalismo “vasco”, para llevar la contraria, asumía cierta retórica de “antiguo régimen” e invocaba el lema integrista “Jaungoikoa eta legezarra” (Dios y leyes viejas). Pero en el momento en el que el estado franquista se proclamó católico, y al alimón de la infiltración del marxismo en la iglesia católica (¡otra vez con curas locos a la cabeza!) nacía ETA al calor del dizque maoísmo. Y al final, un líder carismático del Partido Negocios Vascos, Javier Arzallus, que fue cura y jesuita para más señas (luego se buscó una señora rica), dijo que unos movían el árbol y otros recogían las nueces (lo primero lo hacía ETA y lo segundo su partido); y el Partido de los Negocios Vascos sabe mucho de dinero y de sangre. Y ahí sigue, beneficiándose de una ley electoral (la Ley D´Hondt) que hace ingobernable a España -presa siempre de este tipo de minorías oligárquicas- y promoviendo el odio a España mientras vive de los impuestos de todos los españoles. Y lo que nos queda, por desgracia…

(*)Sobre las tesis racistas de Sabino Arana publicamos en su día este enlace:

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