Cataluña: agresiones con agresiones se pagan

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Escuchar, ver o leer las “viruelas informativas españolas”; tomar partido ante una violencia desatada, provocada por intereses varios, ninguno de los cuales quiere resolver fácilmente el tema catalán, causa una tremenda tristeza sabiendo, conociendo, lo fácil que resulta entre españoles, así lo deja anotada la crónica de siempre, el despanzurrarnos entre nosotros mismos.

 Y si entre las “diferencias raciales” originadas por nacer de un lado o del otro de la lomera, de la rambla, o simplemente de una vía de tren, ya ocasiona el racismo local español, si le pones euros de por medio, o pavoneo y barrigueo, la vida, el ser humano, pasa a ocupar un lugar en la estantería nacional, en la que tan solo aparecen los lomos de los grandes títulos; en este caso de los títulos engañosos, de los engañeros que lo desean todo menos la convivencia pacífica en la pobre Península Ibérica, que, como país, plagadica de políticos corruptos, le cuesta mucho dinero, que no tiene, levantar cada día la persiana de país.

En un país, España, que según me cuentan, nunca he visitado por aquello del sarpullido personal en la piel un monasterio Dominico, en cuyos recintos todavía tienen colgados, exhibidos, en las salas de sus monasterios los nombres de los seres humanos ajusticiados por la injusticia de la inquisición. Asunto que está diciendo mucho y nada favorable a intentar que el realmente el hombre se deje de payasadas sarcásticas, y apueste decididamente por la paz, sin más adjetivos calificativos.

Un referéndum, salvo a la “politocracia” que lo controla todo lo español, dirigidos a pecho descubierto por intereses económicos de fuera de los Pirineos hacia arriba y de allende los mares hacia el poniente, en Cataluña, hubiera y sigue siendo, una fuente de paz determinativa, y no le causa ningún desgarrón, ninguna herida al resto del país, que siente su nacionalidad, el ser español, a su modo y manera, y siempre más ventajoso para el país que las doctrinas y los “consejos” con los que nos bombardean la “politicracia” que, encima, lleva el nivel de aceite del motor por debajo de lo que necesita un país para evolucionar y no comer de la pata del pulpo, nuestro caso cotidiano.

Que no quieran confundirnos con el asunto de las fronteras, que hace ya algunos siglos que la llamada y conocida clase social económica racimada bajo la denominación de Burguesía, están unidos en el dinero, sin entender de fronteras, solo de intereses económicos, constituyendo la peligrosa y letal Internacional Blanca, aunque ni en eso todos sus miembros con voz y voto tienen que ser necesariamente blancos de pellejo.

Por tanto, nosotros, el pueblo la gente, aunque tengamos que hacerlo con la nariz tapada, debemos de tomar el ejemplo de unión de la burguesía, y movernos tan solo en pos de nuestros intereses de gente de la calle. Y, dentro de nuestros intereses de gente de la calle, para nada entra el que nos estemos dando ostias entre nosotros, haciéndole el caldo gordo a una politicracia, que, encima, para nada representa los intereses generales del país.

Un país que se va a quedar igual si Cataluña se va o si se queda, siempre que ambas cosas, sean resultado de un referéndum democrático, donde lo haga el pueblo, lo controle el pueblo con sus interventores, y cuenten las papeletas de los resultados el pueblo, porque estos politicastros de caca seca que empujan en pos de sus bolsillos, desaparecen de inmediato y las ideas que nos dejan como santas y nobles, son los conceptos de raza y religión, cuando ellos no tienen más patria ni más dios que sus intereses particulares de bolsillo y vanidad de mando.

No quiero, y de hecho no lo estoy haciendo, contaminarme con los dichos y las imágenes de una Cataluña, que debe de ser y estar donde su gente catalana quiera estar, lo mismico que si los habitantes de la isla atlántica de Corisco, lo desean.Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

1 COMENTARIO

  1. EN LA ESPERA
    Sobre el barro
    prendido en tus galones
    general de los montes:
    guerrillero,
    hay heridas
    cortantes
    por blasones,
    de aquellos
    que cual tú
    malviven sin un fuero.
    Sobre el risco agreste
    allá en la loma,
    general de los montes:
    justiciero,
    silban vientos
    donde no vuelan
    palomas,
    porque brillan
    los brillos
    gris
    de los aceros.
    Y en la voz
    angustiada
    que te nombra,
    por el valle,
    por la choza,
    vuelan alas
    más arriba
    de las sombras
    esperando
    que algún día
    camine la justicia
    por las calles.
    Cuando dejes
    la gruta de la sierra,
    general de los montes:
    bien nacido,
    llévame por tu verso
    y tu arrogancia
    de no aceptar
    el llanto de una tierra
    que se hace pobre
    en razón
    a la ignorancia.

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