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Los malos que tiran del gatillo

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Aunque el tremendo bombardeo propagandístico que ya ha cumplido más un siglo, patrocinado y sufragado por las fuerzas del bien, advirtiendo de lo malo malísimos que son los que aprietan los gatillos, y lo bueno buenísimo que son los que les fabrican las armas y las municiones; insisto, aunque ya es prácticamente imposible dejar las cosas en su sitio en el llamado mundo occidental, no obstante mencionar que los malos malísimos son los fabricantes de armas y son los culpables de la maldad y la hipocresía de este perro mundo.

Generalmente, cuando no existen fabricantes de armas, aunque existan, porque han existido de toda la vida las yerbas, que menos medicinales son generadoras de las grandes fortunas de hace poco más de un siglo, al no haber gatillos ni munición, todos aquellos horribles momentos que ahora nos exhiben para alinearlos todavía más: los frecuentes y grandes horrores del tiro en la nuca, nunca dicen ni quién fue el fabricante del arma, ni quién el de la munición; y sí el nombre y encuadramiento del que aprieta el gatillo y dispara y mata fríamente.

Si no existiera el fusil ni la bala, habría que recurrir a las piedras; y, aunque hay piedras en casi todas partes, las piedras o los machetes, no tienen detrás de si el gran negocio que significa el fabricar armamento y después gastar un puñado de dinero en echarle la culpa y la brutalidad solamente al que aprieta el gatillo y mata fríamente.

La desinformación y la alineación, una poderosísima arma destructora de primera línea, ha logrado que los grandes hijos de la gran puta fabricantes de armas, sean los buenos buenísimos de la película, y ni se menciona el mercadeo de armas por droga o petróleo, u otros minerales que, al final se convierte en un santo dinero a venerar por los buenos buenísimos, generalmente también dueños de bancos ubicados en los llamados paraísos fiscales.

Por tanto, si los buenos buenísimos no existieran ni ellos ni sus fabulosos negocios que son las fábricas de armas, los aprieta-gatillos que nos presentan en la publicidad como gente horrible, o se tendrían que ir a tirar piedras, o lo más probable es que se dedicaran a lo que se ha dedicado mucha gente en los campos y en los corrales: a fornicar cabras, o a masturbarse si están aburridos.

Pero es tan poderoso el machaqueo constante de la mentira publicitaria, que, por ejemplo, jamás en la historia de los hombres se ha dado el poder organizativo y el ejemplo de responsabilidad colectiva que al comienzo de la llamada Segunda Mundial, dio el pueblo ruso que en menos de una año, como consecuencia de la bendecida invasión fascista alemana al territorio ruso, tuvieron que trasladar toda su industria y obreros, a más de mil quinientos kilómetros hacia el este de Euroasia, para que los alemanes y su bendecido fascismo, no se apoderaran de los recursos guerreros rusos.

Algo de esa compleja magnitud, que impidió que los bendecidos fascistas machacaran a todo el pueblo ruso, no solo es que jamás se ha glosado en la publicidad judeo-Usa, que controla el denominado mundo occidental, sino que, por el contrario, si han mencionado algo al respecto, de siempre lo han señalado como algo, que, para divertirse y joder a gran escala el dictador Stalin, se entretuvo, al mejor estilo Inca, en Perú del valle al altiplano, y del altiplano al valle. en trasvasar gentes, para el caso obreros rusos, que vivían en la Rusia del poniente, hacia las nuevas fabricas que, todas, superior a la media docena de miles de ellas como lugares de producción, antes de un año estaban de nuevo funcionando, y gracias a eso, ahora no hablamos todos alemán, y se esté imponiendo una lengua tan sosa y pobretona como el inglés.

La publicidad en las televisiones en relación a los alimentos y enseres, de tanta como existe se ha hecho odiosa y nadie, prácticamente la atiende. La publicidad engañosa de buenos y malos, va por la misma línea.

Salud y Felicidad sin covid. Juan Eladio Palmis.

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