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Ideas musicales hispánicas para el siglo XXI

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-Por Antonio Moreno Ruiz

Hablábamos hace poco de los Dropkick Murphys (1) y me quedé reflexionando acerca de lo muchísimo que nos ha postrado la dictadura (in)cultural progre y en lo poco que nos valoramos cuando tantísimo partido podríamos sacarnos en los vastísimos campos de los que somos protagonistas para con la historia universal.


Como decíamos, los Murphys tienen la habilidad de tener un formato atractivo, pues consiguen llegar al punto de fusionar ritmos como el punk/rock y el hardcore con el folk irlandés, teniendo el equilibrio de “subir” y “bajar”, pues al frenesí del punk/rock, le viene bien la calma de la gaita. Lo mismo te hacen bailar que te hacen pensar o te tocan el corazón con toques de melancolía. Lo mismo mezclan letras tradicionales que te sorprenden con originales.


En Estados Unidos, tanto lo irlandés como lo afro han marcado muchos patrones musicales.


Sin embargo, ahora se está rescatando parte de su herencia española y francesa, “olvidada” premeditadamente por determinados “destinos manifiestos”. Pero siempre hubo artistas que se dieron en cuenta y hasta Johnny Cash metió ritmos mexicanos.
A veces decimos que cómo pueden los gringos confundir la música mexicana con el flamenco… Y en verdad, no van tan mal encaminados, pues el rasgueo de guitarra y el ritmo de fandango antiguo es común en ambas orillas del Atlántico; siendo que ni el flamenco (2) ni las músicas criollas se explican sin mutuas y continuas interacciones de ida y vuelta.


Si bien es verdad que en España hay “diversidad folclórica”, no es menos cierto que hay patrones comunes que de hecho se comparten en América. Por toda la Península e islas adyacentes están extendidas las jotas y las seguidillas, así como el fandango antiguo.
Asimismo, con el tiempo se han hecho famosas las gaitas de Galicia y Asturias. Sin embargo, menos expansión han tenido las flautas agudas como la rociera (andaluza), la herreña (canaria) o el txistu (vasco). Y todavía menos un instrumento aerófono que en Andalucía se conoce como gaita gastoreña, entre Extremadura y Madrid como gaita serrana, y en Vasconia como alboka. La dulzaina tan típica en Valencia tampoco viene mal.


Y también me acuerdo de las castañuelas, acaso tendentes al desuso.


Los tamboriles, gracias a Dios, gozan de muy buena salud.


Y en cuanto a fusiones con músicas más modernas, el mundo hispánico tiene arte y parte, pues descendiente de los isleños de Luisiana era Joe Falcón, protagonista de la primera grabación de música cajún, así como también descendiente de isleños era Alcide Nunez, que estuvo presente en la primera grabación de jazz.


Las grandes músicas de Luisiana, acogidas al patrón del blues y del rock, tienen su conexión criolla/hispana.


Asimismo, ¿qué podemos decir del country en particular y del western en general? En Brasil tiene influencia de hace tiempo, en conexión con culturas como la sertaneja o la gaucha. Con todo, el grupo “La Frontera”, desde los 80, animó el panorama rockero español con su toque de country y no lo hizo nada mal. Esa cultura musical arraiga de un campo que forjó la Nueva España con esos soldados de élite conocidos como dragones de cuera, inspiradores de cowboys y policías montadas del Canadá. Todo lo que rodea a su mundo (3), sus artilugios, su indumentaria, su estética, al fin y al cabo, hasta el ganado (4) que utilizaban que aún campea por buena parte de los Estados Unidos, es de origen hispánico.


Ya hay experiencia de fusiones, y si bien músicas como el flamenco surgieron de fusiones paulatinas, en otro terreno podríamos citar la corriente del rock andaluz, que nada mal sonó “Triana”, como nunca sonarán mal “Alameda” o “Medina Azahara”.


A día de hoy, ya se ha hecho algo de música canaria con cajún (5).


Así las cosas, pienso que eso que el grupo “Espíritu de Lúgubre” llamaba “folk ficticio” es una solución perfectamente maleable y aplicable para nuestra riqueza musical que es capaz de unir mundos. Por ello, me atrevo a pronosticar que aquel que se atreva a fusionar los “ritmos rockeros” con los “ritmos folclóricos” y sea capaz de incorporar una estética que evoque a los dragones de cuera, ése partirá la pana. Si los Dropkick Murphys incorporan banjos, gaitas y acordeones con guitarras eléctricas, ¿por qué un grupo hispánico no podría mezclar flautas rocieras, dulzainas o tamboriles con una base de rock o de blues que no le es del todo ajena en sus raíces?


Si ello sucede, ruego que por acogerse a mi idea, por lo menos, tenga la deferencia de invitarme a alguno de sus conciertos, y si se escantilla, también a alguna que otra cerveza.

NOTAS

(1)Recuérdese:


(2)Sobre el flamenco, recuérdese:


(3)Véase:


(4)Recuérdese:


(5)Véase:

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