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Campanas y judíos

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Hay dos cosas, las campanas, algo tangible y sonoro: altivo; que cuelga en la alto más alto de todos los pueblos, y los judíos, una fe, una creencia, una manera de ser y actuar, que le han dado la vida al clero vaticano, y que si no existieran ambas cosas, no tendrían más remedio que inventarlas.

Los grandes alarifes de lo que se puede denominar como el sentimiento o el sueño de Pelayo, un rey Godo, no católico, en cuyos afanes no entraba ni por asomo, otra cosa que no fuera la paz de los Godos, los que consiguieron que una parte de los habitantes de la Península Pirenaica, o la Península Ibérica, empezaran a poder comer caliente en el invierno, fueron los administradores de las finanzas pertenecientes a la grey judía, que ya hay testimonios fehacientes más que suficientes que demuestran que mil años antes de la campana vaticana, ya estaba por aquí los Hebreos.

Y los hebreos no estaban por aquí, porque su propia denominación, lo de Hebreo signifique errante, emigrante, sino porque esta España del “Prestigie”, de los pre-cementerios para los viejos y que el dinero se marche a Francia o a Inglaterra, antes que detrás de la espada y la lanza romana, llegara la campana católica, fue una tierra ribereña mediterránea, que generaba y despertaba mucho más entusiasmo en sus entornos geográficos que el Benidorm actual donde el esclafarte contra el borde de una piscina tiene su encanto en una gente en abundancia estúpida.

Los Fenicios, nuestros verdaderos papis y mamis, que nos enseñaron a hablar y a escribir, fueron unos excelente marinos mediterráneos, que traían y llevaban cosas y gentes de una orilla a otra de este Mediterráneo, que los murcianos de hoy en día, con el paso de unos años vamos a contaminarlo entero, porque el coronavirus no será murciano, porque no somos gente de laboratorio y si y mucho de terraplén y aluvión con basura, pero, muertes aparte, nosotros solicos tenemos una mayor potencia destructiva planetaria mayor que el virus, y el que tenga duda, cuando pueda, que se de una vuelta por la tierra murciana, y analice el poder de sus “mentideros políticos”.
Desde esta altura de los tiempos, donde hay muchos objetivos ganados que ya ni merece la pena hablar de ellos, porque han sido muchos siglos de anuncios, de publicidad engañosa que ha cumplido su objetivo, y el que las campanas ocupen el lugar más alto en los pueblos, no tiene nada que ver con que así se escuchan mejor desde los campos del pueblo, ni nada por estilo, sino porque son unas banderas que no las moja la lluvia, y dicen claramente quien manda en la localidad.

Los judíos, por otra parte, gracias a ellos, España, no el concepto nacional que tenemos, inesperado, ahora de lo que es un país, sino que por encima de las comarcas naturales, se empezó a organizar la vida en razón de su saber organizar. Y algo así, para el que tiene las banderas, perdón, las campanas en lo alto, no lo podían admitir aunque tuvieran que pasar hambre todos en el pueblo menos ellos.

España nunca ha pagado bien a los que le hacen un bien; y lleva en un palmito a todos y cada uno de los que saben pregonar y posicionarse como salvadores patrios. Los judíos en España, fueron los autores de los hechos trascendentales para que los ibéricos entraran por el camino de la civilización. Y ante una realidad tan clara, meridiana y precisa, se necesitan, como se han necesitado, muchos años para darle la vuelta a esa realidad y que quede en la gente lo contrario.

Algo para lo que son en extremo mañosos los “mentideros políticos murcianos”.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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  1. CAMINO ADELANTE
    Por el camino adelante
    más allá del árbol
    donde cada año
    parece como si el mismo gorrión
    hiciera su nido.
    Por ese camino
    advertido por un duende
    estoy
    que nadie,
    nunca por nunca,
    se vendrá conmigo.
    Y yo, iluso,
    no dejo de insistir
    para que tu, zagala,
    lo dejes todo
    como dejé yo hace tiempo
    cualquier cosa que no fuera
    de tu era y de tu aroma.
    Y quiero que te vengas
    alegre y contenta
    sin maleta y sin nada
    conmigo adelante
    por donde no has caminado,
    seguro,
    nunca antes.

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