Visiones del apocalipsis en los centros culturales leoneses

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Ilustración:Mateo Charris. Revolución, 2002. Colección MUSAC. Depósito de la Colección de Arte Contemporáneo de la Junta de Castilla y León. (c) Mateo Charris. Cortesía: MUSAC

León, 19 de enero de 2021.

Querida Ofelia,

El historicismo más tradicional tiende a concebir la Historia como un proceso aditivo, como la suma de una sucesión de hechos, de “grandes acontecimientos” inevitables, que parecen regirse por sus propias normas. De esta manera, nuestro tiempo histórico vendría definido por una serie consecutiva de sucesos que han “cambiado el mundo” como hasta entonces era conocido o que han evidenciado que las estructuras previas estaban agotadas y era necesario un “salto hacia delante” desencadenando un nuevo paradigma sociocultural que inevitablemente modificaba el sistema estructural anterior.

Sin embargo, las distintas corrientes historiográficas que o bien surgieron o bien se afianzaron en los años 70 del siglo pasado llevaron a cabo una renovación en la concepción de la Historia. La posmodernidad rompe con el paradigma precedente y pone en duda la posibilidad de llegar a un conocimiento “fiable” del pasado (y de cualquier realidad), dado que la narración de los hechos, la fuente documental y los textos que han escrito la Historia, son producto de una ideología y una posición –la de los vencedores–.

Se comprende que los discursos tradicionales desde los cuales nos concebimos no son inocuos, sino que evidencian un orden cultural e ideológico que es el que construye nuestra percepción de la realidad. Aparecen así, una serie de corrientes que otorgan fuerza a otros relatos dando visibilidad y voz a los estudios de género y a los poscoloniales y raciales, haciendo un análisis multifocal de los hechos y procesos del pasado. Otras corrientes ahondan en la importancia de las representaciones para entender el hecho histórico, de tal manera que, a partir del estudio de la cultura popular y su legado visual y material, llegamos a comprender la experiencia histórica. Unidas a las anteriores, otras posturas reivindican la necesidad de presentar al individuo como una parte más de esas estructuras históricas. Por tanto, podría decirse que en los inicios de este siglo la historiografía es un crisol de corrientes y de metodologías que interactúan en la interpretación del pasado, pero conscientes, todas ellas, de que no hay un solo punto de vista ni un único narrador.

Partiendo de este planteamiento y tomando como punto de inflexión la sacudida que ha significado para todos nosotros la irrupción de la reciente pandemia, algunos museos e instituciones de la provincia de León desarrollamos un proyecto expositivo multisede para recordar aquellas otras situaciones que, para articular la narración y la “secuencia” de la historia, se han definido también como “puntos de inflexión” para indicar un cambio en una tendencia evolutiva.

Pero no lo hacemos aferrados a la nostalgia ni al temor ante la incertidumbre que suscita el tiempo futuro sino que lo afrontamos como una forma de reivindicar la historia, una vez más, como fuente de conocimiento y memoria.

En enero de 2020 la ilusión por los nuevos años 20 del prometedor siglo XXI quedaba truncada por la aparición de la covid-19 que hacía realidad nuestras pesadillas distópicas y mostraba la fragilidad de una civilización (o de una parte de ella) que se sentía más cerca de la colonización del espacio que de la peste negra. Una civilización con una sociedad del primer mundo orgullosa y confiada de su tecnología, de su bienestar, de su sistema económico y energético. Una sociedad cuyas estructuras de poder, en su empacho de progreso, habían vuelto la espalda a la desigualdad social, a la endémica existencia de “países en vías de desarrollo”, al paulatino agotamiento del planeta y que estaba olvidando el peligro de las actitudes autoritarias, del pensamiento único y de las falsas verdades. En definitiva, una sociedad con una fe sin fisuras en el mito del progreso, entendiendo éste como el proceso en el que inevitablemente tecnología, humanidad e historia avanzan juntos, siempre en línea recta y ascendente hacia algo “mejor” que lo anterior.

La covid por una parte, ha puesto de manifiesto nuestra eficiente capacidad de respuesta ante una amenaza de su magnitud: desarrollo de vacunas a una velocidad inusitada y con una gestión mundial de la pandemia que, pese a criticada, se ha mostrado resolutiva y eficaz. Pero, a la vez, ha recordado nuestra debilidad como especie, y ha evidenciado las grietas, debilidades y desigualdades de las súper-estructuras en las que nos asentamos como si estas grietas fueran condiciones inevitables para garantizar el bienestar del que algunos gozamos.

Como el virus apareció abruptamente, sin avisar, y se extendió veloz, e implacablemente, parecemos asistir a uno de esos grandes momentos históricos que venimos citando, a un salto en el continuum de la historia, pero un salto ¿hacía qué? ¿hacia dónde?

Obviamente es pronto para hacer un análisis sobre lo que estamos viviendo, necesitamos definir la distancia correcta con la que mirar lo ocurrido y así ser capaces de emitir un juicio crítico, pero, ya hoy, no faltan agoreros que vociferan sobre cambios de toda naturaleza, tomando así la delantera para diseñar nuestra realidad futura conforme a sus necesidades y deseos, o para asegurarse de que nada cambie lo suficiente como para perder sus privilegios.

Por ello, consideramos pertinente volver a la historia, una vez más, y observar y reflexionar sobre lo que ésta, desde distintos puntos de vista pero sobre los mismos hechos evolutivos y atendiendo a los “acontecimientos grandes y pequeños”, tiene que decirnos y qué podemos extraer de su conocimiento.

Podríamos decir que cada “tiempo de hoy” lleva sobre la espalda las ruinas del pasado y también está encinta del día de mañana. De ahí la importancia de reflexionar sobre el pasado para comprender nuestra realidad actual y así poder tomar las decisiones que nos permitan construir el mejor de los mañanas.

Esta visión del tiempo histórico tiene su correlato en las producciones materiales y visuales de cada época, que es el objeto de estudio de muchos de nosotros. Por ello, cada una de estas manifestaciones culturales ha de ser comprendida y analizada dentro del contexto de la sociedad y el momento en que fue creada y también recibida, es decir, debe ser comprendida dentro del sistema tanto del autor como del receptor, y es, precisamente por esto, por lo que todos los registros y productos culturales del pasado nos ayudan a comprender un momento histórico concreto y a verlo desde la dolorosa ambigüedad con la que Benjamin lo mira al señalar que “no hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie” en el sentido de que la historia se ha construido sobre la base de la imposición de unos sobre otros.

Fruto de todas estas consideraciones previas, presentamos este proyecto impulsado por el MUSAC , cuyo objetivo es articular una narración acerca de una parte o perspectiva del devenir de la humanidad partiendo de la idea de que desde el microrrelato y lo acontecido en un pequeño “lugar en el mundo” se puede llegar a comprender el pasado a una escala global, atendiendo a distintos puntos de vista, y que esta forma de comprender el pasado nos ayudará a tener un juicio más crítico sobre nuestro presente y más responsable sobre nuestro futuro.

También lo hacemos reivindicándonos no como plataformas de entretenimiento, sino como lugares que pretenden promover la reflexión y el diálogo. Lugares que, como señala Rancière, proponen un espacio y un tiempo en “suspensión” , en los que los usuarios interrumpen la normativización con la que están concebidos todos los aspectos de su vida. Acudir a este tipo de lugares debería de ser, en sí, una decisión de naturaleza política si, fuéramos capaces de disponer los medios y las maneras en las que todos pudiéramos reflexionar desde nuestro propio conocimiento y experiencia previa.

El título de este proyecto, El delirio de los caballos, alude a los cuatro jinetes que se describen en el Apocalipsis de San Juan según el cual cada uno montaba un caballo de un color: blanco el caballo atribuido a la conquista; rojo, atribuido a la guerra; negro, simbolizando el hambre y bayo, la muerte. Utilizamos esta simbología en el título por lo que tiene de lirismo, porque a éstos parecen limitarse los “grandes acontecimientos” que han sido tradicionalmente considerados como el motor de la historia, y también, por el peso de su tradición visual en la cultura occidental.

En función de lo expuesto anteriormente y haciendo una síntesis muy reduccionista marcada por nuestro sesgo occidental, por las historiografías predominantes en nuestro momento y, finalmente, por el contenido de nuestras colecciones, hemos seleccionado algunos de momentos históricos señalados tradicionalmente como aquellos que supusieron un cambio de paradigma cultural.

Las instituciones que participamos en este proyecto: Museo de León, Archivo Histórico Provincial León, la Universidad de León a través del Área de Actividades Culturales y el Museo de la Universidad de León, Instituto Leonés de Cultura, Museo Sierra Pambley, Ayuntamiento de León, Museo de los Pueblos Leoneses, Museo Romano de Astorga, Museo del Bierzo, Museo de la Energía de Ponferrada y MUSAC os invitamos a formar parte de este viaje a través del tiempo y de la conciencia del ser humano, en un momento en que nuestra movilidad geográfica se ha visto notablemente reducida y en la que la provincia ha sido durante muchos meses la única geografía que podíamos transitar.

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La mujer y el trabajo en la mina, el Bierzo y Laciana. Conferencia de Concepción Fernández Díez (Actividades museísticas. La Fábrica de Luz. Museo de la Energía Fundación Ciudad de la Energía).

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Un gran abrazo desde nuestra querida y culta España,

Félix José Hernández.

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