Por: Carlos Cabrera Pérez

Pues esa ristra de Mercedes Benz huyendo de la pobreza en Regla retrata la paradoja cubana: continuadores de la revolución de, por y para los humildes escapan de los pobres hartos de tanto desprecio.

El alarde y la fanfarronería son casi sustanciales a una parte de los cubanos, especialmente cuando se creen con poder, de ahí los saltos de los segurosos, pistola al riñón, a los microbuses rodando y el coro coreano de escoltas rodeando el Mercedes usado por el mandatario.

Son el mismo presidente y los mismos escoltas que el lunes caminaron por calles habaneras agitando banderitas y antorchas, dicen que en tributo a José Martí, aquel que con los pobres quiso su suerte echar.

Sería deseable que Díaz-Canel Bermúdez, el Buró Político del Partido Comunista y el generalato reflexionen sobre la debilidad sistémica de su andamiaje, que explica su cobardía.

A estas horas, debe haberse acentuado el forcejeo entre reformistas y duros en el seno del tardocastrismo, unidos por el miedo a la libertad y separados por la senda a seguir.

Lo tenéis fácil, paisanos. Busquen el discurso de Fidel en la ONU (1979), en el que dijo aquello de las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los analfabetos; pero no podrán matar el hambre, la enfermedad ni el analfabetismo.

La crisis que padece Cuba no es culpa del tardochavismo ni del bloqueo norteamericano; sino del miedo que paraliza a dinosaurios y cincuentones, tras constatar -una vez más- que Cuba siempre sale magullada de los intentos de suplantar su realidad con más dependencia extranjera, buscando vacas a las que ordeñar temporalmente.

La desaparición de la URSS, prevista con antelación por el propio Fidel, no sirvió de mucho; pues el mismo Fidel se abrazó a Chávez y congeló cualquier opción de reforma sensata.

El desperdicio del embullo Obama -otra vez el miedo- fue responsabilidad de Raúl, mal asesorado en la creencia de que Hillary Clinton ganaba y que ya habría tiempo para reformar.

Estimados mayimbes, ¿se han preguntado ustedes alguna vez cómo es posible que uno de los países de la región que más ha invertido en capital humano sea el tercer país más pobre de la zona?

¿Se han preguntado ustedes cómo es posible que los cubanos emigrados, trabajando con esfuerzo y honradez, logren rehacer sus vidas en playas extrañas y, además, ayuden a sus familias y amigos en la isla?

En paralelo, la blogosfera cubana padece de algunos sectarios de ambos lados, empeñados en seguir recreando espacios ficcionales en torno a La Habana y la isla que ya no aguantan más.

A ver, compañeros y gusañeros (mitad gusano, mitad compañero) el problema no está en criticar a Zenaida Romeu y a las integrantes de su Camerata por repartir algo de ayuda en Regla. Zenaida reaccionó con sensibilidad ante la desgracia que la rodea, no es una experta en escenografías de reparto.

Ya que sois tan agudos, compañeros, porqué no criticáis al ministro de Turismo que se ufana en twitter de que los hoteles habaneros no han sufrido daños y no es capaz de ordenar que se abran algunos para acoger a los cubanos que han quedado a la intemperie.

No se trata de abrir los más lujosos (que son poquísimos), sino hoteles de 3 y 2 estrellas que aliviarían el sufrimiento de cubanos que han quedado a la intemperie. En definitiva, la mayoría permanece vacío porque el turismo en Cuba padece los mismos males crónicos del sistema político.

¿Quién en su sano juicio va a ir a gastar su dinero en una ciudad marchita y oscura?, teniendo al lado a Cancún, Dominicana, Jamaica, Bahamas y Gran Caimán?

Critiquen al gobierno y al partido comunista por aprovecharse de la desgracia de Regla, Guanabacoa, Habana del Este, Cerro y Diez de Octubre para hacer campaña política por el sí a una constitución moribunda porque no refleja la realidad de Cuba y por vender la ayuda a los damnificados, critiquen al gobierno que paga salarios en una moneda devaluada 25 veces con respecto a la que creó para cobrar alimentos, ropas, aseo y medicamentos.

Del otro lado de la blogosfera, algunos emigrados llevan días confundiendo a las víctimas con los verdugos y tildando de carneros a sus empobrecidos hermanos; incluidos los que ayer o anteayer gritaban a Díaz-Canel.

Cuba está saturada de discursos con ditirambos emocionales de adhesión a causas temporales; que se explican por el dolor de muchos, pero que en ningún caso justifican atacar a las víctimas del castrismo y su epílogo.

Cuba está urgida de diálogo fecundo, de avance hacia una transición a la democracia, que vaya de la Ley a la Ley, y donde una palabra pese igual que su antónimo para que muchos cubanos no sigan habitando el pesimismo de que aquello no tiene arreglo, que es lo que persiguen los duros del inmovilismo.

Mientras llegamos a ese escenario de reconciliación con justicia, sigamos riéndonos y llorando de nuestra propia desgracia, que pasa por escenarios tan crueles como una anciana sosteniendo el número de lo que fue su casa y esos esforzados escoltas y personal de apoyo que reaccionan al estímulo del Walkie Talkie y se mueven chillando gomas y cerrando puertas con cristales calobares para que nada importune al Marqués de la Presa Minerva.

Por suerte, siempre nos quedará la música, que salva, como esa canción que entonaba Orestes Macías con Rumba Habana:

Vanidad

Sembramos de espinas el camino,
llenamos de penas el amor
y luego culpamos al destino,
de nuestro error.

(…)

Vanidad
Con las alas doradas
Yo pensaba reír
Y hoy me pongo a llorar…

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